Reconstruir el Futuro

20 de oct, 2011 | Por | 1 Comentario

En resumidas cuentas

sólo nos va quedando el mañana:

yo levanto mi copa

por ese día que no llega nunca

pero que es lo único

de lo que realmente disponemos.

(Ultimo Brindis, Nicanor Parra)

En los años ´80 se instaló en Chile (a la fuerza) una promesa de un Futuro esplendor, un crecimiento desmesurado, mucha plata, no más pobreza, oportunidades, y un largo etcétera. Promesa que se renovó a principios de los ´90, esta vez con un contexto país distinto, en democracia, con un funcionamiento bien pactado entre cúpulas, pero democracia al fin y al cabo.

Pasa el tiempo, y los números hablan de un país pujante, de un jaguar. De un país que tiene un PIB impresionante, que lo hace pasar de ser un país miserable a uno digno de ingresar a los más conspicuos clubes de países. Chile se convierte en el nuevo rico del vecindario, con todo lo que ello implica.

Sin embargo, no todos están de acuerdo con lo que dicen los números, la realidad real, esa de la calle, del ciudadano de a pie, que día a día madruga para trabajar, ve como constantemente él no recibe o no puede acceder a este país maravilloso y pujante. La distribución del gran PIB es una de las más desiguales del mundo, no hay un sistema que garantice igualdad de acceso a derechos básicos como educación y salud, los que tienen más, acumulan y acumulan, los que tienen menos, miran como progresa el país, pero no perciben nada de ese progreso.

En este contexto, el presente se ha vuelto insoportable para miles y miles de chilenos, que caen en la cuenta a diario que su situación dista mucho de las expectativas que les habían construido en el pasado. El futuro prometido (incluso en campañas políticas) está siendo ejecutado, y las promesas no se han cumplido.  El fundamentalismo de mercado les quitó su futuro, hoy apropiado e hipotecado en Bancos, Financieras, Isapres, Universidades,  Retail  y un montón de estructuras que sólo marginan y discriminan.

Con un escenario como este, no queda más que rediseñar y reconstruir un futuro, solo de esta forma se pueden renovar las expectativas, de manera que nuestro triste presente comience a quedar en el pasado.

El movimiento social, cuyo corazón está en los estudiantes, ha sido la chispa que se requería para iniciar este proceso de repensar el futuro, lo que partió como un movimiento de demandas circunscritas a la educación, se ha convertido en un abierto cuestionamiento, que la inmensa mayoría del país apoya, al sistema imperante. Se debilitan la competitividad irracional y el individualismo, fortaleciéndose formas más integradores y solidarias de convivencia social.

La ciudadanía se aburrió de callar, mientras elites abogan por la legitimación de la desigualdad. Sin embargo, no se cuenta con los mecanismos adecuados para poder cambiar y rediseñar el futuro, la elite gobernante en los `80, se aseguró construyendo una institucionalidad funcional, pero para su futuro, no para el del país, que ha seguido siendo una gran hacienda.

El sistema político, que ve lo que ve y no ve que no ve, está cada vez más ciego y sordo, pero no mudo, habla en un lenguaje que nadie entiende, salvo él mismo. La lejanía con sus votantes, es cada vez más evidente, sin embargo la ciudadanía no puede olvidarse que una de las principales herramientas de reconstrucción de futuro yace justamente en la política. Como los partidos derrotados aun no asumen su derrota, y los victoriosos sólo les interesa perpetuar su propio futuro, está en manos de la ciudadanía traer de vuelta a la política, y de paso, a los partidos, a la realidad, a la reconstrucción de un futuro para todos, no solo para unos pocos. La tarea no es fácil, ni de resultados inmediatos, pero es necesaria.

Los Movimientos sociales no pueden concretar sus demandas sin entrar en el campo de la política (y las políticas), y al no encontrar sintonía con los partidos, deben buscar alternativas que no los hagan caer en el ciudadanismo, ni extremos anárquicos. Pasar de Movimiento Social a uno Político, parece ser un paso lógico para ingresar al sistema político, luego iniciar una larga y ardua tarea de reconexión con los partidos, que permita iniciar los procesos de reforma que el país, y el contexto global, demanda. El negarse a cambiar las bases de un sistema que se cae a pedazos, es negarse a una evolución inevitable y necesaria, y que va en beneficio de una inmensa mayoría real, y que es la diariamente se esfuerza por sacar adelante sus sueños, que van más allá de tener o no cosas, y eso, no se arregla con plata.

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1 Comentario

  • El miedo al cambio inmoviliza a la clase política.El temor a que la mayor participación ciudadana los saque de la escena pública los hace, a una porción de ellos ser incapaces de reconocer los errores del pasado y a la otra parte ofrecer “aspirinas” a problemáticas profundas. Mientras no superen estos miedos seguirán intentando acallarnos, descalificarnos, sobornarnos, tergiversarnos. Quizás avanzar en primarias universales y plebiscitos ciudadanos será más difícil de lo que creemos.

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