El martes negro

05 de Dic, 2010 | Por | Sin Comentarios

A esta hora, existen dos realidades confluyentes. Una, un tributo al chilean way, que se evidencia en la  web de La Tercera durante la semana: el ministro de Hacienda, Felipe Larraín, respecto al desempleo sostuvo: “Es una de las mejores noticias que hemos tenido el último tiempo”. La segunda, la que no se vio en el duopolio libertario de la prensa chilena, es la ola de despidos ocurrida en la Administración del Estado, asunto que se ventila en las redes sociales y en algunos sitios web.

El pasado 30 de noviembre, fue cuando el Gobierno de turno decidió asimilar con hechos una visión errónea respecto de la administración estatal, que hace mucho tiempo, probablemente desde el gobierno de Frei hijo, se produjo: que el sector público es homologable al sector privado; y que por tanto, las políticas de minimización de la función pública pueden ser buenas y deseables. Lo que se llama violentamente en lenguaje gerencial “sacar grasa”, porque detrás de esto hay grasa, no seres humanos.

Esto fue una amenaza planteada desde principios de los noventa desde las políticas del FMI y del mismo Banco Mundial en orden a asumir la flexibilidad del personal como parte de los deseables incentivos, y de la puesta en forma de los servicios públicos, quienes desde el punto de vista de esta visión gerencial burocrática, la Nueva Gestión Pública, compiten entre sí. Con la menor grasa posible.

Olvidaron, desde el Banco Mundial, una reflexión que se está produciendo  ahora en la academia: la razón de la existencia de la inamovilidad de los funcionarios públicos es su permanencia -por sobre los gobiernos- para la realización de las políticas públicas y del amparo al arbitrio de los cambios de poder.

Recordemos que el señor Presidente entregó en calidad de candidato un tríptico que decía: “A los funcionarios públicos: no serán despedidos”. ¿Qué dirán ahora los que votaron por él?

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