La legitimidad de morir de hambre

17 de Sep, 2010 | Por | 14 Comentarios

La huelga de hambre de una treintena de mapuche encarcelados en Temuco ha, finalmente, puesto el tema de la relación del Estado Chileno con este pueblo originario en la agenda noticiosa. Pero algunos, como el columnista de La Tercera Marcelo Brunet, consideran que el proceso de reforma desencadenado por la huelga esta viciado por la ilegitimidad fundamental de esta táctica. Hay al menos un par de cosas que decir al respecto.

El argumento de Brunet (léalo usted mismo) es básicamente que la huelga de hambre es una medida de presión ilegítima – una forma de chantaje – porque obliga a la sociedad a enfrentar dos salidas lamentables: la muerte del huelguista o ceder ante sus demandas. Esto, nos dice Brunet, atenta contra el estado de derecho y la igualdad ante la ley. Para reforzar el argumento, que descansa en no menor parte en la ilegitimidad de atentar contra la propia vida, Brunet elige analogías malas y ejemplos peores. Así, intenta distinguir a un huelguista de hambre – que pierde la vida en lo que cree es la defensa de una causa justa – de un solado como Arturo Prat – que perdió la vida, si opción alguna, en defensa de esa otra causa que es el honor militar y la defensa de la patria. Por supuesto, y contra Brunet, no es cierto que este soldado no haya tenido opción. Prat se ganó su lugar en la historia precisamente porque tuvo una opción – rendirse ante Grau – y decidió no tomarla. No es la falta de alternativa lo que distingue al mártir de otros muertos. Peor aún es el ejemplo del mártir religioso (no nos dice cuál) que no busca la muerte, pero la encuentra. Es de una obviedad apabullante que los Mapuche en huelga buscan un objetivo político, no la muerte.

Pero más allá de estos tropiezos, vale la pena considerar el punto central del argumento, que es la legitimidad de la huelga de hambre como táctica de presión política.

La huelga de hambre es, sin duda, una medida de presión extrema. Hay algo profundamente chocante en ver a otro ser humano abandonar esa tarea básica que es la supervivencia, más aún cuando la muerte es a menudo más cruel cuando llega lentamente, y la del huelguista es – en política – de las más largas y las más evitables.

Pero aunque extrema, no hay que olvidar que la huelga de hambre no es más que una forma de protesta. Porque aunque Brunet no lo menciona, el derecho (o la responsabilidad, como nos quiere hacer creer él) a la vida convive codo a codo con el derecho a la autodeterminación, y sí, el derecho a resistir usando medios pacíficos lo que consideramos injusto. El primer derecho se expresa en otra situación que muchas veces termina en la muerte, como el negarse a recibir tratamiento médico. El segundo no solo es un derecho básico, pero una herramienta fundamental de cambio social. Y en este caso, además de pacífico, la huelga de hambre es perfectamente legal1.

Pero no es esto lo que preocupa a los conservadores. El problema, para ellos, es que los mapuche en huelga (y cualquier otro huelguista de hambre, como aclara Brunet) difícilmente pueden ser ignorado por aquéllos que tienen el poder en la sociedad2. Paros, protestas en la calle, e incluso actos de resistencia desesperada pueden ser ignoradas o reprimidas con violencia sin generar mucha reacción de la sociedad en general. Pero esa herramienta de los desesperados que es la huelga de hambre nos obliga a detenernos y reflexionar.

Y es con esa reflexión desatada por el hambre y la muerte inminente con la que se juzga la legitimidad de la causa del huelguista, y no, como arguye simplisticamente Brunet, con el simple uso de la huelga. Es esa reflexión y juicio que hacemos todos lo que determina el éxito de la protesta. A veces, como es el caso de los militares encerrados en Punta Peuco, la huelga de hambre solo revela el intento de aprovecharse de la huelga mapuche para crear un empate falso y barato entre dos situaciones que son incomparables3. En esa cárcel de privilegio están los culpables de crímenes brutales e injustificables que fueron condenados con la justicia blanda que reciben los que tienen amigos en la fibra misma del poder de la nación. En Temuco están los que recibieron ya no la justicia del ciudadano común, sino la reservada a un pueblo ignorado por el racismo, la  y los intereses económicos, a ese que la policía le mata a sus jóvenes por la espalda y que los encarcela como terroristas por delitos menores. Cuando se trata de justicia, Temuco está en las antípodas de Punta Peuco.

