Kirchner

28 de oct, 2010 | Por | 6 Comentarios

Lo primero que procuramos demostrar en la brevedad de este informe es que la teoría política no es una ciencia enigmática cuya jerarquía cabalística manejan unos pocos iniciados, sino un instrumento de las masas para desatar la tremenda potencia contenida en ellas. No les llega como un conjunto de mandamientos dictados desde las alturas, sino por un proceso de su propia conciencia hacia la comprensión del mundo que han de transformar.” John William Cooke

Una de las escenas políticas más conmovedoras que recuerdo es a Ricardo Lagos cantando la internacional durante el velatorio de Gladis Marín en el ex Congreso, rodeado de banderas rojas y jóvenes de camisa amaranto, durante el 2005. En esa imagen la historia hacía dialogar al presente con la promesa del pasado, en su complejidad y contradicción.

Pero Néstor Kirchner falleció ayer, 27 de octubre. Buenos Aires, como el resto del país, estaba más quieto de lo habitual, la gran mayoría disfrutábamos de un feriado debido al censo nacional de población. Las calles poco transitadas, los comercios cerrados hasta las 20 hrs., el contexto menos imaginable para un acontecimiento como este.

En minutos mensajes de texto, tweets, llamados telefónicos y mails bombardearon con la noticia. En pocas horas, via facebook y twitter, se organizó una marcha y vigilia fuera de La Casa Rosada, la convocatoria era a las 20 hrs., respetando el horario fijado por el censo. Es fácil acusar a un país de no respetar las instituciones, cuando no se sabe comprender que las instituciones no son edificios o códigos, sino sistemas de reglas que regulan la sociedad, que la penetran y la ordenan.

Al llegar a la plaza, terminando la tarde, la sensación de recogimiento es conmovedora. Ante el vallado que se había levantado frente a La Casa Rosada la primera imagen que veo al llegar es un señor bastante mayor, colgando una flor, entre muchas, y una humilde cartulina, como muchas, con una bandera argentina y la consigna “Gracias Néstor, Fuerza Cristina”. El señor en ese silencio que forman muchos cuando comparten una pena, mira la bandera a media asta y canta la marcha peronista.

En esa imagen la historia hacía dialogar al presente con la promesa del pasado, en su complejidad y contradicción: “Gracias Néstor”. Pero también el presente que comparece con su promesa de futuro, de responsabilidad mediata e inmediata, de política como decisión y acción, de política como pueblo movilizado, de presente que se proyecta como futuro deseado: futuro de “Fuerza Cristina”.

“Por mandato popular, por comprensión histórica y por decisión política, ésta es la oportunidad de la transformación, del cambio cultural y moral que demanda la hora. Cambio es el nombre del futuro.” Palabras de Néstor Kirchner en la toma de posesión presidencial.

La noticia fue un sobresalto, un exabrupto, una conmoción generalizada para un país completo que veía en él un actor central, querido o temido, de la coyuntura política actual. Su figura representaba, de forma efectiva y concreta, la posibilidad de continuidad de un proyecto, que pese a la cuota de confusión propia de su raíz peronista, se mostraba como uno de los más profundamente transformadores y progresistas que se han dado en la región.

Marcada su gestión por su carácter y su verba inflamada, que por vocación de liderazgo, por estilo “crispado” y porque la política es mantener ese difícil equilibrio en el simultáneo sistema de diálogo y el conflicto entre los actores sociales, convocó a miles, especialmente a los jóvenes, y provocó la molestia y la ira de alguno otros.

Una gestión que se inicia el 25 de marzo de 2003, tomando responsabilidad sobre un país que todavía seguía incendiándose por los cuatro costados tras la crisis del 2001 y una sucesión de presidentes que concluyó con represión y violencia. En este contexto, donde la continuidad sólo podía asegurar la crisis social, la diferencia y la heterodoxia se plantearon como la única herramienta posible para recomponer un tejido social y político dañado por una crisis estructural.

