Siga Participando

29 de Jun, 2011 | Por | Sin Comentarios

Nicolás Maquiavelo, en su olvidado libro “Discursos”, plantea la existencia de dos “almas” en un Estado (en la República), por un lado está el pueblo, y por otro los grandes (que quieren dominar al pueblo); ambas almas están en constante enfrentamiento, por lo que para que una República esté bien organizada, debe disponer de las instituciones necesarias para canalizar el conflicto dentro de estas facciones sin las cuales la república se desarmaría.

Esta necesidad de mecanismos de canalización del conflicto radica en el principio que plantea que una organización es más estable si sus integrantes tienen el derecho de manifestar sus diferencias y resolver sus conflictos dentro de ella, de paso validando al control popular como engendrador de virtud y fortaleza al Estado.

Con el avance del tiempo, y evolución de la Democracia, parte importante de estos mecanismos de coordinación y canalización de esta disputa fueron institucionalizándose como parte del “contrato social” de las democracias, y conociéndose como “mecanismos de participación”, internalizando incluso aquellas manifestaciones que más de algún analista conservador puede considerar “antidemocráticas” como las marchas, tomas, y/o manifestaciones en lugares públicos.

Estas manifestaciones y muchos otros mecanismos de participación, no hacen más que poner en el tapete que la esencia de la República está en la participación mediante el autogobierno. Con esto no quiero decir que cada cual haga lo que quiera, sino que el autogobierno de los ciudadanos como grupo, con limitación de las acciones privadas, de la necesidad de recuperar el valor de la ciudadanía y la participación como medios para crear virtud y sentido de comunidad. Para esto, es necesario dotar de sentido la articulación de demandas, algo que han hecho mejor los estudiantes que los ambientalistas, ya que el autogobierno no implica excluirse de la política, sino que muy por el contrario, es traer de vuelta el énfasis de la identidad política del ciudadano activo.

Como decía Hannah Arendt en uno de sus textos: “Una ciudadanía participativa, es aquella que tiene un compromiso cívico que se materializa en el ejercicio de la deliberación que se da en el espacio público”. Pues bien, todas las marchas, manifestaciones y protestas son reflejo que luego de varios años de adormecimiento, el ciudadano de a pie está más consciente que puede y debe desempeñar roles más allá del de consumir.

El punto está en que el Sistema Político, no ha logrado hacer una buena lectura de la situación ciudadana. Por un lado el Gobierno insiste en llamarlos “minoría” y ha tratado de encasillarlos como delincuentes, y destructores que en nada aportan a la “Unidad Nacional”. El resto de la Política, con mejor o peor suerte, trata de subirse al carro ciudadano, insertándose medio a la fuerza en los escenarios que concentran a la ciudadanía, llevándose varias pifias en promedio, y unos pocos tibios aplausos, en el caso de algunos personajes específicos.

También el Gobierno, contraviniendo lo planteado por Maquiavelo, no favorece la aparición de mecanismos que permitan mediar, por el contrario, ha asumido una actitud prepotente, amenazante, involucrando incluso mecanismos de control violentos y dictatoriales. (¿Alguien había visto alguna vez, en democracia, el centro tan enrejado como en las últimas semanas?).

Al ignorar las demandas ciudadanas, al intentar construir un cerco comunicacional, al decir “estamos conscientes de nuestra baja popularidad, pero mantendremos nuestras convicciones”, el Gobierno le está diciendo a la gente, “no me interesa lo que usted diga y/o haga, yo hago y decido lo que quiero, siga participando”.

En este contexto, aunque parezca paradojal, hay que hacerle caso al Gobierno, y seguir participando, articulando los distintos mecanismos de participación (reales y virtuales), para fortalecer la construcción de un discurso y propuestas sólidas y sustentables en el tiempo, manifestando el desacuerdo, tematizando el disenso, que al final, pese a todo, son formas elementales y fundamentales para la construcción de un sistema democrático.

Parte importante de la agenda actual ha situado a la ciudadanía y sus instancias de participación en el primer plano de interés. Y aquí el desafío es también de los partidos políticos, que aún no entienden cómo la ciudadanía se organiza a una intensidad y velocidad que no se veía hace muchísimos años. Son cambios cualitativos, transformaciones en los valores, procedimientos y formas de expresión ciudadana. Si los Partidos no son capaces de hacer buenas lecturas, y adaptarse a este tiempo de expectativas y demandas, a los nuevos requerimientos de los electores y ciudadanía en general, generarán un escenario aún más complejo para poder concretar un importante desafío del cual han rehuido: traer de vuelta a la política.

Claramente estamos en tiempos en que se renuevan (o actualizan, o renacen) las formas de manifestación y expresión ciudadanas, constituyéndose formas (virtuales o reales) participativas que terminan por desbordar los cauces y modalidades tradicionales, más aún con un Gobierno de fuerte tinte conservador.

Si no se generan los espacios para incorporar las demandas, los espacios para que el ciudadano se exprese, espacios para manifestar el desacuerdo; puede ocurrir uno de los grandes temores que Maquiavelo tenía: el fin de la República. Por ahora, la mejor forma de trabajar para fortalecer y empoderar la democracia, es hacer lo que se ha venido haciendo, Participar, y seguir Participando.

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