Terremoto desde afuera

01 de Mar, 2010 | Por | Sin Comentarios

Estoy en Buenos Aires tratando de encontrar un vuelo que me lleve de vuelta a Santiago. Debía volver justamente el sábado terrible en que nuestra “loca” geografía nos recordó donde tenemos construidas nuestras casas, pero no pude. Conectada a la señal internacional de TVN desde las 5 a.m. y después de una llamada telefónica que me dejó helada sólo podía pensar en mi familia repartida, en mis amigos, en los vecinos, dónde estarían, estarían bien, cuándo sabríamos de ellos. Y así estuve por horas hasta que nos fuimos encontrando por llamadas, por correos electrónicos, por el amigo del amigo que puso un aviso en Twitter.

La sensación de experimentar este terremoto desde lejos es rarísima. Es la segunda vez que me escapo, el terremoto del 85 tampoco lo viví porque iba en un bus camino a Santiago.  Pegada a la tele el día entero fue la única manera de compensar que no estuve allí para abrazar a mi abuela que estaba sola o ayudar a mi padre a salir de su casa en el barrio Brasil.  Estos son los momentos en que el corazón se te apreta de una forma indescriptible y lo único que quieres es abrazar a tu gente y compartir algo de su dolor.

Ahora como muchos chilenos y chilenas espero que la institucionalidad pública, el Estado y el gobierno actúen, que no se comentan errores, que la ayuda llegue rápido y se reparta justamente. Que el gobierno entrante se comporte a la altura, que no construya polémicas antes de asumir su período, que no invente eslóganes marketineros y haga la pega, llamando a la tranquilidad y no invocando al miedo.  Que, aunque la gente aparezca saqueando un supermercado, impere la sensatez y la cordura por parte de quienes detentan el poder de la fuerza y la legitimidad de la institución que representan.

Esperamos desde esta vereda republicana que el terremoto y sus fatídicas consecuencias permitan generar políticas públicas persistentes y duraderas en múltiples materias como 1. la seguridad y prevención, 2. la formación de investigadores y profesionales expertos y 3. la calidad en la construcción de viviendas e infraestructura pública. Nunca más podemos ser cómplices de personas con nombre y apellido que levantan constructoras e inmobiliarias que engañan a la gente diciéndoles que vivirán como se vive en Vitacura. Y en esto tenemos que volver a aprender a participar juntos, a presionar juntos y a organizarnos juntos en torno a una cosa que se llama política.  Nunca más se nos puede morir alguien o podemos poner a alguien en riesgo porque dejamos de hacer algo que pudimos hacer.

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