Implementando La Doctrina del Shock

05 de mar, 2010 | Por | 13 Comentarios

Si Piñera no desea alterar drásticamente sus metas económicas deberá dar un nuevo impulso al país, facilitando la creación de nueva riqueza. Ello requiere fórmulas imaginativas para apoyar al sector privado en la reposición de la riqueza perdida, tales como fast track para nuevos proyectos, cofinanciamientos y también medidas más audaces, como la venta parcial de empresas públicas, para financiar la reconstrucción. De lo contrario, la meta de crecer al 6% se aleja cada vez más de los chilenos.

Luis Larraín, subdirector del Instituto Libertad y Desarrollo, dandole consejos al Presidente Electo de como lograr la añorada privatización de las empresas públicas chilenas.

Y eso que las réplicas no han terminado.

Palabras Clave :

13 Comentarios

  • Esa es la gracia, golpear mientras todos estamos golpeados, así pasa piola, como tantas veces lo han hecho.

  • Básicamente lo que decía la Naomi. Ese libro debería pasarse en el colegio.

  • Ja! Bueno, si algo justifica que hubieran contratado esa supuesta infraestructura gringa capaz de producir terremotos sería esto.

  • Ahi se nota que fuimos el primer país donde se implementó esa cochiná y dio resultado. Están seguros de que dará resultado, porque ya les ha funcionado desde hace más de 30 años…

  • Así se hacen los terremotos. Muy educativo:

    http://www.youtube.com/watch?v=SXGZseT6OZs

  • luchito larrain se debe estar limpiando los bigotes. con tal q no toquen los fondos soberanos… anyways, todo esto mmmmmmmmmmmm suena a conocido mister!!! y como he dicho mil veces, la naomi recicla lo q se escribió en paris en 1850…arrasar con las barricadas de los pobres.

    saludines a los repubs!