A Brunet, entonces, le molesta que los Mapuche no jueguen con las reglas no escritas de los más poderosos de la sociedad. En esa visión típicamente conservadora (y en este caso, antidemocrática), importa poco si ese poder representa a los ciudadanos o no. Por eso es que escribe que este desafío al poder establecido que es una huelga de hambre es ilegítimo incluso cuando el gobierno al que desafía es ilegítimo4. Nada más lejos de la verdad.

Por suerte para la salud de la sociedad Chilena, es posible que una huelga de hambre pacífica haga lo que muchas otras estrategias no han logrado: una voluntad política, de parte de actores en todo el espectro político, de darle una solución de real y duradera a un conflicto que es demasiado complejo para ser tratado como un asunto policial, y demasiado importante para ser aplazado hasta que lleguemos al tricentenario.

  1. Hay que notar, por supuesto, que muchas formas de protesta son ilegales y otras no muy pacíficas, lo que no necesariamente las hace ilegítimas. []
  2. Brunet astutamente alinea los intereses de la sociedad chilena con los del gobierno bajo el ataque político de la huelga, pero solo un conservador de tomo y lomo se tragaría ese argumento sobrio []
  3. Empate que Brunet intenta hacer en los comentarios a su artículo []
  4. “si bien en una dictadura o tiranía tal presión es ilegítima, en democracia lo es por doble partida”, escribe Brunet []

14 Comentarios

  • Sin embargo, lo legitimo en sí, si se me permite decirlo de esa manera, es un “primitivo”, un término no definido, y a partir del cual se construye un lenguaje complejo de teorías que será en este caso el cuerpo jurídico. Por lo tanto decir qué cosa o acción es legítima o no lo es constituye un error desde el principio, ya que nos lleva a una estructuración social que inexorablemente termina en un sistema político social rígido, es decir, “muerto”. No existe algo que se pueda llamar legitimidad, sencillamente existe un acuerdo, un equilibrio de poderes entre el que manda y el que obedece, o dicho de otro modo un equilibrio entre lo que llama el autor como el “derecho de autodeterminación” y la voluntad de convivencia que, ineluctablemente, lleva a la mengua de este primer derecho. Lo legítimo entonces descansa, no en lo que está escrito en un papel como un derecho, sino en la continua tensión de fuerzas que luchando no deben nunca aniquilarse entre sí, pues por una parte ella es el individuo y por la otra el colectivo. Quizás, y aquí aventuro una solución, el Estado y quienes ostentan el poder deben claudicar de considerarse a sí mismo distintos de la colectividad a la que ordenan y dirigen, lo que concretamente se debiera traducir en un cuerpo de leyes que considere iguales de facto a todos los ciudadanos. ¿Cuál es el sentido de una ley antiterrorista? Su espíritu se puede resumir en la autoprotección del Estado frente a factores que lo debiliten estructuralmente. Y he aquí donde pregunto radicalmente (en un muy caricaturesco ejemplo) ¿es que acaso el asesinato de un presidente debe ser juzgado con diferente dureza que la de una madre soltera de tres hijos? ¿no está acaso la ley antiterrorista, en su esencia, categorizando en ciudadanos de primera y segunda clase, en aquellos que son el estado y en el resto, la “plebe”? La legitimidad de las acciones mapuches, finalmente en mi opinión, no descansa en algún derecho escrito o tácito, sino que sencillamente su legitimación surge y se da a partir del evidente desequilibrio de poderes entre el Estado y las personas.