Así, le fue posible transformar la política de derechos humanos, al punto de anular las leyes de impunidad y reanudar los juicios contra los represores de la última dictadura militar argentina. Renovó una Corte Suprema de Justicia esencialmente menemista y neoliberal por un espacio amplio y plural, que tendió más a complicarlo que a rendirle pleitesía. Redujo drásticamente los índices de desocupación con políticas activas de trabajo, regularización, desarrollo y promoción de la industria (que ayudaran a las empresas a crecer sin dejar de restituir los derechos de los trabajadores). Renegoció con el Fondo Monetario Internacional, y otros organismos internacionales de crédito, una deuda que sea arrastraba como un lastre y frenaba el desarrollo. Fortaleció todos los espacios de integración regional, frenando el avance del ALCA, permitiendo el empoderamiento de los movimientos sociales, reconociéndolos como interlocutores válidos y necesarios. En definitiva Néstor, en un puñado de años, logró recuperar las capacidades del gobierno y de gobernabilidad, y colocó al Estado en el lugar rector, en base a la construcción de un poder que era capaz de contener a las organizaciones sociales, a una izquierda amplia, y a la clase obrera organizada.

Néstor reivindicaba la política como la forma participación indiscutida, como el espacio donde nos encontramos (como amigo o como enemigo) con el otro.

“Como entró en la gran escena política, así se fue, de súbito. Protagonizó años decisivos de la vida nacional que no serán olvidados fácilmente. La mitad de su formación política provenía de las formas tradicionales y los cenáculos previsibles. La otra mitad era inesperada, sin cartilla previa, pensada y actuada frente al abismo. Néstor Kirchner fue un político abismal.” Horacio González

Populista laclausiano, schmittiano malevo, Néstor deja (nos deja) un pais gobernado y gobernable, creciendo “a tasas chinas” y con una economía y una situación social sustentables, y con efectivas proyecciones políticas. Construir poder, tarea a la que se dedicó durante su gobierno (y después de éste), que era lo inevitable en un ámbito de fragmentación política, consolidando gobernabilidad mediante una rearticulación del partido justicialista, el grueso de los satélites de izquierda del peronismo y al movimiento obrero.

Logró, gracias a esto, la continuidad de políticas de desarrollo como pocas veces se había visto en la Argentina, lo cual le permitió promover cambios todavía más profundos junto con la actual presidenta, Cristina Fernández, electa en el año 2007 en primera vuelta y con una importante mayoría.

En conjunto, una como presidenta y el otro como líder indiscutido del Partido Justicialista (expresión orgánica de ese meta-movimiento que es el peronismo, y quizás el único partido capaz de gobernar en la Argentina desde 1945), impulsan políticas más transformadoras, como la nacionalización de los sistemas de fondos de pensiones, el establecimiento de una asignación universal por hijo, la ley de matrimonio igualitario, el establecimiento de una ley de medios audiovisuales que los llevó a enfrentarse con los monopolios mediáticos, y el proyecto de retensiones a las exportaciones agrarias que los puso en puja frente a la burguesía agroindustrial.

Esta último, la ley de retenciones, que pudo leerse en su momento como un fracaso político al ser rechazada en el senado por un voto (el del propio vicepresidente), hoy aparece como el momento que recuperó el rol de la participación política y la militancia tanto para los más jóvenes como para los sectores de clase media, otorgando un nuevo y renovado capital político al proyecto.

Sin embargo, la partida de Néstor también deja un escenario no exento de conflicto: la puja que se viene puertas adentro del justicialismo para suceder el liderazgo de Kirchner, de cara a las presidenciales de 2011, será cruel y mucha, y casi seguro determinante en el resultado de esas elecciones, a lo cual se suma una oposición cada vez mas conservadora, reaccionaria y retrógrada, que de poder articularse podría significar el retroceso de muchas políticas que se han logrado consolidar hoy.

Post Scriptum

Una pena sobria, racional y ordenada, capaz de comprender la coyuntura, reconocer el espacio del duelo, y no interferir con pánico o histeria. Escribo estas líneas al regresar a mi casa desde la plaza, donde marché junto con mi compañera y amigos, ya también junto a una masa enorme y desconocida, pero unida, con esos que los populistas como Laclau gustan de llamar “pueblo”.

