Voto voluntario: ganó el “carrete”. Columna de Antonio Cortés Terzi.

03 de nov, 2010 | Por | 7 Comentarios

El 23 de enero de 2009, tres semanas antes de su muerte, Antonio Cortés publicó en Centro Avance esta columna respecto a la aprobación del voto voluntario en el Congreso. A casi dos años de aquello la reproducimos dada su porfiada actualidad.

Las calidades de los análisis políticos –al menos de aquellos que se conocen públicamente- están en rápida y abierta caída. Es como si, abruptamente, los analistas hayan dejado de explicar o interpretar las jugadas de maestros del ajedrez y estén dedicados ahora a observar y comentar partidas de damas entre infantes.

En verdad, en Chile y en los últimos tiempos, el análisis político ha devenido en una “lata”, en una actividad rutinaria y desmotivante. Sobre todo, aburridísima. Y todo ello, simplemente, porque el “objeto de estudio”, o sea, la política, se ha reducido a una interlocución casi puramente entre sujetos de las misma “casta”, cuyos rostros son archiconocidos, lo mismo que sus discursos, gestos, propuestas y argumentos. Y éstos últimos, además de reiterativos, triviales, la mayoría de las veces.

La política y sus debates se han tornado tan inertes que escasamente producen sorpresas, hechos o situaciones realmente no previstas.

Lo curioso es que todo esto ocurre en momentos políticos preñados de cambios, de incertidumbres y de ofertas político-históricas desafiantes.

Pero, en lo grueso, la política nacional que inunda la prensa, sigue habitando una ínsula.

Las recientes polémicas y acuerdos sobre el asunto de la inscripción electoral automática y el voto voluntario, permiten graficar la tendencia insular y banal que afecta a la política criolla.

Analíticamente, lo más interesante, para los efectos de este artículo, son las posiciones defensoras del voto voluntario, posiciones que parecieran representar opiniones mayoritarias, particularmente entre los jóvenes, es decir, entre el segmento al que le toca más directamente el tema.

En rigor, resulta muy cercano a lo escandaloso que se propague la idea que el voto voluntario es un avance “democrático” y progresista”.

Piénsese, de partida, que tal resolución es un retroceso objetivo respecto de una finalidad que está en los orígenes de las luchas por la democracia: la expansión del derecho a voto hasta alcanzar el otrora “sueño” del voto universal. Postular el voto voluntario, de una u otra manera, es declarar, en algún grado, estériles o innecesarios los esfuerzos y los sacrificios que por décadas y hasta por siglos realizaron los movimientos sufragistas.

Es cierto que la ley (o el proyecto aprobado) no conculca el derecho a voto, pero sí lo conculca la realidad objetiva, como lo han señalado con argumentaciones reflexivas y probas y con datos sólidos los partidarios del voto obligatorio. Tampoco ninguna ley priva al ciudadano del derecho al libre movimiento, pero sí está privado de él, objetivamente, quien carece de recursos para trasladarse de un determinado lugar a otro.

Es decir, aquí se repite el viejo subterfugio ideológico demo-liberal e idealístico de declarar libertades que son impracticables para las mayorías porque no disponen de las condiciones terrenales requeridas para su realización.

En concreto, el voto voluntario no expande el voto universal, ergo, es una ironía consignarlo como “democrático” y “progresista” y es, a su vez, una mofa al pasado de las fuerzas progresistas y democráticas.

Es dable deducir, de la discursividad de los promotores del voto voluntario, que a éste lo consideran expresivamente “democrático” y “progresista”, porque las encuestas indican que los jóvenes se inclinan por esa fórmula. Es decir, los jóvenes habrían “sufragado democráticamente” -vía encuestas- por el voto voluntario. ¿Habrán llegado los jóvenes a esas posiciones después de largas y sesudas excogitaciones?

Por supuesto que no. Son respuestas espontáneas que surgen merced al imperio de la “ley del mínimo esfuerzo”, de la influencia que ejerce el discurso mediático y que posee un fuerte contenido anti-política, etc. Pero lo más gravitante en esa definición juvenil es que descubrieron, pragmáticamente, que el acto de sufragar contradice o coarta el “derecho” al “carrete”, al sagrado rito sabatino (y ya no sólo sabatino), pues en el curso de sus vidas tendrían que renunciar una catorce veces al reposo dominguero. Todo lo demás es poesía.

Los parlamentarios “solidarios” con la juventud han entendido esa realidad tan “moderna” y han actuado en consecuencia al dejar en sus manos la opción de votar o de “carretear”.