    • Luis… totalmente de acuerdo… de hecho tengo un cita al respecto…

      “Las constituciones son el último grado de la tiranía -dijo Paul-. Organizan el poder a tal escala que no pueden ser derrocadas.”

      El Mesías de Dune Frank Herbert

      La sociedad que creemos tener tan civilizada en en realidad una selva donde se muere o se vive.

  • Lo complicado de una huelga de estas características es que lograr las demandas se hace detrás de una acción humanitaria y no porque los poderosos hayan entendido la validez de los argumentos.

    Ojalá logren lo que desean, pero ojalá que también avancemos a entendernos mejor sin necesidad de llegar a estos extremos. En vez de estar unidos nos peleamos por pesos. ¿Para eso somos capaces de pasar por encima de los demás?

    La situación de los mapuches son el reflejo local de lo que como sociedad nos falta por avanzar.

  • Parto confesando que en el tema de la huelga de hambre de los mapuches no he logrado tomar una posición. Simpatizo con la causa y no se me ocurren muchas alternativas para que los comuneros luchen por sus derechos. Sin embargo la huelga de hambre genera dinámicas perversas que me hacen mirarla con al menos con recelo.

    Partiendo del supuesto que los gobernantes, legisladores y jueces toman sus decisiones en virtud de los méritos de las causas, una huelga de hambre cambia de manera unilateral la naturaleza del problema. De cierta manera fuerza a los tomadores de decisiones a poner en la balanza el riesgo de manchar sus manos con sangre. Para alguien decidiendo bajo incertidumbre, una huelga de hambre distorsiona la importancia originaria de las causas generadoras del conflicto. En el caso mapuche pasamos de evaluar la irracionalidad de juzgarlos como terroristas a la inmoralidad de dejarlos morir.

  • @Luis,

    No creo que estemos tan en desacuerdo. Creo, obviamente, que hay derechos que son individuales y otros que son colectivos. Y al final, podemos discutir lo que queremos decir con legitimidad, pero en tu ultimo párrafo, cuando hablas de desequilibrio entre estado y personas, es donde esta el quid de la cuestión y lo que ataca el articulo.

    @meriadox: obviamente yo también preferiría que no se llegara a estos extremos (lo dejo claro en el articulo). Sobre si los poderosos han entendido, es irrelevante la verdad. Los argumentos no han cambiado con la huelga. Lo que cambio es la táctica para empujarlos a la esfera pública, y su público no son los poderosos, somos todos los demás.

    @Marcel: No hay que generalizar. El argumento del artículo es exactamente que uno no puede meter en la misma bolsa (como hace Brunet) a Gandhi resistiendo a los británicos y a los milicos en Punta Peuco.

    Creo que es justamente en tu “Partiendo del supuesto…” donde tenemos que detenernos. Acá hay un acuerdo más o menos amplio que la ley antiterrorista es una herramienta abusiva que se ha usado mal. Es decir, ha habido fallas en el aparato estatal que ha resultado en profundas injusticias. No puedes pasar entonces de tu “Partiendo… de los meritos” al resto de tu argumento.

    Sobre sangre, es demasiado tarde para tener esa discusión. ¿o ya nos olvidamos de los jovenes mapuche asesinados por la espalda por la policía chilena? Podemos ignorar esos eventos si queremos, pero si un comunero muere de hambre no será la primera muerte, aunque esta sea por omisión y la otra por acción.

    Saludos.

    • Si entiendo bien entonces no estas discutiendo si la huelga de hambre es una “herramienta” valida de negociación. Mas bien estas diciendo que en este caso, como han sido tratados injustamente (en eso estamos de acuerdo) entonces no tienen porque preocuparse de la validez de sus métodos. Peligroso el argumento. Es cosa de tirar un poco la cuerda para terminar justificando la violencia…

      Reitero que no se me ocurren alternativas que sean al mismo tiempo efectivas en conseguir justicia y menos perversas. En este sentido, la huelga de hambre sea quizás el mal menor, pero de no un mecanismo que debiéramos validar…

      • Estimado Marcel,

        Bueno, creo que para juzgar la validez de la huelga de hambre como “herramienta de los desesperados”, tenemos que revisar tanto ejemplos inmediatos como el de los Mapuche, como históricos (p.e. Gandhi en India). El punto del artículo es si uno puede (como intenta Brunet) descalificar al huelgista por principio, sin necesidad de discutir el fondo del asunto.

