El Derecho a abortar o el derecho a la igualdad

26 de mar, 2012 | Por | 2 Comentarios

Por Mónica Peña Ochoa

Asumamos que no es lo mismo pero es parecido: estamos de acuerdo con que la educación chilena no funciona y es injusta hasta la médula porque si naces pobre mueres pobre, lo que significa en pocas palabras, no tener ninguna otra oportunidad, no tener la opción de elegir. La pobreza en Chile denuncia la desigualdad en los recursos, pero también en las oportunidades.

Ser mujer en los países donde no se legisla sobre el aborto no es solo estar en peligro de salud, es ser el claro ejemplo de la desigualdad de género. Mujeres que han quedado embarazadas sin desearlo tienen que rendirse a la evidencia que las circunstancias les imponen, sin posibilidad alguna de elegir: deben alienarse a un destino que no escogieron. Casi todo organismo femenino permite el embarazo, pero sólo algunas mujeres escogen ser madres, de manera planeada o espontánea. Consciente o inconscientemente se acomodan a la idea y se preparan para eso: algunas solas, otras habiendo sido incluso violentadas, otras en pareja, otras con fetos inviables. Otras, simplemente, no desean un embarazo -normal o enfermo- en ese momento de sus vidas.

La legislación debe guiarse por la capacidad de las mujeres de ser sujetos autónomos y soberanos antes de hacerlo en el “caso por caso”: una mujer violada puede desear llevar a término un embarazo mientras otra, que ha quedado embarazada por una causa menos traumática, puede verse emocionalmente incapacitada de seguir adelante. Por eso no es suficiente legislar sobre el aborto “con apellido”: la vida sexual de muchas mujeres, como para muchos hombres, no siempre tiene que ver con el embarazo y la maternidad. Esas brechas deben ser aceptadas por la sociedad, por lo tanto no es posible que obliguemos a las mujeres por decreto a ser madres.

Un cuerpo autónomo es un cuerpo social que depende de convenciones y que necesita derechos que deben ser respetados. El embarazo debe ser leído en este campo de posibilidades, no como un destino sino como una elección autónoma que debe ser garantizada y respetada. Un estado que garantiza a las mujeres la posibilidad de aborto en conciencia durante el primer trimestre no es un estado “asesino”, es un estado que permite que hombres y mujeres se desarrollen en igualdad, equilibrando delicados intereses en juego, protegiendo a la larga la maternidad como un derecho que se ejerce en soberanía, y protegiendo también a las mujeres de que sus embarazos se transformen en un linchamiento por no cumplir las normas sexuales del pope de turno.

(Mónica Peña Ochoa es Doctora en Ciencias de la Educación y Profesora en el Departamento de Psicología de la Universidad Diego Portales)

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2 Comentarios

  • Me parece muy poco razonado, por decir lo menos, el artículo y me extraña de una persona tan preparada. Donde no se analizan los aspectos éticos que contiene sus aseveraciones. No es posible aceptar socialmente que por la sola voluntad de una de las partes, se pueda infringir la muerte de un ser humano, que además, no puede defenderse. Las libertades tienen un límite y ese es hasta cuando se llega a la línea donde comienzan los derechos del otro. Y el derecho a la vida se consagra incluso a los delincuentes asesinos, cuando se eliminó la pena de muerte. Es claro que lo comentado y si es producto de una proceso violento es terrible para la mujer en cuestión, pero ello no autoriza a obtener la facultad de decidir un asesinato legal. Estimo que la solución debe ir por otro lado; que si esa mujer violentada no quiere o no puede hacerse cargo de ese niño, el estado se haga cargo de los gastos en el período de gestación y nacimiento y se tengan las posibilidades de entregarlo en adopción total y si no hay nadie que desee tomarlo, sea el mismo Estado quien se haga cargo en forma total y digna de ese ser humano y nuevo chileno. Esto no debe ser aparte del castigo que debe tener el agresor o violador, y de establecerle obligaciones de resarcir el daño tanto a la mujer como al Estado.

  • Francisco Somarriva dice:

    Mónica, Me parece que usted se detiene en una mirada que trata de reivindicar una posición omnipotente, apelando hacia una emergente sociedad de “derecho a los derechos”. El tono de su discurso da la impresión de estar teñido de rabia hacia las huellas de la sociedad en que vivimos y que hubo en generaciones anteriores, y pareciera que usted aspira a que ella misma trate de “reparar” de alguna forma los vejámenes con los que usted identifica su posición. Le recuerdo que la subjetividad de cada persona no se pone en juego solo en un capacidad para desear y dirigir su deseo, sino que además se nota en la integración de su historia, de su deseo y del ambiente en que se desenvuelve. El aborto hay que revisarlo, sin duda; pero el aborto por situación de violación puede llegar parecerse mucho a la omnipotencia de borrar la historia y el efecto que (las atrocidades de) la sociedad tiene en cada sujeto. El derecho a olvidar no depende de otro. Termino diciendo que, como usted ya debe saber, este tipo de cosas dependen de la singularidad. Los derechos son, la gran mayoría de las veces, intentos de borramiento de la singularidad, en la medida que elimina las propias neurosis, el propio deseo; en este caso, de por qué se aborta, más allá de si se hace o no.

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