La plaza estaba llena: ancianos que habían conocido una jubilación digna después de años, jóvenes movilizados e inundados por la pena, mujeres de sectores populares, juntos con sus hijos, ministros llorosos mezclados con la gente, anónimos en la pena, punteros, dirigentes sindicales entonando cánticos. Militancia peronista, militancia socialdemócrata, militancia guevarista, blogeros kirchneristas, agrupaciones de trabajadores desocupados y los movimientos sociales territoriales. Colgaban sobre la valla flores y notas, carteles, cartulinas, hojitas sueltas, fotos, imágenes de Perón y Eva, imágenes de Néstor y Cristina, banderas argentinas, pero también la bandera de los pueblos originarios, banderas paraguayas, bolivianas y peruanas, camerunenses, venezolanas, palestinas y haitianas, también una bandera chilena. Una pareja de lesbianas colgaba la bandera arcoiris de los derechos y luchas de los homosexuales, a su lado las Madres de Plaza de Mayo con sus pañuelos blancos en la cabeza, las Abuelas de Plaza de Mayo, junto con sus nietos recuperados agradecían la lucha por la justicia y la memoria.

En la Plaza de Mayo, de forma anónima y silenciosa, de forma orgánica y militante, comparecía la historia de las políticas públicas de los últimos siete años. Sus actores, luchadores y beneficiarios directos.

La política comparecía en la plaza, la hacía suya. Gracias Néstor.

6 Comentarios

  • trinidad alberto dice:

    la verdad me siento muy orgulloso,de NESTOR KIRCHNER poor que siento que nosotros los PARAGUAYOS le debemos mucho a el,por eso lo fui a ver en la casa rosada con la bandera de PARAGUAY es lo menos que yo podia hacer Y FUERZA CRISTINA

  • trinidad alberto dice:

    FUERZA CRISTINA POR QUE TENES UN GRUPOS DE PARAGUAYOS QUE TE ACOMPAÑAN QUE TAMBIEN SOMOS DE MILITANCIA SOCIAL M.T.D.I

  • trinidad alberto dice:

    gracias nestor kirchner por todos

  • Emocionante relato de unas emocionantes jornadas en esa plaza donde se juntaron miles y miles de personas, sin la presencia de ninguna fuerza de seguridad en rol preventivo o represivo y sin ningun incidente, al igual que en ese maravilloso mayo de 2010. Si hay algo que conmueve hasta el alma es esa participación desmesurada del pueblo que construye su propio dialogo con el poder y con la historia!! Gracias Néstor!! Fuerza Cristina!!

  • Como usted sabe compañero, soy kirchnerista desde la primera hora. Me gusto la nota pero quería señalarle que la raíz peronista al ex-presidente le aporto claridad y no confusión. La otra cuestión que quería destacar es que todas las transformaciones progresistas que tuvieron lugar en el país las realizo el peronismo inclusive las más profundas de la región. Ahora bien, mi estimado amigo, lo que si hubo en la historia Argentina fueron socialistas, comunistas y otros que decían defender políticas progresistas bancando bombardeos, golpes de estados y persecuciones al peronismo. Ironías de la historia. Le mando un abrazo grande.
    Kirchner con Perón – el pueblo con Cristina …y Evita con los dos

  • Un energúmeno auténtico, heredó la política salvadora de Duhalde y hasta su ministro de economía y luego dijo que fue suya. Cuando se sintió fuerte empezó a despedir a los capaces y rodearse de obsecuentes. Disparó la inflación innecesariamente, auyentó la inversión en el mejor de los momentos, hizo mentir en las estadísticas para esconder que hay muchos mas pobres que los reconocidos. Se enfrentó con el sector que sacó adelante al país, la agroindustria, y felizmente fue derrotado. Como Chavez se benefició de un boom no visto en un siglo y pretendió usarlo sólo para quedarse más en el poder. Sus ideas eran anticuadas y fracasadas – control de precios, intervención estatal, etc.. – y en un contexto más normal hubiera fracasado rapido como ocurrió en otras décadas con las mismas políticas. No se ha perdido nada. Murió como el típico idiota hipertenso que se cree imprescindible: ya casi no se acuerdan de él pasadas dos semanas.

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