La fiebre del anti-Bacheletismo

04 de Ago, 2010 | Por | 1 Comentario

Hay que reconocer que la tesis del “gordismo” se destaca por lo febril. Atribuirle al fanatismo la raigambre de Bachelet subraya la desesperación de los adversarios de la ex Presidenta y la exasperación de los analistas que no hallan por dónde explicarla.

Amigo del blog Roberto Castillo, en una excelente columna en El Mostrador respondiendo a Cristóbal Bellolio (cuya respuesta puede encontrar aquí).

Las campañas pequeñas y grandes para erosionar el apoyo popular de Bachelet son por supuesto parte del juego político. Pero en el caso de Bachelet, demasiados de esos análisis parecen ignorar – por diseño o flojera intelectual, las razones estructurales (p.e. buena economía) y programáticas (p.e. énfasis en los programas sociales) de la popularidad de Bachelet.

En vez, seguimos siendo regados con ese análisis facilista que ataca Roberto, y que ha tomado desde las formas burdas y machistoides de Monckeberg (“la ex-polola”), Larraín (“la dueña de casa simpática”) o Brunet (“la mamá Bachelet”)  hasta formas machistoides y mas elaboradas como las de Navia (“cariñocracia“). Y esto acompañado de las correspondientes imágenes basadas, como corresponde, en la apariencia de Bachelet (p.e. el Gordismo de Bellolio).

Ninguno de esos análisis nos enseña mucho más que  la insistencia de los analistas de sumarse a una narrativa dominante que se basa en la política como culto de personalidad. Pero en el caso de Bachelet, también de una incapacidad absoluta de nuestra clase política y de muchos de nuestros analistas de ver más allá del género de la ex-Presidente.

Falta.

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1 Comentario

  • No es necesario ser partidario de nadie para notar la pequeñez de estos “analistas”. Son pequeños porque sus argumentos no alcanzan los dos dedos de frente. Sorprende el desparpajo de algunos que firman anteponiendo sus PhD y postgrados para luego escribir vomitando insultos y mala onda, en el mismo estilo que si estuvieran copeteados pelando a la expolola en un bar con los amigos.

    Otro ejemplo de un mal educado fue Robert Funk con su artículo “Adios, presidenta de teflon”. http://www.elmostrador.cl/opinion/2010/03/10/adios-presidenta-de-teflon/

    Tantos años en la universidad y ni para el arte de la ironía les alcanza.

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