  • Bueno, sobre las diferencias entre izquierda y derecha, pero también entre concertación y derecha, que tan mal nos ha hecho olvidarlas. Incluso ahora, precisamente ahora, que las diferencias son casi de velocidades, unos reclamando la demora en la declaración de estado de excepción, otros guardando absoluto silencio, colocando testimonios que parecen justificar la medida. ¿A qué se refieren algunos cuando señalan que los temores irracionales, comprensibles en la sociedad chocada, serían “reprensibles en las autoridades que deben actuar en atención al razonamiento (pues en verdad los militares podrían cumplir sin ningún problema sus labores de ayuda a la comunidad desesperada sin limitar dichos derechos, dejando a la policía su trabajo de proteger la propiedad privada)”? Además de omitir la infestación mediática y que las sociedades funcionan como productores de stress colectivo, ¿cómo es que los militares cumplen funciones comunitarias sin limitar en el acto ciertos derechos? ¿Cómo es que la policía de Concepción estaría en condiciones de cumplir dicho cometido si no es movilizada, a su vez, por los militares? Más aún, ¿me pueden decir bajo qué régimen, bajo qué estructura, bajo qué ideología, en qué mundo en resumen, no se reacciona, ante una catástrofe (natural y cultural), según una lógica concertada económico-político-policial? Antes de sorprender “estructuras fascistas”, tal vez podríamos ver aquí un dispositivo, “dispositio” si ustedes quieren, que nos precede radicalmente, por lo menos en todos los discursos políticos, sin mencionar en los teológicos y en los filosóficos (supuesto que lo policial al interior de la filosofía -puesto que lo económico y lo político en el ejercicio filosófico puede ser más comprensible- lo ejerza, como señala Deleuze, la apelación a una historia de la filosofía, a unos “especialistas”, a unos “traductores”). Pero entonces sería bueno no emparejar la realidad y el paisaje, y apreciar las diferencias y las velocidades. Una cosa es hacer, en lecturas diversas, de la excepción una regla, pero otra es hacer de la excepción una regla de análisis (sobre este gusto por lo “excepcional” podríamos escribir un libro completo), escamando el paisaje, homologando todo, aplanando las diferencias. Esto también corre para esa afirmación reiterada aquí y allá según la cual “hace años que vivimos un régimen de excepción que aparenta ser normal y que ahora, el terremoto geológico ha mostrado su profundidad” (sobre la salud de la violencia, la positividad de la destrucción, incluso la positividad de la barbarie… el milagro invertido, en fin, lo que Badiou llamaría matar el ideal romántico con el romanticismo). Rancière tiene razón, pienso, cuando señala que “no vivimos en democracias. No vivimos tampoco en los campos de concentración, como aseguran algunos autores que nos ven a todos sometidos a la ley de excepción del gobierno biopolítico. Vivimos en Estados de derecho oligárquicos, es decir, en Estados donde el poder de la oligarquía está limitado por el doble reconocimiento de la soberanía popular y de las libertades individuales. Conocemos las ventajas de este tipo de Estados, así como sus límites”. En realidad, la lectura que hace de la excepción una regla de análisis es más bien un gesto de análisis postpolítico que no describiré aquí (Adorno podría llamarlo el refugio micrológico de la metafísica). En todo caso, por este gesto postpolítico, uno puede extrapolar lo que señala Schmitt sobre el “estado de excepción” y tratar todo estado de excepción en relación con una guerra civil, lo cual no es sólo una afirmación jurídicamente equivocada, sino filosóficamente peligrosa. Más aún, por esa misma lógica, es el propio agente que hace el gesto postpolítico el que convierte a lo social en lo oscuro, en el rumor, lo cual nos aclara las paradojas de las nuevas lecturas de Schmitt que proliferan en nuestros días. Teniendo presente la estructura oligárquica de nuestro Estado, tal vez podríamos ser más precisos, distinguiendo circunstancias, velocidades, políticas, etcétera, y no “forzar lo abrupto de lo efectivamente real con medios subjetivos”. Con estos revisionismos (por ejemplo el que escribe que el “partido empresarial” de Piñera “no hace más que presentarse públicamente, cuando ya ha estado operando durante todo este tiempo. Así, tal como este terremoto ha dejado ver el país que somos, el triunfo de Piñera -verdadero terremoto político para la Concertación- ha dejado ver lo que estos gobiernos verdaderamente eran”), que un gobierno de la Concertación termine con un sector del territorio bajo estado de excepción es, pues, como estar en dictadura. Ya hemos visto que bajo democracia tenemos un “Chile detenido desaparecido”, un “detenido desaparecido”, “leyes de amarre”. Ahora, nos dice la derecha, necesitamos reeditar la política de los acuerdos y estamos otra vez en una transición. En este revisionismo, la derecha y cierta izquierda se dan la mano (también en el fascismo de lo social, de la inmediatez social, de la pureza del acto social no normalizado). Pienso que estos revisionismos desnudan problemas de aproximación filosófica y política (entre otros, el recurso de escribir y hablar desde la imposibilidad política, lo cual es distinto, ciertamente, a firmar que pueda haber una política sin discurso de la imposibilidad). A veces olvidamos qué es la derecha en Chile, no dimensionamos lo que ha sido la dictadura en distintos planos, tal vez porque estamos acostumbrados a la Concertación “como” derecha, y este ha sido, desde luego, un problema de la Concertación y de la ciudadanía. Mientras el revisionismo neo-conservador de Alemania buscaba quitar de la conciencia la interdicción después de Auschwitz, para propiciar una identificación falsa con la “idea de nación alemana”, el revisionismo de cierta izquierda (no hablo del revisionismo de derecha a cargo del diario El Mercurio, que sin duda también homologa dictadura y democracia concertacionista), procura homologar dictadura y democracia concertacionista, extender la excepcionalidad del análisis, para permitir la identificación con “lo social” (“traicionado una y otra vez por la Concertación”), que, sin embargo, ya no existe en los términos políticos de la izquierda, lo cual no quiere decir que la izquierda no deba pensarse en otro sentido. Justamente lo contrario. Saludos, Ivan

  • Antes de vender Codelco o empresas Públicas soy partidario de un impuesto especial a la extracción de los minerales para la reconstrucción, me parece favorable lo que proponía Lavanderos.

  • No es necesario ser imaginativo… royalty a la extracción de los recursos naturales… y listo!… los fast track para proyectos solo causan pérdidas sociales, económicas humanas y naturales… los edificios sin inspección adecuada es un triste recuerdo de que las cosas a la rápida no son baratas… claro, creceremos a más del 6% gracias a las inversiones de la reconstrucción… otras medidas basadas en el terremoto es usar esta desgracia como excusa y eso me parece super miserable.

  • Pablo Aránguiz Ballesteros dice:

    Similar a lo que proponía Ríos: Si te pillo con los pantalones abajo…te meo… Mi humirde aporte…y del Chino Ríos…

  • […] para que no creas que es un hecho aislado, algunas mentes del Instituto Libertad y Desarrollo andan en la misma. Creo que debieramos invitar a Naomi Klein a pasar una temporada en Chile. Share and […]

  • […] ¿Los saqueos masivos solo se deben a una cuestión de orden?, y así podríamos continuar con cuestionamientos que necesitan una reflexión crítica antes de caer en el juego (también discursivo) de la “urgencia de la […]

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