Imaginario Pop

25 de mar, 2012 | Por | Sin Comentarios

Hay dos problemas con los argumentos de Bellolio contra la nueva ley de cero tolerancia. Primero, se apoyan en una cita del Juez de Casablanca, que se queja que la nueva ley es una

legislación histérica dictada sobre la base de dos o tres accidentes… que fueron cometidos por borrachos que con o sin esta ley van a seguir bebiendo

Además de la evidente observación de que no es el punto que nadie deje de beber, sino que dejen de manejar bebidos, dos o tres accidentes describe exactamente la situación contraria en la que nos encontramos en el país:

Entre 2000 y 2010 murieron en promedio 334 personas anualmente a causa de accidentes de tránsito producidos por la presencia de alcohol en los participantes. Una persona muere casi todos los días por estas causas.

La presencia de alcohol se transformó de esta manera en la segunda causa de accidentes de tránsito con mayor cantidad de fallecidos en los últimos 10 años, siguiendo a la imprudencia del peatón como la principal causa de fallecimientos.

El segundo problema es la idea de que el bebedor moderado “está pagando por culpa del imbécil que vuela a 200 kilómetros por hora después de haberse bajado solito una botella de pisco”. Dejándo la hipérbole de lado, la tendencia a juzgar mal la velocidad a la que se anda y el aumento de la seguridad en si mismo que lleva a conducir más rápido es solo parte del problema: disminución de la concentración, reflejos más lentos, incapacidad para juzgar la velocidad de otros vehículos, reducción de la visión periférica. Todos éstos efectos están presentes independiente de la velocidad a la que se maneje, y pueden estar presentes a concentraciones de alcohol igual o más bajas que lo establecido por la nueva ley. Y debido a un número importante de factores que afectan el metabolismo del alcohol, es muy difícil para un ciudadano individual estimar estos efectos y la concentración de alcohol en su propia sangre.

Es posible que el columnista tenga razón y que el nuevo mensaje de la ley – que conducir y beber son actividades incompatibles – no será una política efectiva. El tiempo nos dará la respuesta. Quizás más importante, quizás al evaluar la evidencia podríamos concluir que el riesgo no justifica una prohibición a beber y conducir tan draconiana. Pero reducir a niveles absurdos la magnitud y la naturaleza del problema tampoco sirve mucho para formular una respuesta – legislativa o de otra naturaleza – que sea efectiva.

Al omitir la evidencia que sí apoya1 la lógica de la nueva ley, Bellolio se imagina un Estado opresivo que injustificadamente coharta las libertades individuales. La realidad, que tiende a no caber en slogans, es mucho más complicada.

  1. a diferencia de los otros proyectos que menciona Bellolio, de fumar en espacios abiertos y la campaña del Alcalde Zalaquett []

Palabras Clave :

Sin Comentarios

Deja un Comentario