Preguntas post-CEP

04 de Ago, 2010 | Por | Sin Comentarios

La semana pasada el barómetro de la política nacional -la encuesta CEP- marcó el escenario político criollo: que si subimos, que si bajamos, que si tenemos más o menos apoyo, que quiénes son las figuras mejor o peor evaluadas. Como siempre los políticos (que parece que no gustan mucho de las matemáticas y la estadística) tratan de extrapolar desde cifras puntuales apoyos a sus propias tesis, proyectos, lotes o coaliciones. Hasta aquí nada nuevo.  Sin embargo, hay tres fenómenos que daban a esta CEP un carácter especial: (a) el cambio de coalición gobernante, la llegada de la derecha al poder y la evaluación de la “nueva forma de gobernar”; (b) el apoyo a Michelle Bachelet, Presidenta que había dejado La Moneda con una altísima adhesión ciudadana a su gestión; y (c) el perfilamiento de presidenciables entre los actores políticos de la escena local.

a. La CEP remarca que el gobierno de Piñera es un gobierno “de mitad de tabla” gana o empata; pero ni gusta, ni golea. Su apoyo ciudadano es moderado, no desata adhesiones populares masivas. Al parecer para la gente refrescar rostros y actualizar el discurso de quienes gobiernan el país era muy necesario, por eso le votaron. Pero, no necesariamente la elección de Sebastián Piñera significa un cambio significativo en las expectativas de las personas respecto al rol del Estado, ni a su evaluación de 20 años de Concertación. La CEP parece decirle al gobierno: “haga su pega, no desmantele lo que hay”.

b. Aún Michelle Bachelet es incombustible en el apoyo ciudadano. La gente quiere a la Presidenta, le gustó su trabajo y esto es tan incomprensible para los analistas y políticos, que gran parte de las repercusiones post-CEP han estado en torno a cómo entender el apoyo que concita. A nuestro juicio, la clave es su credibilidad, no si lo hace bien o mal. En la retina de todos los chilenos, Michelle Bachelet significa un cambio profundo en el liderazgo, capaz incluso de distanciarse de la crisis de legitimidad generalizada  del sistema político y ofrecer una conducción que la ciudadanía evalúa como sincera y muy humana. Sin embargo, la oposición no puede sacar cuentas alegres, la Concertación tiene a muchas de sus figuras entre los políticos con más rechazo (Escalona, Rossi y Frei). Los presidentes de partido están entre los menos conocidos (con excepción de Carolina Tohá), y la aprobación de la ciudadanía está estancada en el 29% de la primera vuelta presidencial. Las “otras oposiciones” (MEO e Izquierdas extra Concertación) no lo hacen mucho mejor: la gente sigue castigando al sistema político en su conjunto.

c. Respecto al perfilamiento de nuevos nombres como presidenciables en la oposición hoy sólo existe Bachelet. El recambio generacional podría favorecer a Tohá, Orrego y Lagos Weber, pero todo depende de la relación que se articule entre Bachelet y la Concertación. De no mediar cambios  no hay nombres. La derecha, por su parte, está encumbrando a figuras conocidas (Lavín y Ravinet) y a nuevos rostros (Hinzpeter, von Baer). Pero, claramente, si el gobierno no levanta su apoyo en la ciudadanía -y la encuesta ADIMARK de hoy lo corrobora-, la exposición que dan los medios a las autoridades no será suficiente para perfilar esos liderazgos y dotarlos de potencial presidencial.

Desde esta vereda republicana nos preguntamos ¿qué más tendrían que saber los actores políticos para tomar en serio el malestar ciudadano con la política?; para la oposición ¿cuándo parte su reconstrucción política?; para la derecha ¿cuándo empieza en serio una “nueva forma de gobernar”?. La calidad de la política, pese a los cambios, sigue a la baja. ¿La ciudadanía empezará a organizarse de otra manera?, no lo sabemos, pero claramente los actores y prácticas actuales no son las que la ciudadanía demanda. En  la política local parece que prima la mediocre lógica del es lo que hay.

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