Desafíos de la Izquierda I: Mover la línea media de la discusión política.

26 de Ene, 2014 | Por | 2 Comentarios

El amplio triunfo de Michelle Bachelet en la elección presidencial y la alta votación acumulada por los candidatos de centro-izquierda en la primera vuelta presidencial, así como el buen desempeño de los candidatos de la DC a la izquierda en las elecciones parlamentarias, abren una ventana de oportunidad inédita en la historia política reciente para poder implementar cambios que la sociedad chilena ha comenzado a demandar con fuerza, y que hasta hoy el sistema político ha sido incapaz de procesar. Durante estos cuatro años de un gobierno de derecha que ha resultado deficiente en su manejo político-institucional, han surgido con fuerza demandas por más inclusión, más equidad, y un rol más activo del estado en la provisión de condiciones de bienestar para todos. Son demandas que se han incubado durante años y que piden, entre otras cosas, una transformación radical de la forma en que el Estado se relaciona con los ciudadanos.

En muchos sectores de la izquierda, sin embargo, la elección de Michelle Bachelet genera apenas tímidas esperanzas de que alguna de estas demandas efectivamente se canalicen en transformaciones concretas en un plazo relativamente corto. En el actual escenario, es muy posible que a partir de marzo de 2014 La Moneda impulse reformas en educación, en temas tributarios, cambios al sistema electoral y un no tan largo etcétera. Pocos dan por hecho, sin embargo, que la forma que estas reformas finalmente tomen -en la ley y en su implementación- representen un cambio efectivo a las reglas de convivencia que hemos arrastrado desde la dictadura. En qué medida estas posibilidades de cambio profundo se materialicen en reformas efectivas será sujeto de debate y confrontación política. El regreso de Bachelet a La Moneda trae, así, dos desafíos mayores para quienes nos identificamos con las ideas de izquierda: cómo mover la línea media de la discusión de política y políticas públicas hacia la izquierda, y cómo sostener este cambio en el tiempo.

Respecto de lo primero, la pregunta hoy es cómo facilitar y ojalá asegurar que Bachelet cumpla, al menos, con los puntos a los que se ha comprometido explícitamente en su programa de gobierno. Lograr avances estructurales requerirá no sólo una disputa política mayor con la hoy debilitada Alianza de derecha, sino también una discusión frontal con los elementos más conservadores de la Nueva Mayoría, que son quienes finalmente pueden poner el principal freno a muchas de estas reformas. Las fuerzas conservadoras son importantes en el entorno de la Presidenta, ocupan cargos relevantes dentro de los partidos de la renovada Concertación, y hoy tienen alguna representación –menos de lo que se esperaba, afortunadamente– en el recién anunciado gabinete, además de la que ya tienen en el Congreso. ¿Cómo hacer, entonces?

Mi hipótesis es que, teniendo el corazón a la izquierda, Bachelet es ante todo una política de la mesura. Una vez que se ha convencido respecto de qué hacer en un área específica, avanza en sus políticas de manera decidida y políticamente efectiva, pero estos convencimientos rara vez la llevan muy a la izquierda (o a la derecha) de las ideas defendidas por sus aliados. La futura presidenta parece siempre buscar un camino intermedio entre las rutas que los actores con los que está sentada a la mesa buscan defender. Si esto es cierto –si Bachelet busca el terreno medio que logre niveles básicos de consenso entre sus aliados sin granjearse enemigos internos–, entonces la izquierda debe preocuparse de ser un actor visible y validado en las mesas de negociación donde se decidirán las condiciones bajo las cuales se ejecutará el programa de la Presidenta. Si en el entorno de la Presidenta sólo están los partidos de la Concertación, y Bachelet finalmente busca ubicarse en el terreno medio entre las visiones de Ignacio Walker y Osvaldo Andrade, la frustración será grande.

Parte del trabajo que la izquierda debe realizar para contribuir a la posibilidad de que el Programa de Bachelet efectivamente se implemente es, entonces, fortalecer un polo de discusión, de propuesta programática y de presión política que corra la “línea media” de la discusión decididamente a la izquierda respecto del primer mandato de Bachelet.

Para ello, será necesario alinear el discurso y las demandas de la izquierda en un apoyo leal pero firme a la Presidenta, que se canalice en el congreso, en la calle y en los espacios informales de la política de pasillos -el “circuito extra institucional del poder”, como decía Antonio Cortés-Terzi. En mi opinión, es en buena medida en esa capacidad de crítica constructiva desde la izquierda donde se jugará el éxito del próximo gobierno, dadas las altas expectativas de cambio que hay en la ciudadanía.

