El colapso de la ideología del crecimiento

27 de abr, 2012 | Por | 1 Comentario

“Los Montones de basura crecen, pero no se desarrollan”

Russell Ackoff. 

Todo el levantamiento de demandas de los ciudadanos de la región de Aysén terminó por desenmascarar varias cosas que venían apareciendo desde el planteamiento de demandas por parte del Movimiento Estudiantil: 1. Poco talento y capacidad de reacción de actores gubernamentales clave, 2. Absoluta desconexión del gobierno con la ciudadanía, 3. Pésima habilidad negociadora por parte del gobierno, 4. Absoluta ceguera y obsesión fundamentalista por parte del gobierno con el modelo neoliberal, en donde hay que crecer y crecer económicamente para poder llegar al desarrollo, cuyos beneficios llegarán a las mayorías mediante el “chorreo”. Nos centraremos en este último punto, para observar que la ideología del crecimiento, en primer lugar, es falaz, y en segundo, que es un modelo que está haciendo agua por todos lados.

La Falacia del Crecimiento

 La imposición del discurso neoliberal durante la Dictadura, llevó a instalar la mala idea que planteaba que crecimiento y desarrollo  significan lo mismo. Esta es la primera falacia del argumento, pues está demostrado por distintas visiones que crecimiento y desarrollo no son lo mismo, mientras el crecimiento se refiere a un crecimiento del tamaño o la cantidad de algo, por ejemplo muchas personas crecen, pero no se desarrollan; el desarrollo en cambio, es más complejo de definir, aunque habitualmente es entendido como la integración de dimensiones y pilares, en las que el crecimiento económico es un medio importante, pero no el único para alcanzar mayores niveles de desarrollo. El desarrollo de un país depende de una serie de fundamentos que propician un entorno favorable, tales como la equidad, la participación, el crecimiento económico, la sostenibilidad y la seguridad humana, en las dimensiones política, económica y cultural. Sin dejar de lado la salud, la ecología, la tecnología y el aspecto educativo.

Las cifras económicas de Chile desde los años 90 hasta hoy, han sido muy satisfactorias, en términos de crecimiento, incluso alcanzó para integrarse (para muchos de manera curiosa) al exclusivo club de la OCDE. Sin embargo, las espectaculares cifras económicas no tenían repercusión en otros ámbitos como el educativo, resultados de pruebas como el PISA son claras muestras de ello. Tampoco se notan grandes avances y progresos en el ámbito científico-tecnológico, ni grandes mejoras en la calidad de vida de la mayoría de los habitantes del país.

El Desarrollo, o mejor dicho, la búsqueda de un Desarrollo sostenido, obliga a los países  a buscar un constante  perfeccionamiento de los medios que utiliza para conseguir los fines que le permitan alcanzar mejores niveles en todos los ámbitos que tienen que ver con su operar: Economía, Educación, Salud, Sustentabilidad, es decir, mejoras en la eficiencia. Los medios, habitualmente requieren el uso de recursos en abundancia, y en un modelo de país, los encargados de conseguir esa abundancia son los entes económicos; y la mejor forma de medir el buen cumplimiento de esa función es a través del estándar de vida de los habitantes del país.

Chile es uno de los países que regularmente encabeza los ránkings de peor distribución del ingreso, este hecho nos indica que hay una gran brecha en los niveles de calidad de vida y acceso a beneficios en los habitantes del país, vemos que la promesa del chorreo no se cumple, y la plata que entra al país, se distribuye entre unos pocos, impidiendo la satisfacción de necesidades de un importante porcentaje de la población, y de paso, obstaculizando las posibilidades de desarrollo real y efectivo. Mucho crecimiento para unos pocos, muy bajo desarrollo para todos. El crecimiento por si solo, no basta.

La caída del Modelo de Crecimiento

El programa político que los Chicago Boys implantaron en Chile, con su teoría del crecimiento y chorreo, centra la responsabilidad del desarrollo en el sistema económico, específicamente en el Mercado, en desmedro de las políticas más integrales que pudieren generarse desde el Estado, por el contrario, intentan minimizar al Estado; cometen el craso error de creer que el desarrollo se induce unilateralmente, lo que evidemente es imposible, ya que como hemos indicado, el desarrollo es atingente a más de un sistema social, y no sólo a lo económico o a lo político.

Por otro lado, centrar un programa político en el Mercado trae una serie de efectos negativos (imagino que no contemplados por los fundamentalistas de mercado), que limitan aún más las posibilidades de desarrollo de un país; el principal de éstos es la capacidad de integración social de los distintos sectores socioeconómicos, para aportar a la construcción de una mejor nación en la que todos sus habitantes tengan cabida. El Mercado es esencialmente excluyente, se puede estar en el Mercado en la medida que se tenga capacidad de consumo, si no se tiene esta capacidad, se queda fuera del Mercado, y para integrarse hay que endeudarse, sino, se queda excluido. Es por esto que el Mercado reconoce consumidores y no ciudadanos. Un país, no puede estar basado identitariamente en consumidores, ni tampoco en un modelo de patrón-empleado, menos aun, ser administrado como una fábrica o hacienda, porque se termina fragmentando, y lo peor: legitimando la desigualdad.

Es evidente que un modelo que legitima la desigualdad, discriminando y marginando a quienes no pueden “competir” ni “consumir” en las condiciones de mercado, que no considera a los habitantes de una Nación como ciudadanos sujetos de derechos, no puede sino, tarde o temprano caerse a pedazos, porque finalmente, las personas se aburren de estar adormecidas, y empiezan a exigir elementos que el Mercado no tiene ni puede ofrecer, de ahí en más, sólo queda empezar a caminar a un Desarrollo integral, con el crecimiento como medio, pero no como fin, con equidad y perspectivas de largo plazo.

 

 

 

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1 Comentario

  • Durante todo el periodo de gobierno de la Concertación, los empresarios les hicieron creer que si las políticas públicas no los favorecían a ellos, no habría inversión por ende crecimiento y como consecuencia de ello no habría desarrollo para Chile. El resultado de ello fue la acumulación desmedida de riqueza en un pequeño grupo de dueños de empresas, aumentando la brecha de la desigualdad. Mal negocio hicieron para Chile, aunque bueno para esa elite algunos de la misma Concertación que entraron al jueguito del empresariado y aseguraron su futuro y el de sus familias una vez perdido el poder. Recién estamos despertando, tomando conciencia del abuso de su amenaza del desempleo.Y ante las voces que están empezando a decir basta ni la Concertación ni los empresarios, hoy gobierno, saben qué decir.

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