En la Universidad del Mar, el Mercado en Acción

07 de Nov, 2012 | Por | Sin Comentarios

El espectáculo del cierre de la Universidad del Mar puede parecer, especialmente para los afectados, como un signo de que algo no está funcionando bien en el sistema educacional Chileno creado por la derecha y sostenido por la Concertación. Lamentablemente, nada está más lejos de la verdad.

Bajo el diseño impuesto por los Chicago Boys y compañía, tenemos en Chile un mercado de la educación, y la teoría ofrecida por sus proponentes es que los estudiantes y sus familias, armados con la “información” publicitaria que inunda espacios físicos y virtuales, votan con sus billeteras para premiar a las mejores instituciones. El resultado, dicen, es generar la mejor distribución de recursos y, como consecuencia, los mejores resultados educacionales posibles. Aquéllos proveedores que no son capaces de atraer clientela o manejar sus finanzas apropiadamente caerán por su propio peso. El mercado, aliviado así del peso muerto de la ineficiencia de unos pocos, continúa avanzando en su noble tarea de generar incentivos económicos a nivel individual que, se argumenta, están alineados con el con el bienestar de la sociedad como un todo.

Lo que estamos presenciando es el drama humano y los costos que se generan cuando esa teoría se enfrenta con la realidad. La Universidad del Mar colapsa y sus estudiantes, académicos y funcionarios ven su educación y medios de vida desaparecer súbitamente. Se revela, con una claridad poco antes vista, que el diseño del mercado educacional no contabiliza el tiempo y los recursos económicos despilfarrados en una educación que terminó siendo una estafa.

La existencia de estos costos no reflejan, sin embargo, una falla en el sistema, sino una característica propia de su diseño. Son las consecuencias esperables y necesarias para el funcionamiento de un mercado saludable. En la práctica, sin embargo, mitigar esos costos es un imperativo ético para toda la sociedad, y el Estado se ve obligado a recoger los escombros generados cada vez que una de estas aventuras emprendedoras colapsa bajo su propio peso. Es decir, vemos la privatización de las ganancias mientras los costos se dividen entre los estudiantes-clientes y el estado. Cara, gano yo, sello, pierdes tú.

Al final, mientras en Chile no estemos dispuestos a crear un sistema educacional que sea juzgado no por las ganancias que produce, sino por los jóvenes a los que educa, el conocimiento que genera, y el bienestar social que produce, estaremos condenados a que la Universidad del Mar sea apenas un caso en que la Destrucción Creativa del mercado barre con las esperanzas y dinero de estudiantes, profesores y administrativos. Uno entre muchos que, siendo un ejemplo de libro del mercado en acción, deja a miles de jóvenes con el sueño frustrado de una educación de calidad.

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