Los sombreros de Herman

12 de dic, 2010 | Por | Sin Comentarios

Para aquellos que no creen en que los vivos son vivos porque se levantan más temprano, hay que ver a Herman Chadwick, o si ud. prefiere, don Herman, si lo ve de terno y corbata en alguno de los cócteles donde concurre en su calidad de, hasta hoy, Presidente del Consejo Nacional de Televisión (CNTV), como de la Asociación de Concesionarios de Obras de Infraestructura Pública S.A. (COPSA). Cuando llegó el gobierno de su primo Sebastián Piñera – quien ha sido extremadamente poco prolijo en cuidar sus conflictos de intereses- supo hacer una captura regulatoria maestra: trasladar en vía directa a su querida fiscal, Loreto Silva, como Subsecretaria de Obras Públicas; y a su buen Mauricio Gatica, uno de sus manos derechas, como Coordinador General de Concesiones.

Pero hay días en los que Herman es un hombre público, un pensador y un cautelador de los más altos valores de la República a través de la presidencia del CNTV, defendiendo a la Madre Iglesia y a la figura de Jesucristo; condenando junto a otros próceres, el humor del “Club de la Comedia” respecto a Jesús y sus discípulos. Ahí, es de donde alguna vez también criticó la ordinariez del centro de Santiago, en carta a El Mercurio.Y es desde su otro sombrero, el de Presidente de COPSA,  donde establece la conveniencia de acelerar la infraestructura chilena y la entrega a los privados de todas las cosas que el Estado no hace o hace deficientemente. Un adláter del principio de la subsidiariedad.

Y es que este hombre público, campechano orgulloso y rey de los pasillos, demuestra ser de Estado y promotor del bien común proponiendo ingeniosas (y jugosas) ideas privadas. Y el emprendimiento no tiene nada de malo, sólo cuando se hace utilizando los recursos de los pasillos de manera desigual y jugando a dos bandas. ¿Cómo es posible ser jefe de servicio y promotor de uno de los negocios de mayor rentabilidad en el país sin siquiera una mueca de verguenza en el rostro?. Chile, país OCDE, lo hace posible.

Su ingenio y su llegada a los medios, lo hacen promotor impenitente de ideas “geniales”:  cada imperfección de la provisión de servicios por parte del Estado, es una renta y una oportunidad: carreteras concesionadas, hospitales, cárceles, nuevas rutas, teleféricos, trenes ligeros. Ahí estará él, con su prosa, sin desmayo. Y estuvo ahí, en la tragedia de la cárcel de San Miguel, desde donde el ex ministro de Obras Públicas, Eduardo Bitrán, uno de los tecnócratas damnificados por su inmenso poder, alega en El Mostrador contra su estatura y poca verguenza de su afirmación de eficiencia brutal: “si hubiese existido Santiago II, no hubiera ocurrido el hacinamiento en San Miguel”.

Bitrán alega que en la mayoría de los contratos asociados al negocio de las concesiones en lo que a las cárceles se refiere, hubo demandas de los concesionarios al Estado para solicitar aumento de costos. Pues ellos maximizan rentas y no ven problemas en eso.Y mientras mayores oportunidades mejor, y sí es en la opacidad, qué espléndido.

Mientras, algún comentario sale de algún pasillo: Y si los escenarios se dan perfectos -alguien dice sin dudarlo- qué estupendo sería que Herman se quedara a cargo de la Presidencia del Consejo Nacional de Televisión. Y qué maravilla de la Providencia de que justo el viernes se le haya confirmado. Bajo el escenario de una prensa impune que nada dice de estas cosas, es el crimen perfecto. Digo, ¿quién pondrá cota a tan tremendo poder?

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