La Cuñacracia

25 de Feb, 2010 | Por | 1 Comentario

Y llegó el cambio nomás. Llegó con prepotencia, con arrogancia y en plenitud. Llegó instalando un discurso “de Unidad Nacional”, en donde todo aquel que ose oponerse es automáticamente calificado de resentido, envidioso, y un largo etcétera. Todo esto producto de la llegada del éxito, la eficiencia, la trasparencia y la honestidad. Llegó la salvación del país, que ha sido liberado de “la dictadura de la democracia”, como dijo una eufórica partidaria del presidente electo (democráticamente) mientras celebraba.

¿Cómo se ha instalado este discurso?, de muchas formas, pero principalmente a través de lo que comunicacionalmente se conoce como “la cuña”, consistente  en alguna frase textual rimbombante, en este caso del Presidente electo, que sirve para titular o destacar algo en cualquier contexto. Es así como la Alianza, a su clásico discurso del cambio le fue agregando conceptos y frases muy lindas, atractivas y llamativas (“arriba los corazones”, “un abrazo cariñoso”, “oportunidades para todos”, entre miles de otras). Harta campaña publicitaria, harto marketing, pero no político).  La derecha potenció su producto, cambió la estrategia, amplió el target, generó slogans, pero siempre cuidando de no dar a conocer de qué está hecho el producto. La imagen es todo, y la sed -de poder-, también.

“Pan y Circo” es todo lo que una derecha usa, y requiere, para gobernar. Nada de preguntas de fondo, si el Presidente electo declara que “está bien la red de protección social, pero hay que generar la red de oportunidades”; por favor, que a nadie se le ocurra preguntar ¿en qué consiste esta red de oportunidades?. O si dice “vamos a generar 1 millón de empleos”; nadie pregunta ¿cómo y quién pagará esos empleos? Pura frase bombástica, puros voladores, puras cuñas.

Hace ya un buen tiempo, un “Mr.” acuñó el término “cariñocracia” para referirse y entender la popularidad de la Presidenta Bachelet. Hoy podemos entender toda esta masificación de la aristocracia conservadora, a través de la “Cuñacracia”: frases bombásticas lanzadas a través de los medios.  Y que mucha gente compró -barato, tal vez-  por distintos motivos.

La “Cuñacracia” se valida como concepto desde el minuto en que se anuncia el gabinete. Al parecer las cuñas fáciles y las ideas “aspirina” (que alivian el dolor, pero no arreglan el problema), serán parte del sello y estilo de la “nueva” forma de gobernar. Armar un show mezcla entre la “noche alba” y graduación de colegio para presentar a los nuevos ministros, destacándose entre varias cuñas que “todos tienen estudios en prestigiosas universidades extranjeras”. ¡Como si fuera primera vez que tenemos ministros con estudios afuera!. Claro, con eso se tapa que el nuevo Canciller venga de un alto cargo en una empresa de retail y declare “priorizaremos las relaciones con los vecinos”. Justo cuando la empresa de retail de la que viene, Falabella, se está expandiendo precisamente a… los países vecinos.

La Cuñacracia es contradictoria, pero sobretodo, desmemoriada. Y los medios contribuyen bastante. Perdidas están en alguna parte las declaraciones en donde se trataba de flojos y corruptos a los funcionarios públicos; hoy eso no existe, sólo prima la unidad nacional. la Cuñacracia es desmemoriada, porque le conviene, porque así funciona; y es exitosa en un país que suele tener mala memoria.

En estos días la Cuñacracia se ha dedicado a desviar las boletas de sus promesas de campaña, echándole la culpa al déficit fiscal porque no va a poder cumplir muchas demandas ciudadanas “por muy válidas que estas sean”.

“Campaña es campaña”, eso es verdad, pero otra cosa es reírse de las expectativas de las personas, y trapear con ellas. La gente, pese a lo que muchos crean, no es tonta, se da cuenta de las cosas, y exigirá que se cumpla con lo prometido. Deben hacerse cargo de las expectativas que ellos mismos generaron; y si bien otra cosa es con guitarra, alegar porque la guitarra no está como quiero cuando la consigo, es bien impresentable.

El gobernar en bas a cuñas genera una gestión liviana, muchas veces descontextualizada, y con bien poco sentido de orientación a futuro. Por mucho simbolismo y trascendencia que se le trate de dar a cualquier cosa que hagan como si fueran nueva, no es más que  una cuña para la tele y para que la gente se quede tranquila.

El nuevo gobierno debe demostrar con hechos concretos, con sentido y argumentos serios, no pataletas, que es capaz de cumplir con lo prometieron, sino, habrán pisoteado las expectativas de mucha gente.

1 Comentario

  • No me compro lo que se lleva en los “medios”… no sé qué tanto valdrá la pena darse vueltas con eso.

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