21 de Mayo: Piñera y sus opositores.

18 de May, 2011 | Por | Sin Comentarios

La brecha que se abre entre sociedad y política tiene que ver con las dificultades de acoger y procesar la subjetividad. Ésta no es una materia prima anterior a lo social; es una construcción cultural. (…) Me pregunto, empero, si el sistema político tiene “antenas” capaces de ver y escuchar, más allá de las reivindicaciones ruidosas, los murmullos y silencios de la calle.
Norbert Lechner citado por Eduardo Rojas.

El Presidente Sebastián Piñera llega al 21 de mayo con muchos flancos abiertos. Demasiados. Enfrentando, al menos, dos tipos de oposiciones: la oposición institucional, es decir la concertación y las fuerzas tradicionales de representación política de centro e izquierda y la oposición extrainstitucional, que no está, necesariamente, representada por los partidos políticos ni por sus caudillos.

Poniéndolo en simple, Piñera debe dar cuenta frente a sus adversarios políticos y al poder extrainstitucional de los fácticos de siempre, pero también a un nuevo poder que está emergiendo, ubicuo y de difícil categorización, el nuevo poder ciudadano. Será difícil para un político como Piñera, nada diestro con las palabras, salir bien parado este 21 de mayo. Ya no hay terremoto para llamar a convenientes “unidades nacionales” y el capital de popularidad del rescate de los mineros fue dilapidado rápidamente, seguro de tanto manosear el famoso papelito.

Vamos viendo:

a. Para la oposición institucional, la que estará sentada en el congreso pleno, el principal argumento es que Piñera está conduciendo un gobierno que no realiza lo que promete, que no ha tenido un sólo mes sin goles en la propia valla y que dilapida la confianza que le dieron la mayoría de los chilenos que le votaron, en resumen, un gobierno que carece de conducción política, incapaz de manejar la agenda cotidiana del país y cumplir las expectativas que generó en la gente.

La oposición institucional ha podido golpear al gobierno con un par de eslóganes (como el de la letra chica y denunciar como cantinela el discurso de los problemas heredados) y en menor medida con la defensa de las garantías de protección social construidas en la era de la Concertación.

Algunos de sus más diestros sabuesos (como el Senador Navarro) se perfilan como agentes de un asedio que se espera constante. Los casos Kodama, Intendenta del Bío-Bío y la escandalosa no Reconstrucción augura un año difícil para el gobierno aliancista. Los políticos de profesión estarán ahí para hacerlo ver y gritarlo a los cuatro vientos, es su pega, ya que, en la práctica, esta oposición está haciendo lo que la derecha hizo durante 20 años, hacer cuesta arriba el esfuerzo de la administración de turno, nada nuevo bajo el sol.

En general, todos sabemos que el desempeño de esta oposición está políticamente al debe, tanto por lo que ellos mismos hicieron al mando del país como por lo que pretenden volver a ofrecer en las próximas elecciones municipales, parlamentarias y presidenciales. Piñera también lo sabe, sabe cómo poner en aprietos a los parlamentarios y dirigentes políticos poniéndolos contra sus propios errores en gobiernos pasados.

La oposición institucional, especialmente los que se aglutinan en torno a la Concertación está persistiendo en una táctica que no lleva, necesariamente, a un final feliz.

Es probable que las cuñas post 21 de mayo sean más de esta estrategia que de un planteamiento algo más audaz o innovador, la estrategia que si bien no tiene grandes réditos en la ciudadanía rinde en la feligresía concertacionista: no da lo mismo quien gobierne.

No nos engañemos, el descontento ciudadano con la política y la Concertación como “objeto transicional” de ese malestar sigue tan vigente como el día en que el electorado eligió a Piñera. Hace un par de semanas una encuesta mostraba que si bien el  42% se declara opositor, sólo el 29% apoya la labor de la Concertación. Los que creen que el mero retorno de Bachelet los pone en competencia nuevamente, están cometiendo un grave error. Hoy por hoy, si Bachelet o cualquier candidato de la hoy Concertación gana la próxima presidencial será a pesar del conglomerado no a partir de él.

b. Para los fácticos de siempre, que son gente conocida de Piñera, el problema es que llegan molestos al 21 de mayo (no crean, eso si, que los verán marchando en la calle, que ordinariez), molestos con la “poca audacia”, la “oportunidad perdida”, la falta de “las ideas de la derecha” en el accionar del Gobierno. Su discurso ejemplar son los Hernán Büchi o los Carlos Cáceres. Son los que han manejado, con la connivencia del poder político, los hilos de la derecha en la época de transición, sus sombras y sus más profundas oscuridades.

Políticamente representados más en la UDI que en RN no logran convencer al gobierno de profundizar el modelo económico, desregular y aprovechar las ventajas que una economía abierta debiera estar dando a sus arcas.

Hay un rasgo de fisura en el empresariado y los poderes fácticos, tanto por la poca prolijidad gubernamental a la hora de distribuir los “bienes públicos” (como en la reconstrucción) como en esta soterrada lucha de la élite empresarial entre “productores” y “mercaderes”. Este gobierno apostó por el retail y eso supone que una parte de los empresarios no están invitados a la fiesta de hacer de Chile la gran plataforma de negocios para Latinoamérica que todos esperan. El “clima de negocios” tiene sus nubarrones en el horizonte.

En general estos problemas de élite no afectan el rendimiento político contingente de un discurso del 21 de mayo pero pueden gatillar crisis en los apoyos a la siguiente carta aliancista a La Moneda. Si tienen peso real en los partidos de derecha no debiera sorprender que la Alianza o las fuerzas de derecha lleguen con más de un candidato a la elección del 2013. Fácticos peleando por el poder económico. Como siempre.

c. El convidado de piedra de este 21 de mayo es el nuevo poder ciudadano representado por la masividad de en un conjunto de movilizaciones que dan cuenta del descontento con las formas del proceso de toma de decisiones respecto de cuestiones estratégicas para el país.

Sería un error creer que la masividad de las marchas ciudadanas es un mero problema de “jóvenes ideologizados” o “ambientalistas furiosos”, ni siquiera “un problema epocal”. Creo, como varios ya han señalado, que estamos ante un hastío real y profundo ante la forma del funcionamiento institucional del país, toma fuerza en la ciudadanía que “el pueblo llano” no es relevante en las decisiones clave que comprometen el futuro de todos y eso indigna. Es una demanda a la calidad de la democracia. Una pulsión social que toma forma y se organiza por nuevos medios (digitales) donde los liderazgos no son claros y las estrategias son mucho más cercanas a la comunicación de masas que a la comunicación política.

Tampoco nos engañemos en este sentido, las movilizaciones son todavía pura acción, pura espontaneidad, no son un proceso de crítica abierta a  la institucionalidad, sin embargo están haciendo ver que los murmullos y silencios de la calle están tomando forma no tan solo de descontento, sino de movilización. En buena hora.

La anestesia transicional se ha acabado. Que vuelva la democracia y la subjetividad a inundar de sentidos nuevos las conversaciones  y la política, es un llamado no sólo a la dimensión procedimental del funcionamiento institucional también a su sentido. Si el 21 de mayo tiene más de ésta oposición que de las otras será algo menos predecible, más vivo, con más futuro.

Creo que este nuevo poder ciudadano, como en otras partes del mundo, puede ser bueno o malo para la democracia dependiendo del nivel y sobre todo de la calidad del diálogo que el sistema político está dispuesto a establecer con las nuevas demandas ciudadanas. Si la interlocución es baja la democracia pierde, si la interlocución es alta, aun tenemos patria ciudadanos.

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