“A la chilena”

15 de Oct, 2010 | Por | 2 Comentarios

Aun a riesgo de parecer amargado por no estar aun celebrando o pasando la borrachera tras lo que pareció un triunfo deportivo chileno. Creo que la perspectiva (eso que un ex Presidente llamaba siúticamente “altura de miras”) obliga a hacer un juicio crítico de todo lo que pasó entre el 05 de agosto y el 13 de octubre. Porque hay mucho que criticar.

Reconozco que prácticamente nunca estoy de acuerdo con nuestro Presidente. Aun cuando tenga la razón, prefiero estar equivocado. Sin embargo, coincido absolutamente con uno de sus dichos tras el rescate. Piñera dijo, orgulloso y a todo el mundo (latercera):

“Enfrentamos el rescate de nuestros 33 mineros unidos, yo quiero decir que lo hicimos a la chilena…”

Y es verdad. Esto se hizo efectivamente “a la chilena” y con esto quiero decir que transformamos una tragedia que no fue provocada por los avatares de la naturaleza, en una fiesta nacional. No quiero decir con esto que no debimos sentirnos emocionados tras el esfuerzo de sobrevivencia de 33 personas tras 70 días de condiciones insoportables para cualquier ser humano. Tampoco quiero menospreciar el gran trabajo de ingeniería que compatriotas y extrenjeros realizaron para sacar con vida a esos 33. Ellos merecen todo nuestro reconocimiento. Menos, claro, quiero decir que las familias deberían haber esperado con beata templanza la salida de sus familiares. Ellos están en su derecho de celebrar el triunfo de la vida por sobre la adversidad, sin embargo, creo que el resto de los chilenos quedamos al debe.

Somos un pueblo dado a la embriaguez acelerada. Pasamos de la sincera preocupación de algunos y el morbo de muchos, a la fiesta en Plaza Italia. Nuestros medios también se rindieron a la bacanal y hasta nuestros periodistas más compuestos, sufrieron los embates del momentum y se botaron en relatos que sin pudor repetían todos aquellos lugares comunes que desearíamos extirpados de medios modernos (video).

Álvaro Diaz, en la Editorial del último Clinic apunta acertadamente y desde el lugar de los hechos:

“La mina San José no sólo fue el escenario de un accidente lamentable y un rescate ejemplar. Fue también el sitio de peregrinación de cientos de curiosos con credenciales. Quienes vinimos a ella sólo queríamos estar acá, después encontrar las razones. Armados con satélites, equipos de última generación y actitudes parcas, muchos simulaban ser piezas fundamentales de algo importante…”

Nuestras autoridades saben de nuestro síndrome de privación por los grandes acontecimientos y lo han sabido aprovechar en un año particularmente nutrido (terremoto, mundial, bicenteranio, los 33), con un manejo comunicacional pocas veces visto.

Pero mientras aun nos quitabamos las challas de la cabeza, un joven minero de 26 años, llamado Roberto Benítez Fernández, fallecía aplastado por un planchón de roca cuando realizaba faenas al interior de la mina “Botón de Oro” cerca de Petorca (latercera).

Mientras Chile -a través de sus medios- está pendiente de a cuál programa van a ir los Mineros. Mientras las autoridades inventan partidos de fútbol para los rescatados. Mientras los dueños de la mina brillan por su ausencia. Lo que el Jefe de Turno de los atrapados, Luis Urzúa, dijera al salir del encierro “Que esto no vuelva a ocurrir nunca” ya sucedió de nuevo.

En la primera comunicación que tuvo el grupo con la superficie. Lo primero que preguntaron fue por sus compañeros que afortunadamente habían logrado salir minutos antes. El detalle no es menor. Porque ya se empiezan a escuchar las voces que hablan de condecoraciones, de museos, de records Guinness, de cargos públicos y honores varios. Estoy seguro que el mundo de la minería (y me refiero a sus trabajadores) se sentiría verdaderamente honrado si nos concentraramos en finalmente tener condiciones justas de trabajo para ellos, para todos ellos. Y el tema no pasa por leyes. Se podrán hacer todas las que queramos, pero si los dueños y gerentes de la minería no son capaces saltarse el trámite, conseguir por debajo ese decreto firmado por la autoridad que suple al suplente, de tomar ventaja de la necesidad de tanta persona que si le ofrecen una paga decente, no trepidará en internarse en una trampa disfrazada de mina.

Pasada la resaca del festival de orgullo (aunque esto debió empezar apenas supimos de la tragedia) corresponde hacerse cargo de lo que nos falta para que realmente seamos ese país del que hablan afuera, ese de las autoridades competentes, el pueblo cariñoso, los mineros esforzados y la minería que es parte de una economía que no sólo sabe de crecimiento, sino también de desarrollo. Ya está bueno ya.

2 Comentarios

  • Brillante el artículo… gracias por el post!

  • Las palabras mas sabias las dijo uno de los mineros cuando fue rescatado minutos despues y que tienen mucho mas valor humano y cercano que este articulo recien leido: “aca no hay ni Allende ni Pinochet, aca hay solo un pueblo unido en una sola mision: nuestro rescate”…y lo dijo alguien que no tiene juicios de si las cosas se hicieron bien o mal, o se demoraron o el costo fue brutal, etc…lo dijo alguien mas sencillo que cualquiera que postee y escribe articulos en estas columnnas…asi de simple asi de facil…

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