Acabar con los Campamentos: menos “vouchers” y más propiedad del suelo

16 de Jun, 2011 | Por | 1 Comentario

por Darío Oyarzún *

El Secretario Ejecutivo de la Secretaria de Barrios del MINVU, Francisco Irarrázaval, indicó en La Tercera que “acabar con los campamentos en el corto plazo era una quimera”. El Capellán de Un Techo para Chile respondió en La Segunda que dicha afirmación era inentendible: en su discurso del 21 de Mayo Sebastián Piñera afirmó que van a construir 600.000 viviendas en 4 años y que acabarían con los campamentos el 2020. ¿Cómo es posible que se necesiten 10 años para construir 30.000 viviendas?(1)

No queremos entrar en la básica discusión de subsidios y plazos. Lo que sí vale la pena discutir es si la cantidad de soluciones habitacionales que se construirán y los plazos de estas construcciones son el foco de la discusión. Si abordamos el problema desde la óptica de la solución, sí: mientras más unidades construyamos y en menos tiempo, se terminarán los campamentos. En cambio, si abordamos la discusión desde la perspectiva de sus causas, no. No importa cuántas viviendas se construyan, los campamentos seguirán existiendo si no se ataca la causa.

¿Por qué existen campamentos? Lo más evidente es por la necesidad de un hogar y un lugar en la ciudad. La política habitacional pretende dar respuesta a ambas variables del problema, aún cuando el discurso oficial de éste y otros gobiernos ha estado evidentemente cargado hacia la vivienda y no hacia la ciudad. Se habla mucho de unidades, casas, viviendas, soluciones, déficit, metros cuadrados construidos, materiales, constructoras….suma y sigue. Se habla poco de ciudad, y por si esto fuera poco, se habla poco de suelo. Siendo que la definición más pura de un campamento es la ocupación del suelo, más que la consolidación de un hogar.

Un artículo (2) de la Revista Eure entrega a la discusión tres elementos que son clarificadores. En todos ellos el factor suelo es relevante y en él se sustenta la persistencia de los campamentos. Primero, cuando las familias “toman” un terreno o cuando deciden vivir en un asentamiento informal que ya existe, están ejerciendo su preferencia de localización. Esta “localización” está cerca de los lugares de concentración de oportunidades de trabajo, transporte, acceso a servicios y redes familiares. La importancia que tiene la localización para las familias de campamentos permite explicar que continúen ingresando familias a vivir en campamentos. Según el artículo, el 61% de los hogares que residían en campamentos de la RMS el año 2008 habían ingresado entre los años 2000 y 2008.

Segundo, los campamentos están mejor ubicados que la vivienda social. Si comparamos los valores de suelo de los campamentos con los de los terrenos en donde se emplaza la vivienda social, la evidencia es clarificadora: un 27% de los campamentos están ubicados en comunas con precio de suelo alto, contra sólo un 8% de las viviendas sociales. Si aislamos el factor valor de suelo, la decisión de las familias será vivir en el campamento.

Tercero, un 52% por ciento de los hogares preferiría quedarse en el campamento y en las mismas condiciones habitacionales actuales, antes que irse a una vivienda social lejos de la comuna en la que reside actualmente. Esto se traduce en que el 59% de los hogares está dispuesto de ahorrar más dinero que lo que el Estado les exige (UF 10,5) con tal de permanecer en el mismo lugar.

A estos tres elementos podemos agregar información de un estudio del año 2005: Las decisiones de compra y precios pagados por los adquirentes de vivienda social usada, muestran una disposición a transar 7,5 metros cuadrados de vivienda por cada kilómetro más cerca del Centro de Santiago.

Al parecer las respuestas no van por el lado de la eficiencia, los costos de construcción, la Cámara Chilena, los subsidios y los “vouchers”. ¿Cómo enfrentamos el problema entonces? En el año 2004 se modifica la política habitacional y bajo la figura del Fondo Solidario de Vivienda se incorporan fondos especiales para la compra y habilitación de terrenos. Si bien, el subsidio especial a la localización (UF 200/familia) ha permitido el emplazamiento de proyectos en zonas consolidadas y la construcción de nuevos barrios en la misma comuna a la que pertenecen las familias de campamentos, estos casos son los menores.

El Fondo Solidario de Vivienda está estructurado bajo el supuesto de que las familias pueden elegir su vivienda, su barrio y la comuna en donde van a vivir. Los montos del subsidio los podemos desagregar en 200 UF para el terreno y 370 UF para la construcción de las viviendas.

En la realidad, el subsidio específico a la localización ha sido incapaz de competir por suelo bien localizado y en la práctica ambos subsidios se han unificado bajo la lógica del mercado inmobiliario: un único monto disponible para vivienda y terreno. La única opción que han tenido muchas familias ha sido elegir dentro de la oferta que el sector privado entrega: conjuntos extensos en las afueras de la ciudad y todo aquello que el inconsciente colectivo entiende por vivienda social.

Debido a este mecanismo de financiamiento se han generado barrios gestionados por inmobiliarias que rentan con el suelo, que maximizan sus ganancias comprando suelos a valores rurales, contribuyendo a la aglomeración de conjuntos en la periferia y lejos de las oportunidades.

Con una política pública enfocada en el déficit habitacional y no regida por un enfoque de ciudad y oportunidades se hace complejo acabar con los campamentos. Si acabar con los asentamientos irregulares es de verdad un objetivo, no sólo hay que fijar plazos: es necesario cambiar el enfoque. La gestión de Suelo se hace imperativa y primordial. El Estado debe tener un rol primordial en la adquisición de suelo y no tanto en la construcción. El peor error seria aumentar los montos del subsidio. El mercado inmobiliario es flexible y se acomoda. Muchas veces los terrenos han sido comprados por los montos máximos disponibles, aún costando menos.

Lamentablemente, las señales del Gobierno no van por el lado correcto y si hacia el aumento de “soluciones” y “montos disponibles”. La figura del “voucher” cada vez se hace inminente (eliminando de paso el capital social existente en los campamentos).

Irarrázaval sabe perfectamente que con la política pública que pretenden implementar, acabar con los campamentos verdaderamente es una quimera. * Arquitecto Area Vivienda Definitiva, Un Techo para Chile

(1)Según catastro de MINVU, hoy existen 706 campamentos en Chile. Lo que corresponde a 33.000 familias. (2)Vivir en Campamentos: ¿Camino hacia la vivienda formal o estrategia de localización para enfrentar la vulnerabilidad? EURE [en línea]. 2010, vol. 36, no. 109.

1 Comentario

  • Felicitaciones por la pluma muy pedagógica para un tema peliagudo.

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