El regreso del sentido común

27 de jun, 2012 | Por | Sin Comentarios

Por Ximena Bravo Pou

Disímiles son los balances del movimiento estudiantil  a un año de las primeras marchas. Para unos no sirvió para nada más que para dañar la infraestructura vial y el comercio céntrico además de derrochar los recursos de Carabineros. Para otros,  el anuncio de la salida de los bancos del sistema de créditos universitario fue un logro concreto que impulsa a ir por más.

Nadie es indiferente ante las movilizaciones más importantes de los últimos años y una de las mayores desde el retorno a la democracia, que en su pick llegó a reunir a más de 200.000 personas en la calle marchando, y que surgió de parte de estudiantes universitarios y secundarios de Chile en rechazo al sistema educacional impuesto en la dictadura de Pinochet.

Pero el mayor logro del movimiento estudiantil es intangible. Es darse cuenta que no es normal que las familias se endeuden casi hasta la ruina para pagar estudios superiores de sus hijos, que no es aceptable que a las mejores universidades sólo lleguen alumnos de liceos emblemáticos o privados muy caros, que no está bien que los privados lucren con un derecho como la educación y que más encima muchos estafen. Es el cambio de paradigma, el regreso del sentido común.

No es que nosotros creyéramos que esto estaba muy bien, si no que no nos cuestionábamos. ¿Para qué?. El modelo nos hizo creer que era lo mejorcito a lo que podíamos acceder, algo así como:  “agradezcan que hay oferta universitaria privada si no, con tu mugre de educación municipalizada (y por tanto con tu miserable puntaje en la PSU o PAA) olvídate de ser profesional”, ah y lo más importante: “…y agradece que te prestamos plata para pagarla, porque con tu ingreso…”.

¿Qué cambió?. La generación. Quienes fuimos universitarios en los años 90, crecimos con el fantasma de la dictadura. Mientras el ex presidente Ricardo Lagos justifica hoy su acomodo con la herencia militar afirmando que Chile estaba preocupado de crecer: “Entre 1990 y el 2010 Chile recuperó la democracia,  tuvo un crecimiento elevado y multiplicó por más de dos el ingreso por habitante” dice en una carta a La Tercera del 5 de junio pasado, yo creo que en la primera parte de los años que menciona el ex presidente tuvimos miedo al regreso de la dictadura.

No se borra el  “boinazo” de 1993,  por ejemplo, porque es fuerte la imagen de los tanques del Ejército rodeando La Moneda amenazando implícitamente con su regreso al poder si se seguía adelante con la investigación de corrupción en contra de Pinochet y su familia, caso conocido como los “pinocheques”. Y qué decir de la imagen del dictador como “senador vitalicio” desde 1990 hasta 1998 cuando fue detenido en Londres, por orden del juez Baltasar Garzón para juzgarlo por las muertes de ciudadanos españoles ocurridas en Chile durante la dictadura.

Así, quienes adolescentemente nos entusiasmamos con la democracia nos fuimos decepcionando y sobre todo reduciendo las expectativas de lo que es posible. ¿Protestábamos los universitarios en los 90? Sí. Cada universidad mendigaba con paros o marchas por unas monedas más para los créditos de sus estudiantes, y sería.  ¿Cuestionábamos el modelo? Sí, pero en un ideario fantasioso, tan poco posible como la Utopía. ¿Alguien se inmola por vivir en la Utopía? Claramente no ¿para qué?.

Hoy sabemos que no es un sueño. Es más, el mayor aporte del movimiento estudiantil es que nos hizo tomar conciencia de que no queda otro camino más que cambiar el sistema educacional que nos heredó Pinochet.

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