Por quinta vez reelección en la CUT: ¿sindicalismo para qué?

19 de Abr, 2011 | Por | 7 Comentarios

Ayer fue el congreso de la CUT, incidentes, votos políticos, invitaciones a la construcción amplia de una oposición y un largo etcétera que nos recuerda, de tanto en tanto, que en Chile existe el movimiento sindical pero que este es anecdótico, pintoresco, parte del paisaje institucional post dictadura pero nada más. ¿Poner temas en agenda?, no, ¿para qué?, total si ya estamos contra la flexibilización, con eso basta.

Mientras en el otro extremo de las Relaciones Laborales el empresariado cranea con lo mejor del capital humano local nuevos y más eficientes modelos de negocios, externaliza, subcontrata y precariza el trabajo a su antojo. Y más encima alega por la baja productividad del trabajador chileno y todos los aplaudimos por internacionalizar nuestra economía (la de ellos más bien).

Los economistas neocon hacen gárgaras acusando la excesiva rigidez del mercado laboral chileno y los economistas neoprogres se ponen rojos ante la OCDE por una mísera indemnización de 11 años de servicio.

Hay tanto por donde partir y el movimiento sindical no hace nada. El sindicalismo chileno no tiene una causa, ni posee las herramientas para conducirla, esto es una real tragedia para los trabajadores (que siguen siendo la mayoría).

El sindicalismo criollo no conoce los códigos de la economía del SuperCapitalismo ni de sus impactos, como explicó en Davos Robert Reich (un tipo nada de ultrón en un lugar nada de combativo), ex ministro del trabajo de Clinton :

“Ese cambio fue provocado por la acción convergente de tres fuerzas: la aparición de nuevas tecnologías, la globalización y la desregulación. El supercapitalismo es bueno para los inversores, que maximizan sus beneficios, y para los consumidores, que pagan cada vez más barato, pero es pésimo para los trabajadores”

¿Por qué? porque en el ambiente supercompetitivo de la globalización las empresas presionan a la desregulación laboral con la promesa de mayores niveles de competencia y bajos precios para los clientes, hacen lobby, convencen y terminan desregulando el trabajo.

En una sociedad de consumidores (y no de ciudadanos) los trabajadores no existen, las leyes y protecciones laborales siempre son vistas como nefastas porque provocan desempleo. Paraíso para el capital en las siempre bien soleadas costas de la desregulación.

¿Se han fijado como amenazan usualmente los representantes gremiales con el desempleo? En Chile acaba de pasar con la comida chatarra y hace un año con el cierre de los supermercados para el Bicentenario.

Un nuevo sindicalismo tendría que ser un actor capaz de enarbolar las nuevas banderas de la explotación que sufren hombres y mujeres en las industrias de servicios, el comercio detallista, al por menor o minorista (el retail), la venta de intangibles, la externalización ad infinitum y la economía informal. Tendría que ser capaz de entender el entorno y mirar dónde el trabajo está siendo abusivo, indigno, intolerable.

En el Nuevo Espíritu del Capitalismo, como lo describen Boltanski (que está de visita en Chile) y Chiapello, existen nuevas y más duras formas de dominación, exclusión y alienación necesarias de ser denunciadas, combatidas y superadas por la fuerza de los actores sociales organizados, y esas son, en muchos casos, luchas distintas a las que nos tiene acostumbrado el movimiento sindical criollo. El trabajador migrante, el subcontratado, el último eslabón de la cadena mundial de valor, ese sujeto incapaz de acceder a los beneficios de un trabajo regulado debería ser la causa del sindicalismo, armar sindicatos en empresas y rubros que no los toleran, luchar por extender, con creatividad y tesón, la afiliación sindical, democratizar el funcionamiento de las organizaciones de trabajadores, limitar la excesiva “profesionalización” dirigencial.

En Chile tenemos muchos ejemplos por donde partir, somos campeones en la construcción de nuevas formas de abuso laboral. ¿Quién vela, por ejemplo, por  los trabajadores de call center que deben responder “amablemente” y ser “condescendientes” con clientes furiosos arriesgando su salud mental y tolerando abusos e insultos?, ¿quien cuestiona la seguidilla de amarres (mal llamados incentivos) que obligan a los vendedores del retail a engañar a los clientes buscando comisiones por hacer un sueldo algo más digno?, para qué decir de las viejas formas de explotación: el encierro de trabajadores, el uso de pañales para mantenerse en el puesto de trabajo, el no pago de horas extras, las mínimas condiciones de seguridad, el acoso laboral, las deudas previsionales.

Se han hecho cosas, es cierto, pero muy pocas como para decir que son fruto de las luchas del movimiento sindical. El sindicalismo es una lucha constante por la dignidad en el trabajo y es la indignidad la que avanza. Los trabajadores sienten miedo y agachan el moño porque como un ministro de hacienda de la Concertación dijo alguna vez “hay que cuidar la pega”.

Es cierto que hay derechos mínimos que ayudarían, como los sindicatos por ramas y la negociación interempresa, pero la burocratización del sindicalismo local, su caudillismo, la ausencia de interlocución con otros actores y la férrea obstinación de sus dirigentes por controlar a las bases es responsabilidad de los dirigentes y en eso no han avanzado nada.

El pacto social que sostuvo a la Concertación en sus primeros años ya no representa la realidad de la economía y la sociedad actuales y sus dirigentes tampoco.

El movimiento sindical debe ponerse a la altura de las circunstancias del país, renovar sus estrategias y pelear por ser un actor relevante en las luchas sociales de nuestro tiempo. El presidente de la CUT, Arturo Martínez, va por su quinta reelección en un cómodo pacto de gobernabilidad PS-PC que le ha permitido mantener el control pero le ha restado capacidad de acción a la multisindical chilena. Eso ya no sirve.

