La “gallá” no sabe lo que hace

10 de May, 2011 | Por | Sin Comentarios

Este martes se aprobó en general el proyecto de ley que establece la inscripción automática de los ciudadanos en registros electorales así como el voto voluntario. Aunque es evidente el apoyo ciudadano a esta iniciativa -argumento utilizado por el gobierno en documentos distribuidos entre sus legisladores- existe, a mi modo de ver, una grave objeción democrática que hace que esta propuesta deba ser desechada de plano; o bien que, en caso de aprobarla, devele las ideas liberales y antidemocráticas de quienes las suscriben.

No es necesariamente cierto, de partida, que el voto voluntario obligue a los políticos a elevar el nivel de la actividad. Contrariamente a lo que se piensa, los niveles de abstención en los países que suscriben esta modalidad de sufragio son extraordinariamente altos. Como plantean Asahi y Paulsen: “una decisión más entre tantas otras, dónde comprar o no comprar, ir a la fiesta o no ir, llamar por teléfono al amigo enfermo o no llamar, ponerse abrigo o no ponérselo, votar o no votar, todo parece que se mezclara como parte de una misma lógica de decisiones soberanas del individuo”.

Economizar o reducir a dinero esta discusión puede llegar a ser atractivo, aunque insuficiente. En ese sentido, los esfuerzos por demostrar que la adopción de esta política pública constituiría un perjuicio en las políticas redistributivas del ingreso es un progreso. Así también el reafirmar que el deber del voto es otra más de las obligaciones de la comunidad política como la obligación de declarar y pagar impuestos, enviar a los niños al colegio y otros.

Con todo, más que economizar la clave del asunto es atacar el fondo de la objeción liberal a este tipo de políticas de obligatoriedad. Aquel que ha sido el punto de enfrentamiento más grande con las teorías democráticas y republicanas. El liberalismo, en su tradición clásica, es opuesto a la democracia, por cuanto considera que la adopción de decisiones mayoritarias suprime las iniciativas individuales como también las maneras de experimentar diversas concepciones del bien.

Los liberales advierten la existencia de la “tiranía de la mayoría”, la cual puede amenazar la libertad individual. Asumiendo esta tiranía se han creado remedios por un conjunto de instituciones que establecen la protección de los derechos individuales, cosa buena, y en algún sentido, algunas modalidades de sufragio no igualitario, como el voto censitario abolido en Chile en 1888. Si bien estas regulaciones son en extremo deseables para la regulación del poder de las autoridades y de quienes detentan el poder, algunas, como las relativas al voto, son antidemocráticas e inaceptables.

Defender como oposición al gobierno de derecha, el voto voluntario y la inscripción automática constituye una regresión al liberalismo de rasgos conservadores.

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