De los creadores de “Compre hoy y pague en 36 cuotas”…

31 de Oct, 2011 | Por | Sin Comentarios

El Presidente ha puesto una dosis de realidad a las demandas del movimiento estudiantil por una educación pública, gratuita (para una mayoría) y de calidad. El mensaje es claro:

Tenemos que ser realistas y no pretender vivir más allá de nuestros medios.

La frase, claro, tiene su cuota de verdad. No queremos terminar como los norteamericanos, los griegos o los italianos, endeudados en el 100% de nuestro PIB a punta de gasto fiscal.

Sin embargo, lo que Piñera no reconoce, perse a saberlo, es que la Educación es no sólo un derecho, sino además una inversión: una fuerza de trabajo capacitada, diversa y productiva es fuente de mayor nivel de ingreso para el país, el fisco y las familias. Gastar en educación es gastar en garantizar un derecho humano, y es al mismo tiempo una inversión particularmente rentable para el país. Y las inversiones entran, como bien sabe el empresario Piñera, en una línea contable distinta que el gasto.

El Presidente tampoco reconoce, pese a saberlo, que una reforma educacional cercana a lo que piden los estudiantes y otros representantes del movimiento estudiantil no está fuera del alcance de las arcas del Estado de Chile. Es cosa de prioridades. Pensamos, por ejemplo, en la internacionalmente criticada Ley Reservada del Cobre. Pensamos, también, en la posibilidad de una –a estas alturas inevitable– reforma tributaria que grave más las fortunas y negocios de personas como él, y las utilidades generadas por empresas como las que él y sus pares poseen.

Lo que resulta particularmente violento en el mensaje, sn embargo, no son los contraargumentos que esconde bajo la alfombra. Es que el Presidente está básicamente diciendo a los chilenos que el Estado no puede ni quiere gastar o endeudarse más allá de su nivel de gasto actual para educar a sus ciudadanos. El fisco debe “vivir hasta donde permiten sus medios”. Al mismo tiempo, sin embargo, el Presidente y sus Minstros han sido consistentes en defender un sistema que incentiva a las familias a endeudarse en créditos millonarios para pagar esa misma educación que el Estado les niega en nombre de la mesura fiscal. Las familias, nos dice el Presidente, puden y deben comprar educación en el mercado, aún si esto implica endeudarse “más allá de sus medios”. El fisco, por ningún motivo!

Por último, y como si no fuera suficientemente violento en sí mismo, el mensaje de austeridad sale de la boca de uno de los cuatro personajes más ricos del país y uno de los 500 más ricos del planeta –para quien sus “medios” no son precisamente una limitante de vida–, que comenzó a amazar su enorme fortuna trayendo a Chile el negocio de las tarjetas de crédito. Mientras expandía el negocio del crédito –y sus cuentas bancarias– a tasas exponenciales, el Presidente estaba en efecto propiciando que los chilenos vivieran “más allá de sus medios”, que es precisamente donde está la clave del negocio. Ahora, si se endeudan para pagar la matrícula de sus hijos en una universidad privada sin fines de lucro creada por uno de sus Ministros, mejor que mejor. Para todo lo demás, existe Master Card.

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