El Agua, Compañía Limitada

15 de Jul, 2011 | Por | Sin Comentarios

[La venta de las sanitarias] emprendido por el gobierno llama la atención por la baja difusión de las operaciones y la ambiguedad que ronda las justificaciones esgrimidas para la venta. El Estado se desprende de un negocio sano, que ya operan privados, con una rentabilidad garantizada por ley del 7 % y una real que según la Superintendencia de Servicios Sanitarios, SISS, oscila entre un 10 % y un 20 % anual, sin que esté muy claro para qué lo hace.

En una excelente editorial, El Mostrador deja sin contestar la pregunta con la que termina este párrafo. La respuesta, sin embargo, parece obvia.

La coalición que nos gobierna llegó al poder con un ideario de tecnocracia, la maquinaria mediante la cuál las políticas públicas y la dirección del país se pueden decidir con grupos de expertos, que pueden siempre llegar a una decisión que se puede caracterizar de “eficiente”. La política, era y sigue siendo el mensaje, ensucia. Es territorio de los ideologizados.

Pero si algo ha demostrado el gobierno de Sebastian Piñera con la venta de las sanitarias, es una adherencia extraordinaria a la ortodoxia del neoliberalismo. Como bien apunta la editorial de El Mostrador, el país se encuentra en una situación fiscal envidiable (si no lo cree, mire la situación en que se encuentra Estados Unidos y muchos países de Europa) y las empresas en cuestión son muy rentables. ¿Como se explica esta venta? Sin duda, la repuesta no está en el rol del mercado: para todos los efectos, estas son empresas que funcionan más o menos como tantas otras en el sector privado, y el Estado recibe las ganancias que resultan. Ganancias, por lo demás, que son cuantiosas.

Dos razones pesan más en este movimiento. Por un lado, están si dudas los intereses personales y de clase de un gobierno de empresarios, que ven en cada empresa del Estado una oportunidad de liquidación. La otra razón, más de que de principio, es que el Estado debe ser minúsculo, proveedor de defensa nacional y pagador de subsidios, y que no debe tener ningún rol directo en ninguna actividad en la que el sector privado exprese interés.

Y así, la evidencia de rentabilidad de estas empresas sanitarias importa poco. Para los ministros-gerentes, la venta de activos del estado es win-win: fortalecen al sector privado del que vinieron y al que volverán más temprano que tarde. Los recibirán con los brazos abiertos. Y además, la venta, no importa cuán desventajosa para el Estado, genera ingresos que se pueden gastar en los próximos años.

En el camino, se sacrifica la sustentabilidad del Estado en el largo plazo, los legítimos intereses de la sociedad chilena en recursos estratégicos como el agua, y se le da más poder a un sector empresarial que ha demostrado una y otra vez que no da el ancho. Pero si las encuestas son una indicación, la aplicación de estas mismas ideas a otras áreas de la sociedad han hecho que el país se despierte ante la realidad de que las ideas de eficiencia y la excelencia, cuando llevadas a la acción por este gobierno, se parecen sospechosamente al más rancio mantra derechista que a nada que nos llevará a una sociedad más equitativa y desarrollada.

Y cuando la gente despierta, sale a la calle.

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