¿De que hablamos cuando hablamos de pobreza?

03 de Ago, 2010 | Por | 2 Comentarios

La columna de Adolfo Ibañez de este lunes, en su blog de El Mercurio, termina con un magistral párrafo: “La realidad de situaciones angustiantes y dolorosas no debe confundirnos en cuanto a que la pobreza es, principalmente, una característica de nuestras mentes y almas que se refleja en nuestra vida política. Los pobres también sonríen y se aprontan para celebrar el Bicentenario (sic).”

Tanto reflexiones como la del Sr. Ibáñez (mayor, menor o igualmente aberrantes) y el conflicto sobre la Casen nos invitan a volver sobre una complicada pregunta: ¿De qué hablamos cuando hablamos de Pobreza?

Esquivada, omitida, la pregunta sobre qué decimos cuando decimos ‘la pobreza’ es, siempre, la reflexión sobre un fracaso (el fracaso socialdemócrata de no lograr redistribuir, el fracaso liberal de no poder “chorrear”); por lo cual “la pobreza”, como concepto, ha quedado relegada a un dato técnico o a un simpático recurso discursivo cuando tenemos que hablar de todo eso que no es como dijimos que sería.

Quizás el mayor triunfo ideológico de la derecha (en general, y la chilena en particular) tiene que ver con la desaparición de la pregunta sobre los conceptos, para su posterior cristalización. Así, y especialmente durante los  80’s, se produce un violento vaciamiento de nociones como la igualdad, la pobreza y la exclusión. Sustituyendo la mirada critica, es decir política, por la mirada ética, emotiva, caritativa o criminalizante.

Reducida al dato cualitativo, o a “una característica de nuestras mentes y almas”, la pobreza deja de ser un problema. Y cuando las cosas dejan de ser un problema… estamos en problemas.

Miradas y discursos como las del Sr. Ibañez, que abundan entre grandes sectores de la derecha (tanto explícita como implícitas), ya no pueden ser resueltas desde la retórica moral o el viejo discurso progresista ya que, y lamentablemente, lo que antes hablaba como distinción terminó actuando como mimesis. La profunda necesidad de retomar la mirada y el discurso crítico que nos defina, no como oposición, sino como una verdadera opción de transformación del orden social, así como romper con el cerco discursivo de la “unidad nacional” post-terremoto, nos abre la posibilidad de volver a poner en debate estos conceptos, nos permite volver a estar en desacuerdo.

Estar en desacuerdo sobre qué significa la pobreza, es decir, decidirse a hacer política sobre la pobreza, no es el conflicto entre quien dice blanco y quien dice negro, ya que a nadie le cabe duda de que hay políticos de derecha que han dedicado su vida a la cuestión de la pobreza, sino que, como señala el filósofo Jaques Ranciere, estar en desacuerdo es un conflicto entre quien dice blanco y quien dice blanco, pero no entiende lo mismo o no entiende que el otro dice lo mismo con el nombre de la blancura. Y eso es bastante más complicado.

Podemos pensar que lo propio de la oposición está ahí: en debatir y complejizar, reconociendo que todos los conceptos, ideas y palabras políticas poseen un sentido polémico; gestados en torno a una coyuntura concreta, y en una lucha concreta.

La posibilidad de la construcción de un discurso capaz de establecer la diferencia (política y programática) entre acabar con la desigualdad y acabar con la pobreza, o la desocupación; que la igualdad no es lo mismo que equidad, y mucho menos con la farsa de la “igualdad de oportunidades”, es la gran posibilidad y el gran desafío.

La cuestión ya no se puede reducir a diferencias sobre las estrategias, enfoques, siquiera a  políticas públicas, ya que este tipo de discusión siempre nos llevará a conclusiones que se resumen en  una variación un poco superior a un punto porcentual de la pobreza, ocultando violentamente los niveles (pero más que nada los significados) reales de la pobreza.

No se puede ser oposición desde el acuerdo, y si no se tiene la voluntad para construir el desacuerdo… quizás es mejor sincerarlo, y suspender así la expectativa para permitir la emergencia de lo nuevo.

2 Comentarios

  • que bueno volver a leer a juan moraga. es verdad hay que volver a plantearse seriamente de que hablamos,cuando hablamos no solo de pobreza,sino de las estructuras y modelos que permiten y perpetuan la pobreza, la desigualdad, los delitos de lesa humanidad etc. LULA

  • Completamente de acuerdo en torno a la necesidad de retomar una política del desacuerdo y una mirada crítica sobre los conceptos en torno a los cuales debatimos. Pero creo que aquel triunfo ideológico que ha hecho desaparecer la pregunta por los conceptos no es necesariamente un triunfo de la derecha sino más bien un triunfo de un sistema en el cual todos somos parte, un sistema, que por lo demás, la concertación abrazó feliz y al cual contribuyó en gran medida, inclusó llendo un poco más allá, un sistema que es la base ideológica de la concertación, recordemos que la política de los acuerdos no se estableció durante la dictadura. En este contexto no hay que olvidar que el problema de la pobreza es un problema muy entrecomillas para el sistema ya que hoy es alarmante simplemente porque se ha superado aquel nivel que todos evitan nombrar, especialmente los gobernantes y los economistas, llamado “pobreza estructural”, es decir, aquel nivel de pobreza que se necesita para que el sistema funcione. Sin duda es necesario reactivar el debate en torno a los conceptos y sus definiciones pero también es necesario asumir la responsabilidad individual en dicho debate. Las transformaciones ideológicas no son algo que impongan simplemente las derechas o las izquierdas o lo gobernantes, sino que son responsabilidad de los sujetos que vivimos y sobrevivimos en sociedad. Saludos y muy buen artículo.

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