        No entiendo porque usas el término “violencia” para referirte a la huelga. De las formas de protesta que están disponibles, la huelga de hambre es una de las más pacíficas. No hay nada en mis argumentos que justifiquen el uso de protestas violentas. De hecho, es probable que muchos de los comuneros presos serían culpables de delitos aún sin la ley anti-terrorista. Pero esa es otra discusión.

        Finalmente, aunque aprecio la ambiguedad en que te encuentras (compartida por muchos, sospecho), al final es difícil decir que no tenian más alternativa de acción ante una injusticia reconocida (¿que dice eso sobre nuestras instituciones?) pero al mismo tiempo decir que no puedes validar sus acciones. ¿En que quedan los compatriotas entonces?

        Saludos.

        • Completamente de acuerdo que uno no puede descalificar al huelguista por principio, sin necesidad de discutir el fondo del asunto. Mi temor es en validar cualquier acción en virtud de ese fondo. Es en ese contexto en el que referencio a la violencia; no calificando a la huelga de hambre perse si no que para argumentar que al validar cualquier medio en virtud de las causas nos puede llevar a justificar también otros actos que si son violentos.

          Reconozco en la ambigüedad de mi posición una debilidad. Por eso meto la cuchara, más desde el exordio que de la peroración. Sin ánimos de convencer. En busca de mis propias luces.

          • Marcel,

            Al limitar la argumentacion a la huelga de hambre, mi intención era (intentar) evitar un argumento más generalista (el fin/fondo justifica los medios) que es lo que me parece te preocupa. Es por eso que me circunscribí a la huelga, y porque incluso en ese caso hay que juzgarlo caso a caso.

            Saludos.

  • La huelga de hambre comenzo mucho antes moralmente hablando…desde la epoca de Alwyn ya que desde ahi en adelante la ley antiterrorista comenzo a formarce y despues aprobada por la Concertacion…ahora tacticamente se esta haciendo presion durante este gobierno que como esta de turno le esta tocando todo este tipo de “presiones”…digo yo acaso alguien o algun medio miro el otro lado del vaso, se imaginan si (en metafora) los cientos de familias, trabajadores, dueños de parcelas que fueron afectados por las quemas, los disparos y los atentados de los mapuches hicieran una huelga para que tambien soluciones este problema…¿que hubiese pasado hipoteticamente al reves?…acaso la palabra MAPUCHE (escrito en mayusculas y en bold) que sale en los diarios cegaron a las otras victimas que son en la mayoria inocentes entre tanta violencia que surge con esto…mmm… Es muy probable que el gobierno sedera a sus demandas solo por el simple hecho de no ver morir a alguno de ellos y claro le van a hechar la culpa oir la poca eficacia y etc. Porque creo que esta noticia se va a olvidar en 1 mes mas…

