Ni el político ni el científico: entendiendo a Tironi

12 de May, 2010 | Por | 5 Comentarios

Eugenio Tironi ha levantado una polvareda de proporciones con su libro sobre la derrota electoral de la Concertación. Análisis más, análisis menos, lo de Tironi es también un signo de los tiempos, no es político ni es científico, en los sentidos clásicos de ambos términos. Un político busca el poder con pasión, un científico busca la verdad con pasión. ¿qué busca Tironi y dónde están sus pasiones?.

En las conferencias de 1919 “La política como vocación” y “La ciencia como vocación” Weber advierte a los políticos de la vanidad: “el político tiene que vencer cada día y cada hora a un enemigo muy trivial y demasiado humano, la muy común vanidad” y a los científicos de la adivinación profética: “La ciencia no es hoy un don de visionarios y profetas que distribuyen bendiciones y revelaciones, ni parte integrante de la meditación de sabios y filósofos sobre el sentido del mundo”.

Tironi es un estratega comunicacional que cae en ambos peligros, trabaja dependiendo del cliente, de la vanidad que le provoca que lo escuchen y del “sentido” que hacen sus profecías.

Sus pasiones varían en función del “pedido” y sus análisis en función de lo que le dicen el uso de las metodologías aplicadas de las ciencias sociales más cercanas al marketing que a la investigación social. Es un flexible-made-man. Dispuesto a diseñar estrategias, analizar datos, proponer lemas y vender titulares con la velocidad que requiere una “sociedad hiperconectada”, donde todo es para ayer y que valora mejor al primero que saca un producto al mercado.

Sin endiosarlo, su trabajo interpretativo tiene varios méritos, sobre todo los de tematizar desde “el mercado de las ideas” lo que el ABC1 concertacionista no quiere escuchar: que perdieron por no entender lo que habían hecho con el país y ser incapaces de  ‘escuchar’ las nuevas  demandas de un país transformado brutalmente por la experiencia de la sociedad de masas.

Sin satanizarlo, su trabajo tiene varias deficiencias sobre todo asociadas al tipo de advertencias que nos hiciera Norbert Lechner en una entrevista de 2004*:

“Me sentí frustrado (en los 90) por la despreocupación del Estado democrático por el desarrollo de las ciencias sociales. Las autoridades reconocían la deuda que tenía la democracia con los centros académicos, pero terminaron optando por el mercado como el principio regulador. Ello fomenta una de las mayores distorsiones de la producción de conocimiento: la consultoría privada. (…) La preeminencia de estrategias individuales socava el trabajo intelectual en tanto desafío colectivo.”

Me queda la sensación de que el colega Tironi hace rato que no revisa a los “clásicos” y que lleva demasiado tiempo jugando sólo, privadamente.

*Lechner.N (2007). Las condiciones sociales del trabajo intelectual (2004). Obras Escogidas Vol 2. Ed. LOM, Stgo. p.33

5 Comentarios

  • ¡Claro! Estoy de acuerdo, Sebastián. sin embargo, siempre que se reflexiona en torno a este tipo de tópicos me cuestiono si es que analizar la práctica desde la teoría tendrá algún sentido. Y sí, para la academia lo tiene. Para los blogs y la red también lo tiene. Pero para Tironi no. A Tironi le va bien… ¡bastante bien! Él se las arregla de lo mejor haciendo oidos sordos a la condición social del trabajo intelectual que supone la comunicación estratégica como rama de la sociología y el periodismo.

  • Excelente análisis… absolutamente nada que agregar. Sólo que Lechner nos dio lecciones sobre como hacer política. Saludos

  • Muy cierto, y muy buena columna.

    Es justo lo que estaba pensando en relación a otro famoso columnista de la plaza: el problema con el intelectual chileno es que quiere decirle al jugador como jugar a la pelota sin haber nunca jugado. Y eso no se puede.

    O bien uno estudia el juego, y se memoriza todos los resultados de los partidos, las alineaciones de los equipos, las estadisticas de quien le gana a quien, o se pone a jugar. O sea cientista, y de los buenos (de los que cuestionan, teorizan, y critican el rotulo de cientista social mismo, dandole asi densidad teorica a su acción) o pongase a jugar.

    Pero las columnas livianitas donde habla como si alguna vez le hubiera ganado un partido a alguien, guárdeselas ahí mesmo. Dando consejos desde la galeria sobre como hacer los pases, suenan como guatapiques.

  • Tanto Tironi como “otros columnistas de la plaza” de los que habla el colega Muñoz caen en los pecados de la adivinación prófética y de la vanidad. Aquellos que les gusta escribir en twitter y que no le responden a nadie. Aquellos que cuando juegan en política, esporádicamente y siguendo la metáfora “furbolera”, se hacen los lesionados y se van antes de que acabe el juego. Habiendo leído ya una parte de “Radiografía de una derrota”, considero que el esfuerzo de Tironi descriptivo sobre los clivajes que dieron origen a la estrategia electoral concertacionista es válido y brillante. Ahora su posición de “no soy de aquí ni soy de acá” es enervante y empaña mañosamente todo lo que su obra tiene, efectivamente, de bueno.

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