Un Chile más desigual: los probables efectos de esta reconstrucción

08 de Oct, 2010 | Por | 2 Comentarios

Quienes estudian la segregación social en nuestras ciudades chilenas han debido preguntarse, por simple rigor científico, si la idea de que alguna vez grupos de distinta condición socioeconómica vivieron integrados es real o imaginada. Lo que se llevó el terremoto en ciudades como Talca, era la prueba viviente de que eso efectivamente ocurría. En tiempos en que Chile se preocupa por un modelo de desarrollo con equidad, el efecto del terremoto y del proceso de reconstrucción en las ciudades del valle central debiese ser un tema al cual estar atentos. Todo indica que en esta reconstrucción se retrocederá en materia de equidad.

CHILE Y SU DESIGUALDAD

Cualquier persona mínimamente interesada por lo público en Chile debiese tener absoluta claridad sobre la vergüenza que carga nuestro país por estar entre los países más desiguales del mundo. Si en esto se siguiera la moda de los semáforos, Chile sacaría luz roja en equidad. El principal problema es la distribución del ingreso, principalmente porque el 10% más rico de la población gana exponencialmente mucho más que el resto (el 90% restante se distribuye ordenadamente sin muchos saltos entre uno y otro grupo). El economista del PNUD Dante Contreras señala que el 40% de la variación en la distribución del ingreso depende de la educación, por lo que ésta es el factor más importante para disminuir la desigualdad.

El panorama anterior al terremoto es el de un modelo de desarrollo que produce y sobre todo reproduce la desigualdad (desconozco evidencia empírica pero supongo que es difícil ser más desiguales de lo que ya somos). Hay que entender la relación entre lo que vivimos con los pingüinos el 2006 y las grandes movilizaciones universitarias de 2005 por financiamiento estudiantil con el tema en discusión. El ingreso de Chile a la OCDE permite disponer de datos para compararnos con otros países. A partir de estos datos podemos entender que Chile es el país más desigual y donde la educación depende en mayor medida de la capacidad de pago de las familias (ver gráfico). No hay que hacer demasiado cálculo: el resultado de combinar “causas y consecuencias” es un círculo vicioso difícil de romper.

Elaboración propia en base a datos de OCDE 2007

LA DESIGUALDAD Y LAS CIUDADES

Para entrar a las ciudades y los efectos del terremoto utilizaremos el problema del acceso a la vivienda, la que evidentemente se cuenta entre la principal pérdida luego del 27F. En este panorama general descrito en el párrafo anterior, cualquier cosa que pueda revertir las tendencias resulta fundamental. Existe evidencia de que la vivienda es una de esas “cosas”. Sin embargo, aquí la opinión pública normalmente no está completamente informada. Desde 1957 en Chile la demanda por “un techo” ha estado en el mainstream de la agenda pública, desde la toma de La Victoria a mediados de la década de 1950 hasta la influencia actual de Un Techo para Chile. Eventos lamentables y profusamente difundidos como las “casas Copeva” han hecho que prime la atención en la calidad de las unidades de vivienda. Lo que hay que entender, sin embargo, es que la vivienda no es más que la máscara principal del mercado de suelos. El problema de la vivienda debe ser entendido como el acceso al suelo urbano. ¿Qué tiene que ver esto con la equidad?

En Chile el Estado no construye viviendas sociales, sino que las financia; genera subsidios que se asignan a las familias y definen un monto (que hoy puede llegar hasta unos 12 millones de pesos) con el cual los privados gestionan, diseñan y construyen las viviendas. Es consenso entre todos los expertos que el efecto de estas políticas en las tres últimas décadas ha sido el aumento de la segregación residencial y la localización de los pobres en áreas lejos de sus trabajos y oportunidades en general; localizaciones que la mayoría de las veces serán para toda su vida. Esto ocurre cuando entidades privadas con fines de lucro basan su participación en conseguir terrenos grandes y lejanos para ahorrar en el precio del suelo y en economías de escala al construir. Existe evidencia empírica para afirmar que hoy existen guetos habitados por quienes han sido bautizados como los “con techo”, donde se potencian las patologías sociales que afectan y estigmatizan a los más pobres. Esto incluye el aumento de la presencia de trabajo ilegal, fundamentalmente asociado al tráfico de drogas, como alternativa de emprendimiento.

