Piñera, Resumido

23 de Sep, 2011 | Por | 1 Comentario

Negocios tienen accionistas; estados tienen ciudadanos. Empresas tienen empleados – los cuales ceden algún grado de su soberanía personal a cambio de un sueldo. En los países, al menos los democráticos, todo el mundo se siente con el derecho a jugar un papel. Directorios corporativos tienen ejecutivos – los cuales realizan tareas delegadas que el CEO, en la mayoría de los casos, les ordena realizar. Los Gobiernos tienen ministros. que son colaboradores políticos e interlocutores, no solo subordinados.

Dura columna en el Financial Times (si no lo conoce, no es precisamente un pasquín marxista), explicando con peras y manzanas como el gobierno del empresariado que ha formado el Presidente Piñera parece incapaz de enfrentar la diversidad política del país.

Y esa mirada chorrea a todo el manejo del Estado. Para muestra, una entrevista a Rafael Ariztía, encargado de la Unidad de  Modernización del Estado en la Moneda hace solo unos meses:

Modernización del Estado es un concepto que suena pomposo y grandilocuente. Sobre todo porque está asociado a grandes reformas y negociaciones políticas, como la Alta Dirección Pública o la Ley de Transparencia. Pero ésa no es la arista que más le importa a Ariztía: su mirada busca enfocar la atención de su equipo en lo que él denomina como un “usuario” o “cliente”, tal como si fuera una empresa que debe satisfacer a sus consumidores.

Esta tecnocracia de derecha que se hizo cuerpo en los grupos Tantauco durante la campaña, y a partir de las distintas tragedias que han ocurrido, en la repetición hasta el cansancio del mantra de la Unidad Nacional. En ambas estrategias comunicacionales (sumada a las acusaciones de politización al movimiento estudiantil) se revela esa desconfianza endémica al desacuerdo y los procesos democráticos que está tan arraigada en nuestra derecha.

Y eso, tarde o temprano, pasa la cuenta. Sobre todo en un país que de a poco ha ido reemplazando a esas generaciones aporreadas y aterrorizadas por la dictadura. Y para los que ya salieron, o nunca estuvieron, bajo esa sombra, el tener profundos desacuerdos, y politizarse, e irse a la calle, y esperar un poco más de sus políticos es, ya se ve, el nuevo pan de cada día. Y eso, sin duda, es el gran punto ciego del gobierno. Uno que se sigue tragando la popularidad del Presidente.

 

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