Un pulso en el desarrollo de Chile: la ideología de la reconstrucción.*

02 de nov, 2010 | Por | Sin Comentarios

*El siguiente post es la primera parte de un artículo sobre la Reconstrucción. Corresponde a  la adaptación de un  texto que será publicado en el Catálogo de la XVII Bienal de arquitectura de Chile, durante noviembre.

Para hablar de desarrollo urbano, social o territorial, el terremoto ocurrido el 27 de febrero de 2010 es especialmente significativo al haber afectado, sólo en las tres regiones más tocadas por el sismo, alrededor de 950 aldeas y localidades pequeñas, 45 ciudades menores, 4 capitales con más de 100.000 habitantes y 1 área metropolitana (Bresciani, 2010).

El proceso de reconstrucción de un territorio tan amplio y poblado será clave en el desarrollo de las ciudades y el país en el corto, mediano y largo plazo; cómo se lleve a cabo esta reconstrucción, también lo será. Las diversas posturas políticas o ideológicas, entendidas como el conjunto de valores que conducen y dan forma al país, significan construir escenarios muy distintos para el futuro, en particular en relación al rol que cumplen en este proceso el Estado, los privados y la ciudadanía. La importancia de los procesos de reconstrucción en la consolidación de las sociedades y sus territorios, y de cómo las distintas posturas políticas y los roles asignados al Estado, privados y ciudadanía construyen escenarios diversos, se hace evidente en la historia de un país como Chile, donde los terremotos han marcado un pulso imprescindible en su desarrollo.

Fue luego del terremoto de 1939, que devastó la zona de Chillán, que el entonces presidente radical Pedro Aguirre Cerda creó la CORFO (Corporación de Fomento de la Producción), como un instrumento para incentivar el desarrollo económico y productivo del país, entendiendo que lo que se había derrumbado no eran sólo edificios, sino estructuras laborales, económicas y de producción que había que levantar, y ocupando la reconstrucción como una plataforma para fortalecer el Estado e impulsar el país desde una óptica desarrollista; hasta el día de hoy la CORFO juega un rol clave en el desarrollo nacional, especialmente en el ámbito de innovación y de impulso de las PyMEs. En el otro extremo ideológico, el terremoto de 1985 en la zona central fue el motor de partida de una política de desarrollo basada en el protagonismo de la acción privada y en un rol subsidiario del Estado, guiado por las políticas económicas del ministro Büchi; fue en este período de reconstrucción que se impulsó el desarrollo inmobiliario con herramientas como exenciones tributarias por parte de la construcción, algunas vigente hasta hoy día. La ideología de las reconstrucciones que con ritmo periódico se producen en Chile, son absolutamente determinantes al momento de dar forma a nuestras ciudades.

La reconstrucción tras la catástrofe no significará sólo levantar ciudades, sino modelar de alguna forma a la sociedad en su conjunto; la ideología que guíe las políticas para el caso del terremoto de 2010, por la amplitud de sus alcances, no escapa a esta lógica, en tanto “las ciudades, tanto si han sido pensadas específicamente como si son el resultado más o menos espontáneo de dinámicas diferentes, cristalizan y reflejan las lógicas de las sociedades que acogen” (Ascher, 2004).

La ideología de la reconstrucción nunca ha sido neutra o inocente, y esta no es la excepción. ¿Qué visión de país es la que está dando forma a las decisiones asociadas al proceso en 2010? ¿Qué rol está cumpliendo el Estado, los privados y la ciudadanía en este proceso y cómo afecta esto a las ciudades?

Tanto la experiencia internacional como la chilena dan cuenta de ciertos temas en los que habría que poner especial atención a la hora de reconstruir; lecciones dejadas por reconstrucciones que en sus errores y aciertos dan luces sobre algunas claves para el proceso que comienza en el centro sur del país, relacionadas con la duración del proceso, la participación, la institucionalidad y la reactivación económica. A continuación se presentarán dos de estas ideas para en una próxima entrada exponer las siguientes.

a. La reconstrucción es un proceso largo

Aunque los plazos puestos por el gobierno quisieran indicar otra cosa, y aunque quisiéramos que no fuese así, el proceso de reconstrucción integral de las ciudades y ciudadanías toma un período de tiempo largo; no de uno, ni dos, ni cuatro años; la experiencia colombiana tras el terremoto en Armenia en 1999, habla de un período de tiempo jamás inferior a entre 5 y 10 años[1]; según el arquitecto Iván Poduje, la reconstrucción toma cien veces más que la emergencia (Poduje, 2010). El precedente chileno más cercano es el terremoto de noviembre de 2007 en Tocopilla que dejó 15 mil damnificados, y el 43% de las viviendas inutilizables; de las 2.084 casas que se deben levantar en Tocopilla, en agosto de 2010 (dos años y medio después del terremoto) se han construido 1.005 viviendas, poco menos de la mitad. Sólo en el ámbito de la vivienda, la reconstrucción del terremoto 2010 se enfrenta a 190.358 viviendas con daños mayores (MINVU, 2010), requiriendo una inversión en subsidios desde el MINVU que representa el 557% del total de subsidios manejados por el sector durante el 2009 en construcción de viviendas en las tres regiones más afectadas.[2] La relación entre la escala de la catástrofe y el tiempo que la reconstrucción debiese tomar, evidencia que el proceso tras el terremoto de 2010, que demanda más de 90 veces lo requerido en Tocopilla, va a tomar un tiempo largo.

