El caso Kodama y la muerte de la probidad

28 de abr, 2011 | Por | 2 Comentarios

Las agendas de política pública en materia de probidad y transparencia parecen ser ya un cliché para cualquier gobierno democrático. En especial cuando se habla de las promesas incumplidas de la democracia y de la irrupción de la posibilidad de que cada individuo sea una fuerza política en sí mismo. Los escándalos en esta materia, como también cualquiera que llame a la reforma o a la modernización del aparato público, son otro cliché.

A partir de esas obviedades, nacen las políticas, asunto nada nuevo: en 1994 una Comisión de Ética Pública, detonada por el caso Dávila; en 2003, una Agenda de corrupción detonada por el caso MOP-GATE y las posibles salpicadas al Presidente Lagos y, finalmente, el grupo de hombres buenos que se juntó en 2006 para la llamada Agenda de la Presidenta Bachelet. Esta última incluía numerosas reformas que, con excepción de la de acceso a la información pública y la reforma a la calidad de la política, han demorado más de lo razonable: modernización de la Contraloría General de la República, ley del lobby, ley de modificación de la alta dirección pública, normas sobre fideicomiso ciego, reglas sobre la puerta giratoria.

El día viernes pasado el Ministro Larroulet dio un pobre discurso en materias de gobernabilidad y transparencia ante la Presidenta de Transparencia Internacional, Huguette Labelle. Probablemente ella sabe, más allá de las frases de buena crianza que acompañan a cada una de estas visitas, que en la web del centro OBSERVA – dependiente del Capítulo Chileno de Transparencia Internacional- se reporta que la mencionada agenda tiene sólo un 19% de cumplimiento a la fecha. Aquellos que mucho pontificaban con esto, en especial los que hicieron su fama de ser denunciantes, reflotan ahora otros tema de aparente similar urgencia.

La reforma en materia de acceso de información de los actos y resoluciones del Estado, de 2008, significó un paso adelante, pero no fundamental. En un país pequeño, que busca ser desarrollado, el amiguismo y el conflicto de intereses en materia corporativa es campante: los beneficios supuestos de una gestión moderna, importada desde el mundo del management, llegó con sus vicios a cuestas con la llegada de la nueva forma de gobernar. Ahora abundan, según muestra el caso Kodama, los telefonazos, los regalos caros, los pasajes de avión, los asesores que “saben lo que valen” y la falta de prolijidad jurídica. Y se valoran así también los gestos de renuncia como “extraordinarios” y “republicanos”.

Detrás de los conceptos que el management desprecia por ignorancia y por argumentos de eficiencia se observan los fundamentales de la democracia representativa, aquellos que notoriamente flaquearon esta semana. ¿O acaso no constituye una legítima expectativa ciudadana que el abogado señor Baeza hubiera pagado su negligencia con alguna sanción administrativa que le hubiera impedido volver a ocupar cargos públicos y haber restituido parte de los dineros involucrados?.

Lo más grave de todo es que en cualquier gobierno de la Concertación, donde hubiera ocurrido un caso tipo Kodama o de subvenciones truchas, la histeria por la probidad y la transparencia hubieran hecho tal mella en la coalición actual opositora, que ya estaríamos hablando de una “batería de proyectos” para poder acabar con “este flagelo”. Pero, con la llegada de la derecha al poder el concepto de probidad fue herido de muerte.

2 Comentarios

  • El dinero todo lo puede. Al menos eso es lo que parece que creen estos señores. En Colina está pasando algo similar: mientras tengas plata para pagar, no hay falta, no hay castigo, no hay sanción y, ciertamente, no hay probidad ni honestidad que puedan con ello. ¡Viva el cambio!

    Saludos.

  • Exponer est. tipo de temáticas nos ayudan a crecer como país.

    Gracias por existir Blog. delaRepública!!!

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