Réquiem para un aborto

31 de Jul, 2013 | Por | 3 Comentarios

Por Ximena Bravo Pou. Periodista. 

El revuelo que generó en la opinión pública y los organismos de Derechos Humanos por el caso de Belén, la niña de 11 años cuyo padrastro la embarazó producto de las reiteradas violaciones a las que la sometió, volvió a poner en un lugar visible de la discusión el debate por la despenalización del aborto, en todas sus versiones: el terapéutico, conocido como la interrupción del embarazo por inviabilidad del feto o peligro de la vida de la madre; el terapéutico que incluye los casos de violación; y el de libre opción.

Lo cierto es que el caso de esta inocente sensibilizó hasta a los más reacios, entregándole un argumento a favor muy de peso a quienes promueven la despenalización: se trata de una menor de edad y hay acuerdo como sociedad a todo nivel que nuestros niños deben ser protegidos.

La discusión obligó a quienes se oponían a que se interrumpiera el embarazo de Belén defender una postura brutal exponiendo toda clase argumentos insostenibles y ridículos, que se desmoronaban ante el más mínimo cuestionamiento, y que mostraron la cara más cruel del conservadurismo.

Esta coyuntura imprevista y la fuerza que tomó la indignación de hombres y mujeres que buscan salir del oscurantismo en que nos tiene sumergidos este Estado falsamente laico se transformó, como era de esperarse en los actuales revueltos tiempos que vive Chile y el mundo, en movilización social a través de la convocatoria a una marcha.

Pero esta movilización no gestó ningún fruto y terminó en el descredito social. Con ello se desperdició  una coyuntura única, pues aunque aparezcan otras Belenes no causará el mismo impacto social de esta primera mártir (primera en el sentido mediático).

Los errores cometidos fueron varios: el primero fue convocar a una marcha en apoyo del aborto “sin apellido” como lo llaman los y las feministas, es decir al de libre opción. Tratándose de un tema tan delicado y resistido, por habérsele adjudicado una connotación moral y habiendo sido reiteradamente rechazado en el Congreso en todas sus versiones, el momento llamaba a ser utilizado inteligentemente.

El no haber llamado a una marcha por la despenalización del aborto terapéutico y en caso de violación o de violaciones de menores de edad trajo dos consecuencias: primero, mermó la convocatoria, que pudo haber sido muchísimo más masiva, incluso con rostros emblemáticos para darle más fuerza mediática. Ya sabemos que a fuerza de cantidad de gente las marchas estudiantiles y sus demandas comenzaron a tener visibilidad y repercusión.

En segundo lugar, al concentrar sólo a los y las defensoras de la postura más radical facilitó el ambiente para que un grupo atacara físicamente a la Catedral de Santiago, lo que indignó a los defensores del patrimonio histórico y a otros que si bien no son católicos respetan los credos y sus ritos y con ello se perdió el apoyo de un gran grupo de personas que podrían haber estado a favor de despenalizar algún tipo de aborto.

Con este ataque, además, se demostró la inconsistencia del argumento pro aborto. Si se considera la imposibilidad de interrumpir el embarazo en condiciones sanitarias mínimas, la obligación de llevar a término el embarazo de un bebé muerto o del hijo de quien te violó, un acto de violencia contra el que protestamos, entonces ¿por qué aplicamos violencia? ¿Se pide tolerancia al que piensa distinto, pero se destruye el lugar que simboliza a quienes piensan de forma opuesta a la nuestra?.

Pero lo más lamentable de todo es que ser perdió de vista el hecho que originó todo el movimiento y de conseguir una salida a la injusta situación en la está Belén.

Respeto a quienes abogan por un aborto de libre opción, porque también es mi postura, pero creo que las batallas se ganan de a una y si bien es discutible si una mujer hecha y derecha debe hacerse cargo de un embarazo no deseado producto de una relación sexual consentida, con el caso de Belén quedó en evidencia que no despenalizar el aborto para una menor violada es por decir lo menos prehistórico.

No permitir que estos casos extremos ocurran es lo que nos debe mover a todos y todas las que estamos a favor de una sociedad más justa, incluso si ello implica sacrificar la lucha de lo que para nosotros sería el escenario ideal, que es que cada mujer decida si seguir o no con su embarazo.

En otras palabras, estoy dispuesta a renunciar a la lucha por la legalización del aborto a secas hasta conseguir la despenalización de la interrupción del embarazo inviable, de riesgo vital para la madre y en caso de violación.

Probablemente ya es tarde para Belén, pero debemos seguir por la pequeña de 12 años que en Tocopilla está embarazada producto de las reiteradas violaciones de su tío. Ella ya tiene 3 meses y medio de gestación, su tiempo se acaba, pero vendrán muchas más. ¿Cuánto más vamos a esperar?, ¿seguiremos luchando por nuestros ideales de libertad femenina, mientras mujeres con futuros muertos en su vientre y niñas que engendran la semilla de su violador esperan?

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3 Comentarios

  • Estamos en Chile: hay que esperar que un caso emblemático para tomar cartas en el asunto.

  • Invito a leer este artículo que indica cómo se sería posible establecer el aborto en Chile desde una perspectiva de derecho constitucional, atendido criterios de moralidad, y atendido a cómo se trata a nivel doctrinario en el extranjero.

    http://entropialimite.blogspot.com/2011/06/caso-hipotetico-legalizacion.html

  • Yo personalmente no estoy a favor del aborto pero hay casos en los cuales es la única solución

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