He ahí lo insular de la política criolla. Habría que informarles a estos parlamentarios que si algo ha develado la crisis económica mundial es la fragilidad de la política, de las instituciones políticas y de las propias sociedades para enfrentar y sobreponerse al formidable poderío económico, político, comunicacional, etc., que acumulan las redes mundiales conformadas por los conglomerados económicos.

Si pudieran entender aquello, tal vez podrían entender también que el voto voluntario es una amenaza corrosiva para la fortaleza del Estado-nación, para las instituciones y para la democracia en sí misma. Y ese sí que es un problema moderno que se agravará con la instauración del voto voluntario.

7 Comentarios

  • Que porquería de artículo. Denostar a quienes desean voto voluntario tratándolos de personas que solo quieren carretiar es la mejor forma de cancelar la discusión y cerrar la puerta a quienes quieran opinar.

    A ver… tú quieres voto voluntario?… ah! eres un pelotudo que prefiere carretiar a ser un agente activo de la democracia. Yo tengo la razón y tu eres un pobre w… linda forma de debatir… me hace tener más esperanzas sobre mi país…

  • La democracia no se fortalece forzando a la ciudadanía a votar, sino redistribuyendo el poder y entregando mayor capacidad de acción y decisión a la sociedad civil organizada. Para ello hay que asumir, por cierto, que la clase política no está en condiciones de definir el nivel de madurez de la sociedad. Eso quizá sea demasiado “liberal” para aquellos que miran de manera paternalista a esas personas que sólo entienden como ciudadanos cuando están frente a una urna electoral.

  • Enzo tiene un punto. Profundizando ya, sin miedo a que me traten de carretero, nuestros parlamentarios dan la señal de que nuestra sociedad no es lo suficientemente madura o, en términos políticamente incorrectos, es una población ignorante y manejable.

    Claro que no se señala abiertamente de esta forma. Se dan otros discursos más bonitos para justificar que debe ser obligatorio.

    No he escuchado a nadie reflexionar sobre el nivel de ignorancia de nuestra sociedad ni sobre la necesidad de revertir esto en búsqueda de un voto voluntario y una democrácia de verdad, no esa de elite donde los que saben más o pueden pagar abogados son los que llevan las riendas de todo.

    Si se quiere dar voto obligatorio transparenten las razones y pónganle plazo a esta situación. ¿Cuándo se va a entregar una educación de calidad? ¿Cuándo o cómo se medirá que la sociedad puede acceder al voto voluntario?

  • @Meriadox, @Enzo,

    Yo tampoco estoy de acuerdo con el análisis del artículo. Parece facilista decir que esto es “de jóvenes”, como si no hubieran un número tremendo de democracias que han elegido el camino del voto voluntario, y ahí están, funcionando de lo más bien.

    De hecho, me soprendio leer esto de Cortés Terzi, porque es de los casos más débiles pro-voto obligatorio.

    Para una visión alternativa (ejem, autobombo, ejem):

    http://blog.delarepublica.cl/2009/01/02/en-defensa-del-voto-voluntario/

    Saludos,

  • Galvarino Rodríguez L. dice:

    Que pena leer esta basura de artículo.

    Vamos a tener que escribirles a franceses, estadounidenses, y un centenar de países más, diciéndoles que se equivocaron con haber introducido el voto voluntario en sus constituciones.

    La democracia asusta sólo a quienes no son democráticos, o, como en Chile, a quienes tienen un sector votante cautivo – con el sistema actual- al cual le dicen cuándo y por quién votar.

    Que pena de articulista. Considerando todo lo que vivió…

    Atentamente,

  • Algunos argumentos para el voto obligatorio:

    En un país con las enormes desigualdades, como las que exhibe Chile, lo mas probable que la voluntariedad del voto implicará una menor participación de las personas con menores ingresos. Recordar que el Capital social está muy desigualmente distribuido.

    La disconformidad con el sistema de partidos que impone la binominalidad, no podrá ser evaluada: Los que no votan : Es ¿por conformismo? ¿desinterés? ¿por inconformismo?: Prefiero que ellos se expresen con votos nulos o blancos y den una pista por donde van las inquietudes de los que no eligen entre las alternativas limitadas: De allí pueden surgir movimientos de cambio.

    Por último el votar, incluído el pronunciamieno nulo o blanco, supone cumplir con una miníma obligación ciudadana, como pagar impuestos, p.ej. El cumplimiento de esta obligación supone el ejercicio de los derechos. ¿Como ejercer el derecho a la salud pública si cuando hubo posibilidad de defenderla con el voto no nos pronunciamos?

  • [...] de análisis meditados sobre las relaciones de poder en nuestra sociedad. Con twitter, como dijera el memorable Antonio Cortés en otras circunstancias, gana el “carrete”: la inmediatez hedonista, transformada en este caso en parámetro de la [...]

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