  • En nuestros días, los gobiernos del mundo se encuentran enfrentados a un negativo efecto mariposa provocado por la acción de las estructuras sociales, que basan sus actos en la explotación irracional de los recursos, su inequidad distributiva, y las pocas posibilidades brindadas a las minorías para alcanzar mejores estándares de calidad vida. Ahora bien, para mantener la rentabilidad de dicho sistema, encasillan y obligan a la sociedad a cumplir con “normas” que entre comillas, buscan armonizar el bien común en beneficio del logro de los objetivos de sus procesos productivos y de las altas utilidades. Se suma a lo anterior, que parte de las etnias originarias, al mantener sus tradiciones – “porque todos queremos que así sea” – pierden la oportunidad y el interés por integrarse a este desarrollo suicida en el cual estamos insertos, y caen en una clara desventaja que se traduce en pobreza y falta de oportunidades. Los gobiernos por su parte, postergan estas reales necesidades, por otras que si bien es cierto benefician al bien común, perjudican históricamente a estas minorías que han dado prioridad a su cultura y tradiciones ancestrales, lo que los han transformado voluntariamente en “museos vivientes” que deben ser financiados. Esto nos lleva a la situación actual de la huelga de hambre de los comuneros mapuches, situación extrema legitimizada en sus inicios, por el pacifista y político Indio, Mahatma Gandhi, quien no quemó buses, ni galpones, ni camiones, ni tractores, ni anduvo armado. etc. En resumen, el pacifista político no siembra el terror. Y llegamos al punto en donde estamos hoy, enfrentados a un grupo de comuneros mapuches que lamentablemente sembraron el terror destruyendo propiedad privada y ahora, adoptan una huelga de hambre para hacer valer sus acciones sobre posibles “dolos” en los procesos que los juzgan, por los hechos por todos conocidos. Todos debemos entender que hay omisiones por ambos lados, que es tiempo de asumir nuestros errores y aceptar un punto de partida en donde estamos parados producto de nuestros históricos errores. La culpa es de todos los actores, las omisiones se sucedieron por parte de los gobiernos y también por parte de las comunidades indígenas. El respeto por la vida comienza por la vida propia y es ese principio sagrado el que debe cimentar una sociedad justa y que piensa en toda su gente, sin discriminación. Es tiempo de sentarse a conversar, pero antes todos debemos sacarnos la ropa sucia, y con la mano en el corazón mirarnos a los ojos y darnos los unos a los otros lo que nos hemos negado por tanto tiempo.

  • La alimentacion forzada, importa un trato inhumano y degradante, en ello estan mas o menos conforme tanto los principios de etica medica como la normativa internacional, de ahi que el principio de autonomia prima sobre el de beneficiencia (dirigido a salvar la vida) El problema que veo sin embargo, consiste en que muchos piensan que el principio de autonomia y el derecho que supone, la libertad, serian de menor valor frente a la vida, en este caso, pero no es asi(y no es que me parezca a mi) pues todos los derechos tienen el mismo valor, lo que sucede que en caso de disputa nos debemos preguntar por la dimension de peso que poseen, asi, la interrogante es ¿que derecho o principio tiene mayor peso en este caso? si lo planteamos asi, creo que la autonomia tiene un contenido que hace posible el que su ejercicio implique disponer de ella (por ello creo que la eutanasia y el aborto en algunos casos son legitmos) siempre que exista consentimiento informado, y no viole el principio del daño a terceros

  • Si fuera con estas intenciones entonces que todos hagan huelgas de hambre…es la moda ¿o no?…mientras se trata de usar todos los recursos por salvar algo tan valioso como la vida misma de 33 mineros, hay otros 32 humanos mas que quieren quitarsela…¿quien entiende?…acaso la idea es que haya un equilibrio con respecto a la vida…ademas la presion no es hacia el gobierno, es hacia los tribunales de justicia que son ellos los que por ley pueden hacer una “excepcion” en este caso particular…lo peor de todo es que no hara respetar la ley y se estan dando privilegios solo por el hecho de ser “mapuches”…ahora a todos les dio por serlos conceptualmente hablando, pero a las familias afectadas parece que a muchos se les olvido…ojala depongan su huelga y que si el gobierno les da la opcion de ser juzgados civilmente que se lo agradescan porque la ley es pareja para todos y no para algunos, pero si es por salvar estas 32 vidas hay que hacerlo…

    • Nadie entiende quizás porque lo de los mineros y los mapuche es peras y manzanas.

      Y obviamente, el punto de todo esto es que la ley no es pareja para todo el mundo, y que este no es problema que se puede solucionar en tribunales.

      Saludos.

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