Basta con el miedo de que los movimientos sociales se “descontrolen”, para hacer de Chile un país con trabajo más justo necesitamos un canal de expresión más ancho que la precaria institucionalidad del movimiento sindical actual, llena de vericuetos opacos y cerrados a la participación. Hay una oligarquización del movimiento sindical y eso es nefasto para los trabajadores, en especial para los más explotados.

Tanto jugar al empate terminó arratonando la táctica y minando la voluntad de cambio. Da la sensación que las organizaciones sindicales quieren estar bien tanto con el gobierno y el empresariado, como con las bases y  los políticos de oposición, negociando siempre a más de una banda.

El caso de Martínez es muy decidor, el que hoy llama al “año de la movilización” es el mismo que dijo que con este gobierno se puede entender mejor que con los anteriores y que la CUT no es de oposición:

“Me he ido dando cuenta de que al gobierno le interesa que a la empresa le vaya bien y, para que eso suceda, a los trabajadores también les tiene que ir bien. Yo quiero que a todos les vaya bien. El gobierno se equivoca si piensa que la CUT es una organización opositora.” (vea nota completa aca)

¿Sindicalismo para qué? Así no sirve.

7 Comentarios

  • Así con la Ley de Hierro de la Oligarquía…

  • Excelente columna. Necesitamos recambio en todos lados. Recuerdo que una vez fui a Bolivia, en un viaje político, acompañando a un conocido dirigente de la JS. Este explicó con fuerza que el Partido Socialista poseía el control de la Central de Trabajadores, y tenía una gran conexión social.- En un contexto en que nuestros interlocutores eran miembros del Movimiento al Socialismo, no de Navarro, sino el de Evo Morales-.

    Cuando terminó de hablar el dirigente, el representante de la Fundación anfitriona – quiénes nos habían invitado-, desmintió con fuerza las palabras del joven, aludiendo a que si bien era efectivo que la CUT estaba dirigido por un socialista, esta no representaba ni 1/10 de los trabajadores en Chile, y que hace mucho tiempo, sus acciones eran poco efectivas.

    Los políticos están en una esfera y la ciudadanía en otra, definitivamente.

    Impecable análisis Sebastián. Un abrazo!

  • Buen artículo. A mi me late que en parte al menos, pasa por un problema de identidad. ¿quien se siente interpelado hoy cuando le dicen “trabajador”? ¿como construir un movimiento o simplemente sostener una postura desde una base tan frágil?. Alguna vez creo haber leído a G. Salazar sostener que tal vez la cosa pueda revertirse desde esa capa de profesionales precarizados que tienen un grado de formación aceptable como para entender las complejidades del escenario actual, pero que comparten las precariedades y desequilibrios de los trabajadores temporales. Pienso en gente que trabaja por proyectos, a honorarios, en municipios, servicios públicos, etc. Mientras, pienso que es indispensable abrir canales de conversación sobre todo entre las ciencias sociales y el agonizante mundo sindical. Tal vez en esa clase de instersticios pueda surgir algo diferente.

  • Como sociedad ultra adiestrada en una mirada de si misma capitalista, nos hemos convertido en agentes economicos, consumidores que deben exigir sus derechos. Es gracioso, pero al chileno le gusta la plata y que le paguen bien, asi que la cut, anef, colegio de profesores y demas gremios, solo se preocupan de su estabilidad laboral, de reajustes, bonos, sueldos. Yo no los criticaria, ya que son un reflejo de Chile, pero da pena que los dirigentes no puedan ir mas alla, que esten tan desencantados como todos. Esa lucha por un trabajo mas digno, mejor salud o educacion de calidad ya no forma parte de la agenda de los gremios. Si incluso el sernac ofrece una capacitacion para profes sobre el consumo. Siento que falta mas reflexion sobre las consecuencias de nuestra educacion ciudadana. Claro que ahora nos atrevemos cada vez mas a reclamar por nuestros derechos, pero tb reclamamos por si acaso nos ganamos unas lucas. No hay etica, no hay conciencia, estamos dormidos.

    Saludos (@ro_meza)

  • Vicente Ségure says:

    Buen análisis y acertada la crítica. Ahora, ¿qué hacer frente al escenario actual? Teniendo en cuenta el hecho de que alrededor del 10-15 % de los trabajadores chilenos están sindicalizados, que la CUT representa a un 10% de ese porcentage, que existen otras organizaciones multisindicales en pugna con la CUT, que la principal central de trabajadores chilenos lleva 10 años, 5 periodos!!!!! con el mismo liderazgo, que ni la ley (Código del trabajo) ni el Estado se encuentran de parte de los trabajadores,que existe una descontextualización de nosotros ciudadanos con respecto a lo que podemos (¿debemos?) exigir en materia laboral.La respuesta no es simple. Pero si existe un comienzo para resolver esta pregunta, apunta a mi parecer, cómo en tantas otras áreas; a la educación. Educación cívica y no está demás decirlo, educación sindical, para volver a ser ciudadanos y dejar de ser consumidores.

  • Tremendo artículo. Siempre me había preguntado por qué la CUT era una institución tan anticuada y tan caudillista, con una retórica setentera que poco ayuda para contener el monstruoso capitalismo desregulado. Al final, sus líderes son tan o más lobbystas como los “jefes” que se juntan en Casapiedra a discutir el futuro empresarial. Difundo.

  • Vamos sumando clamores. Ya es evidente para todos/as que la CUT, como está, no va más. De hace un año atrás:

    http://www.elciudadano.cl/2010/05/06/cut-concertacion-y-crisis-de-un-ciclo-sindical/

  • Deja un Comentario