Hacer caso omiso al período de tiempo que tomará el proceso resulta un acto irresponsable, y las señales desde el gobierno a la fecha han mostrado desprolijidad en este tema; los plazos reales determinan que el período de espera de soluciones definitivas se prolonguen por mucho más que la emergencia, que oficialmente se dio por concluida al cumplirse dos meses de la catástrofe. En el ámbito urbano, los Planes de Reconstrucción Sustentable propuestos por el gobierno para las 13 localidades mayores, en que una empresa privada se encarga de financiar y contratar a una consultora para desarrollar el plan, se dio un plazo total de 90 días para realizar estudios y propuestas, tiempo insuficiente para responder a los profundos requerimientos de las ciudades y sus pobladores, y que además se ha comenzado solo en 5 de estas localidades[3]. La importancia de determinar con realismo los plazos que tomará normalizar la vida de los afectados es vital no sólo por la viabilidad de ejecución de los planes, sino por la capacidad de entregar información verosímil a la población afectada, para que esta pueda manejar las expectativas con realismo e involucrarse sin el velo de desconfianza que provoca este tipo de imprecisiones. En ese sentido, la segunda lección que se puede obtener de experiencias anteriores va precisamente de la mano del rol de la ciudadanía en la reconstrucción.

b. La reconstrucción requiere participación local y una sociedad civil activa

Desde que ocurrió la tragedia del 27 de febrero, se ha escuchado a distintos actores referirse a este proceso como una oportunidad para reconstruir ciudades más sustentables y justas. Sin embargo, para alcanzar estos objetivos se requiere junto con reconstruir ciudad, reconstruir ciudadanía, levantar liderazgos locales y capacidades sociales que puedan permanecer en el tiempo. Según Jordi Borja (2008) “eliminar la exclusión compete a las políticas públicas no sólo mediante sus acciones, en urbanismo entre otras, sino también facilitando la emergencia de ciudadanos como sujetos de derechos reconocidos social y políticamente que puedan ejercer estos derechos en la ciudad, que puedan luchar por su total inserción en la vida urbana”.

Volviendo al caso del terremoto de 2007 en el norte de Chile, Elizabeth Jiménez, presidenta de la junta de vecinos de Villa Los Andes en Tocopilla, afirma que “si la reconstrucción de Tocopilla será usada como modelo para el sur, las juntas de vecinos deben trabajar, movilizarse y no esperar que la ayuda les llegue”[4]. ¿Qué significa esto? Que en el sin fin de procesos que implica la reconstrucción, no basta con considerar a la ciudadanía como un sujeto de opinión acerca de si le gusta más o menos un modelo, o si está de acuerdo con una u otra decisión tomada; cuando hablamos de espacios para una sociedad civil activa, estamos hablando de una política de reconstrucción que genere los espacios, la información, el traspaso de herramientas, para que las organizaciones locales puedan ir haciendo suyo el proceso tanto en relación a la reconstrucción misma, como en la posibilidad de que emerjan líderes locales, la instalación de capacidades que permanezcan en el tiempo, o la inclusión de la comunidad como un actor que capte plusvalías de un proceso donde debiesen ser precisamente los vecinos los protagonistas.

La crisis del centralismo de la que dio cuenta el terremoto desde el primer día, debiese ser en sí misma una lección acerca de la necesidad imperiosa de democratizar y transferir herramientas a las organizaciones comunitarias desde los gobiernos locales. De otra manera nada asegura la ejecución de las decisiones tomadas a nivel central, ni la apropiación y empoderamiento por parte de la comunidad que habitará aquello que se construya, así como tampoco la instalación de capacidades locales y aprendizaje social para enfrentar situaciones en el futuro. Recién en agosto de 2010 se anunció la creación de gerencias regionales[5], cuyo objetivo será realizar seguimiento y monitoreo a los planes de reconstrucción multisectoriales; si bien esto parece ser un paso hacia descentralizar el control de la reconstrucción, aún dista mucho de la autodeterminación que debiese constituir el proceso de levantar la propia ciudad.

[1]Dato entregado en exposición por Jahir Rodríguez, encargado de la reconstrucción de Armenia, Colombia. La conferencia se dictó el día 29 de marzo de 2010 en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Estudios Urbanos de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

[2] Según el libro excel de “Ejecución de la inversión habitacional por región y programa a junio de 2010” Disponible en http://www.observatoriohabitacional.cl/opensite_20080122171314.aspx, el total de subsidios pagados durante el 2009 en las regiones sexta, septima y octava ascendio a un total de UF 9.522.295.

[3] Según noticia “Ministra Matte detalla estado de avance de Planes Maestros de localidades devastadas por el maremoto”, rescatada el 15 de agosto de 2010 en http://www.minvu.cl/

[4] Entrevista a Elizabeth Jiménez en El Mercurio, publicada el 3 de abril de 2010.

[5] Noticia publicada en La Tercera, edición del 8 de agosto de 2010,bajo el título de “Gobierno creará gerencias regionales para coordinar reconstrucción de zonas afectadas”.

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