En la última década, grupos de investigadores han logrado determinar el impacto positivo del fenómeno contrario, es decir, integrar físicamente a los pobres en los territorios donde abundan las oportunidades. Por ejemplo, los sociólogos Francisco Sabatini, Guillermo Wormald y Rodrigo Salcedo descubrieron una de las diferencias entre viviendas sociales construidas al mismo tiempo en Las Condes y Puente Alto es que la cantidad de hogares originalmente pertenecientes a los grupos socioeconómicos D y E que se transformó en C2 y C3 es de 41,7% y 17,2% respectivamente. El gran valor de lugares como el centro de Talca era la presencia de sectores E, D, C2 C3 y  ABC1 viviendo en las mismas cuadras, compartiendo el mejor acceso a bienes y servicios de la ciudad (ver gráfico).

Composición Socioeconómica del Centro de Talca

Elaboración Propia en base a información Censo 2002

LOS EFECTOS DEL TERREMOTO Y EL AUMENTO DE LA DESIGUALDAD

La destrucción de las viviendas afecta por sobre todo a los grupos C3 y D, es decir, el grupo que es considerado “vulnerable” a shocks financieros. Se trata de familias que logran un nivel de ingresos que puede perderse rápidamente. El gran problema es que en ciudades como Talca se reproduce el mismo panorama de todo el país: prácticamente todos los proyectos de vivienda subsidiada de los últimos 20 años se ha ubicado no en el centro, sino justamente en terrenos nuevos en la periferia, donde se genera la segregación de la que hablamos.

Frente al terremoto el gran problema es el tiempo. El diario El Mercurio señalaba que a seis meses del terremoto se había dado inicio a menos del 1% de los proyectos necesarios para reconstruir las viviendas perdidas en las cuatro regiones afectadas. Recordemos estas cuatro regiones concentran al 62% de la población nacional. En Talca hasta la fecha no se ha construido ninguna vivienda definitiva y se han entregado menos de la mitad de las mediaguas requeridas. Cuando se pierde la casa construida, el mercado de suelos queda develado: el único activo de las familias es el suelo y su valor. El problema es que entonces se desata la especulación de inversionistas buscando bajar los precios de suelo con una oferta que crece con cada demolición. La alternativa más rápida para las familias propietarias es vender su suelo a precio más barato para acceder a una oferta de casas construidas antes del terremoto. Esa oferta sube de precio porque crece enormemente la demanda, incorporándose nuevos compradores (los afectados), muchos de los cuales están lo suficientemente apremiados como para utilizar todos sus medios para pagar y consolidar los altos precios. Incluso sin que medien especuladores en la compra de suelo, lo que ocurre con la reconstrucción es una distribución regresiva de la riqueza a corto plazo; las familias afectadas deben financiar con un capital devaluado una inversión en una vivienda cuyo precio aumentó. Esto se ve acentuado porque las personas compran casas en la periferia, aumentan sus costos de transporte, y sus nuevas propiedades se valorizarán en una medida mucho menor que los terrenos que vendieron.

Son varias las razones que hacen afirmar que las políticas de reconstrucción generarán aumento de la desigualdad. La primera es que el plazo de contar con nuevas viviendas en un plazo no superior a tres años hará privilegiar la construcción rápida y a gran escala en nuevos terrenos, produciéndose todo lo descrito arriba. Construir en los centros es muy complicado por los altos precios de suelo y el tamaño pequeño de los terrenos, lo que hace poco probable dar con los márgenes de utilidades esperados por las inmobiliarias y constructoras, sin considerar el rechazo a la construcción en altura. Además, las transacciones se hacen más lentas producto del caos que genera la especulación y los temores de sufrir abusos. La segunda es que las soluciones en los barrios afectados se han concentrado en los propietarios de terrenos, entregando una casa para cada sitio. El problema es que todo parece indicar que la mayoría de los habitantes no son propietarios sino arrendatarios y familiares allegados. Las soluciones para los afectados no propietarios son subsidios de 12 o 4 millones, dependiendo su condición socioeconómica, para adquirir una vivienda nueva. Finalmente, el uso intensificado de las mismas políticas que han generado la expansión urbana en los guetos que conocemos no hace más que intensificar igualmente la producción de éstos. El producto de esta reconstrucción probablemente será un Chile bastante más desigual.

2 Comentarios

  • falta una segunda parte de este articulo que detalle las opciones disponibles para la reconstrucción. Informar que el subsidio es para adquirir una vivienda nueva es simplificar la solucion habitacional disponible, la cual contempla muchos instrumentos para la reparacion y reconstruccion en el sitio propio, así como la densificación en el mismo incorporando a danmificados. A estas alturas el problema no es el diagnostico sino difundir las opciones de reconstruccion ya disponibles.

  • […] unos días, mientras leía una columna de Nicolás Valenzuela sobre la reconstrucción tras el terremoto, recordé, fugazmente, todo lo que había pasado hacia […]

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