Los estudiantes abrieron la puerta para que Bachelet pudiese regresar con un programa de gobierno mucho más de izquierdas de lo que cualquiera habría esperado hace cuatro años. Puede que ese programa sea fruto de que los estudiantes forzaron una agenda más a la izquierda de lo que Bachelet hubiese querido. O puede ser que simplemente facilitaron las condiciones para “dejar que Bachelet sea Bachelet”. Da igual. Lo importante es que la futura Presidenta ha sido electa con una amplia mayoría, el programa está sobre la mesa, y es ahora tarea de la izquierda facilitar las condiciones políticas que le permitan llevarlo a cabo.

Generar estas condiciones requerirá, por parte de los líderes sociales y políticos de izquierdas, al menos tres cambios respecto del statu quo.

En primer lugar, aprovechar el momento político de forma efectiva requerirá que los dirigentes sociales se coordinen, de modo que la presión política desde la izquierda se articule en un discurso coherente. De lo contrario, una ciudadanía activa y volcada a la calle en múltiples demandas corre el riesgo de convertirse en mero ruido. Si ello ocurre, La Moneda podrá, con buena razón, escoger aquellas demandas políticamente más rentables o menos riesgosas, declarando que “se ha escuchado a la ciudadanía”, y desestimando aquellas demandas que no le acomoden. Forzar la discusión de demandas políticamente más complejas, logrando que la línea media de la discusión se mueva a la izquierda requerirá, entonces, generar convergencias en base a líneas programáticas específicas. En esto, la izquierda tiene toneladas que aprender de la dirigencia universitaria de los últimos tres años. Para lograr estas convergencias será necesario que los diversos actores de izquierda se sienten a trabajar en mesas comunes. Sin duda habrá entre ellos algunos dirigentes a quienes poco les importe el éxito del próximo gobierno y de los partidos de la ex-Concertación. Será necesario que éstos comprendan que sus intereses programáticos sólo avanzarán si La Moneda y la Presidenta están dispuestos a invertir capital político en ellos. Será necesario también que desde La Moneda vean en esta oposición de izquierda una oposición leal dispuesta a colaborar para que agendas particulares avancen y se concreten en cambios efectivos, aún si sus dirigentes están embarcados en proyectos políticos antagónicos en otras áreas. Los dirigentes que, estando fuera de la Nueva Mayoría, se consideren partidarios del gobierno, deberán jugar aquí un rol clave para tender puentes y generar las confianzas que permitan a los distintos actores sentarse a articular agendas comunes.

En segundo lugar, se requerirá que dirigentes sociales y otros actores políticos de izquierda asuman su liderazgo, poniendo de forma explícita sobre la mesa los criterios que esperan ver reflejados en la nueva política pública en áreas clave, y manteniendo una disposición de colaboración que les permita ser oídos desde La Moneda. En esta etapa no servirán las cartas al director ni los mensajes por la prensa. Hay que estar en la mesa, y hay que aportar con ideas y proponer un proyecto más allá de los titulares y los slogan. Más que obligar al gobierno a cumplir, hay que convencer a sus autoridades con ideas claras y con un proyecto de transformación que incluya al estado, la sociedad civil y las empresas. La izquierda debe, en otras palabras, ser una alternativa de desarrollo, para lo cual debe superar la tendencia a disgregarse en un conglomerado de grupos de interés, por válido que estos intereses puedan ser. La dirigencia social y política debe proponer y exigir con estándares claros, y con planes concretos en la mano.

El tercer desafío corresponde a la segunda pregunta que la elección de Bachelet abre para la izquierda, y es aún más importante: ¿Cómo hacemos para sostener estos cambios más allá de 2018, una vez que Bachelet deje el poder? Los actuales niveles de rechazo a los partidos y políticos de la coalición de la Presidenta son una señal de alerta, pues ponen en duda la sustentabilidad de los cambios que puedan llegar a implementarse en estos cuatro años. El desplome electoral de la derecha -que volverá, más temprano que tarde, renovada y revitalizada- no debiese hacernos perder de vista el hecho de que generar los liderazgos que puedan sostener el proceso de cambio más allá del ciclo de vida política de Bachelet requerirá mucho, mucho trabajo. Ese trabajo debe comenzar ahora (y ya estamos atrasados) y debe hacerse con -y no contra- la dirigencia política alojada en La Moneda.

En una próxima columna desarrollaré algunos elementos que pueden aportar a la discusión respecto de cómo articular una alternativa de izquierdas de largo aliento. Por lo pronto, la dirigencia social y política de izquierda tiene bastante trabajo en el corto plazo. La ventana de oportunidad está abierta. Para aprovecharla las izquierdas tiene que aprender a conversar entre sí y a hablar hacia el centro político, confiando en la posibilidad de generar encuentros en la diferencia.

2 Comentarios

  • Ojala que logre una reforma real, para mi la clave para ver el compromiso real de Bachelet en esta transformacion no es la reforma educativa sino la tributaria.

  • […] dada la centralidad de la figura de Bachelet en esta nueva configuración. Como he planteado en la primera parte de esta serie de dos columnas, esta nueva presidencia de Bachelet plantea a la izquierda el desafíos de corto plazo de facilitar […]

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