El Ocaso de Otero

19 de Jun, 2010 | Por | Sin Comentarios

Cuando un boxeador llega a una edad madura se encuentra a veces con una disyuntiva. Una disyuntiva cuya resolución puede determinar como será recordado. La oportunidad de una última pelea, con un oponente difícil después de un período de deslucimiento, para brillar y retirarse con un sabor a triunfo en la boca. Pero tanto en política como en boxeo, ponerse los guantes es exponerse a una paliza de proporciones. Para Miguel Otero, cuyo nombre nos traía memorias de la dictadura y la transición, su breve servicio como embajador de Argentina nos recuerda que a veces es mejor vivir de los recuerdos que volver al ring.

Miguel Otero, Ex-Embador en Argentina

Y que recuerdos que tiene Otero. El escándalo por su entrevista al Clarín se centro principalmente en su afirmación de que la dictadura había solo afectado a una minoría de Chile. El absurdo de la afirmación – ¿Se puede decir que una mayoría, aunque no los maten ni los torturen, viven sin ser afectados por la opresión que se respira en dictadura? – fue evidente para la mayoría del Chile del 2010. Pero la entrevista contenía también otros clásicos de la mitología pinochetista, incluyendo que las violaciones a los derechos humanos fueron resultado de entusiasmos individuales – no una política de estado. Más que recuerdos, lo de Otero es una realidad alternativa.

A un ciudadano con contacto tangencial con la política se le podría perdonar la ignorancia que mostró Otero en la entrevista. Pero un ex-Senador, ex-vice-Presidente de un partido político esa ignorancia no es creíble. Menos aún viniendo de un hombre que fue parte del aparato represivo de la dictadura, en su caso organizando el aparato de inquisición que ayudo a sacar a estudiantes indeseables de la Universidad de Chile. Y de la cuál, para que no se diga que Chile es vengativo, todavía es profesor.

Las reacciones a la entrevista no se hicieron esperar, y pusieron al gobierno en problemas rápidamente. Las críticas a Otero le presentaron a ciertos elementos de la derecha una oportunidad para ventilar su frustración con esta historia que se ha escrito en la transición, obligándolos a moderar o reprimir su celebración de la dictadura. O como dijo el Diputado UDI Enrique Estay, el gobierno de Piñera debería aprovechar la oportunidad del escándalo para abandonar la “visión sesgada” del gobierno militar impuesta por la Concertación.

Pero la respuesta del gobierno fue mejor que en ocasiones anteriores. El Presidente Piñera difícilmente podía enfrentar el tema personalmente, teniendo una larga historia en común con el ex-embajador que incluye entre otras cosas la co-autoría de un infame proyecto de punto final. Pero por suerte para el Presidente el incidente reveló una vez más la sabiduría de tener a Rodrigo Hinzpeter como ministro del interior, que ha resultado ser un buen portavoz en estos temas. Y nada lo pudo validar mejor que la violación de la Ley de Goodwin de José Piñera – el mini-me de Pinochet en 140 caracteres, que le permitió al Ministro poner distancia con el pinochetismo duro. Pero a pesar del favor de Pepe, estos primeros cien días han demostrado que no hay voluntad en el gobierno para excluir a estos personajes de cargos de poder1.

Al final, el affaire Otero es más que el desliz de una autoridad que esta desconectado de la realidad política de su país. Es una prueba más de que existe un segmento en la derecha que es impermeable a la evidencia legal, histórica y política sobre los derechos humanos en Chile durante la dictadura. Para estos elementos del Pinochetismo, defender la dictadura es validarse a si mismos, y jamás dejarán de intentar reescribir la historia si tienen la oportunidad. A veces parece que en la izquierda esto se olvida, y se cree que los juicios, y las comisiones de verdad y reconciliación, y la afirmación de la democracia garantizan de algún modo que los abusos de derechos humanos ya no se pueden barrer bajo la alfombra. Esperemos que la historia de este boxeador, que volvió por última vez al ring para salir ensangrentado y derrotado, nos haga recordar que la historia del Chile reciente todavía está en disputa.

  1. Y cada vez que fallan, al alma de Pato Navia se le cae otro pedacito por las promesas rotas. []

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