Reconstrucción sí, pero ¿qué tipo de reconstrucción?

15 de mar, 2010 | Por | 1 Comentario

* por Paz Peña

Joachim Lelewel, historiador polaco y una de las más destacadas figuras del movimiento democrático e independista del siglo XIX en su país, es autor de una célebre frase en la reconstrucción de su nación: Polska tak, ale jaka? (Polonia sí, ¿pero qué tipo de Polonia?). Aquel cuestionamiento, que lleva a discutir políticas más profundas que un patriotismo simplista, parece ser preciso para describir el momento actual de Chile, que se debate entre llamados a la unidad nacional post catástrofe, y el arribo al poder de una derecha reconocidamente neoliberal que se plantea con un cariz de “gestión”, de (ahora sí) “hacer las cosas bien”.

No hay duda alguna que después de los hechos acontecidos el 27 de febrero en Chile, hay concordancia en que se está en frente de una de los mayores desastres naturales ocurridos, y que es imperiosa la reconstrucción no solo de los daños materiales, sino que –especialmente después de los saqueos atestiguados—del tejido social de este país. No obstante, de manera peligrosa se comienza a utilizar el discurso de la reconstrucción nacional como una excusa para uniformar pensamientos y, por tanto, para soterradamente acallar voces disidentes.

El juego del discurso es peligroso. Una mañosa bipolaridad que implícita o explícitamente, busca ahogar espacios para la reflexión: “si no estás conmigo, estás en contra de todos nosotros”; “si no estás de acuerdo con (mi) la reconstrucción, estás del lado de los destructores”; “si no estás con nosotros, estás en contra de la unidad nacional”, etc.

Con esa amenaza latente del discurso, sumado a un ambiente banalmente nacionalista (es cosa de ver una de las columnas más leídas en el diario El País, “¡Viva Chile, mierda!”), la unidad nacional se transforma en un dispositivo de uniformidad de pensamiento.

Uniformidad que, al menos es su clamor popular, busca resucitar “valores” propios de una surte de “alma nacional”, que no hace más que recordar el pinochetismo y/o la patriotería más vergonzante (ver algunas cartas y columnas de El Mercurio, por ejemplo).

Uniformidad que, en los círculos políticos, es aún más preocupante cuando la oposición está más pendiente de encontrar la popularidad facilista de las encuestas, que de proponer un proyecto social claro que busque subsanar el “malestar social” que sus propios gobiernos ayudaron a acrecentar (y del que nos ha hablado la PNUD o Gabriel Salazar pero que tibiamente fue reconocido por una reciente columna algo arrogante de Ricardo Lagos).

Reconstrucción sí, pero ¿qué tipo de reconstrucción? ¿Será que para ella solo tenemos que alentar el consumo? ¿Qué tipo de regulación exigiremos a las inmobiliarias y concesionarias ahora? ¿Qué papel jugarán las mujeres locales en el desarrollo de las zonas afectadas? ¿Queremos empleo precario para reactivar? ¿Los saqueos masivos solo se deben a una cuestión de orden?, y así podríamos continuar con cuestionamientos que necesitan una reflexión crítica antes de caer en el juego (también discursivo) de la “urgencia de la gestión”.

Que el discurso de la reconstrucción ni de la unidad nacional desaliente la reflexión crítica. Que no nos pasen gato por liebre. Hoy, más que nunca, se necesita resolver entre todos: Chile sí, pero ¿qué tipo de Chile?

* (Paz Peña es periodista de la PUCV y actualmente cursa el Magíster en Género y Cultura, mención en Cs. Sociales, en la Universidad de Chile. Es socia de una pequeña empresa desarrolladora de software, trabaja en la ONG Derechos Digitales, y habla sobre tecnología y cultura en su blog tilt!)

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