El eslabón perdido de la República

10 de Mar, 2010 | Por | Sin Comentarios

El terremoto que afectó a nuestro país no sólo derrumbó casas y personas. También nos demostró que nuestros cimientos como sociedad son bien endebles. Nuestra convivencia, aparentemente sustentada en libertad e igualdad, con una gran crisis que enfrentar, se vino abajo.

El constante desarrollo de la Modernidad se fue preocupando de ir potenciando y fortaleciendo el Contrato Social de la República basado en la libertad, la igualdad y la fraternidad entre los ciudadanos del Estado-Nación. Sin embargo, los cambios en los modelos de desarrollo fueron centrando a la sociedad en torno en la economía, y para el caso de nuestro país, neoliberal, socavando de manera profunda el vínculo y la integración social. El fomento de la competencia como forma de super (o sobre) vivencia ha llevado a cada persona a  desarrollarse en torno a sí misma.

El modelo de desarrollo priorizó el eslabón republicano de la libertad, a través de los derechos individuales y el derecho de propiedad.  Concientizando al consumidor (ex –ciudadano), que si algo o alguien lo molesta  tiene todo un pool de derechos que echar encima para aplastar al otro y así subsistir. Por supuesto, previo pago. Tanta prioridad de los derechos fue derivando en un constante y camuflado olvido de la contraparte natural de los derechos, los deberes.

La igualdad estuvo olvidada durante mucho tiempo, recién en los últimos años ha ido retomando un poco de protagonismo, pero sólo en términos económicos (distribución del ingreso, salario mínimo, etc.). Sus otras dimensiones, como la igualdad de derechos, no pasa de ser un saludo a la bandera. En nuestro país hay unos más iguales que otros; o unos con derechos que otros no tienen ni pueden tener, básicamente por una diferencia de ceros en la cuenta del banco. Violencia simbólica pura.

Tenemos que reconocer –y lamentar- que en Chile aún hay personas que no tienen garantizados estos derechos. Basta con mirar en la calle, donde vemos personas que no pueden ejercer libremente su autonomía, que no tienen acceso a educación, salud ni vivienda.

Es la Igualdad el primer eslabón republicano que está profundamente dañado. La igualdad implica deberes, y el primero es el deber de considerar al otro, que comparte el espacio público en el que me desenvuelvo sin importar su raza, nivel socioeconómico o educación, como un igual.  Esto se derrumbó con el terremoto, y los daños salieron a luz a las pocas horas del sismo, cuando la gente desesperada corrió a saquear para asegurarse un sustento. También para revender a precios de mercado negro, a aquellos que “no se aseguraron”.

Pero hay un eslabón perdido, y desde hace mucho que se sostiene a duras penas: la Fraternidad, asociado generalmente al altruismo y/o a la piedad. Sin embargo, desde el ideal Republicano se asocia mucho más a un ideal (aspiración) de unión de intereses en pro del desarrollo de los ciudadanos y del Estado-Nación.

La Fraternidad va de la mano de la solidaridad, es su medio de comunicación,  y se inserta en el ADN ciudadano. Los orígenes de la solidaridad están en lo ciudadano, con el surgimiento de las Mutuales o Asociaciones en el siglo XIX. La solidaridad ciudadana lo encontramos en los orígenes de las ONG, quienes se dedicaron a organizar a la sociedad y promover canales de participación político-ciudadanos.

Al modelo económico neoliberal no le parecen mucho los conceptos “participación” y “ciudadano”, por lo que generó una forma de solidaridad más integrada a sus campos, y que incluyera conceptos como “consumo” y “consumidor”. Para esto, ideó las “campañas solidarias”, minimizando el potencial participativo, político y ciudadano de la solidaridad.

Las campañas solidarias se mediatizan, transformándose en un show de la caridad (no de la solidaridad) “llegando a domesticarse y encauzarse dentro de la lógica comercial del modelo vigente” (Lipovetsky, 1994). Esta mediatización de la solidaridad trajo varias consecuencias:

  1. Los contenidos “solidarios” de los medios están destinados a generar utilidades para las marcas relacionadas con los medios.

  2. El espectáculo mediático que han formado las campañas solidarias ha llegado a configurar una visión de la solidaridad unidimensional, es decir, la única forma importante de ser solidario es ayudando a la campaña, encasillando mediáticamente a la solidaridad.

  3. El factor solidaridad es visto y abordado en dos dimensiones por los medios: la visión social y la propia. Los medios no reflejan a la sociedad sino lo que ellos quieren mostrar, según los intereses de sus marcas.

Un aporte mucho más sustentable al desarrollo de una ciudadanía solidaria y  la fraternidad que las “campañas” es la idea de “movimiento solidario” o “política de movimiento”, planteada por el filósofo Richard Rorty. Se potencia, así, la concepción de solidaridad, pues con la idea de movimiento “se enriquece abriéndose a una valoración pragmática del poder transformador que se vislumbra cuando los individuos son capaces de vincularse solidariamente con el fin de cambiar o corregir el orden social en algún aspecto relevante” (Figueroa M., 2007).

La idea de movimiento es mucho más sustentable y valorable que la de campaña, puesto que ayuda a construir un metarrelato social en torno a la solidaridad, otorgándole un valor dentro del ejercicio ciudadano, que es lo que originalmente está detrás de la idea de fraternidad republicana.

La solidaridad debe ser parte de la legitimidad de la condición humana, hoy la colaboración se da en forma fracturada, y hay una visión de la solidaridad que sólo apunta a donar cosas. Las democracias maduras, manifiestan la solidaridad en todos los niveles y no sólo como caridad. El primer paso que debemos tomar como ciudadanos  es preguntarnos ¿queremos o no vivir en una sociedad con igualdad de oportunidades, en una sociedad decente y justa? La respuesta positiva implica la existencia digna de todos quienes habitamos el país. Y para eso es necesario contar con tres eslabones igualmente balanceados: la libertad, la igualdad y la fraternidad.

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