Des-concertados. La crítica ausente a la Democracia S.A.

23 de Feb, 2010 | Por | 4 Comentarios

Chile está desconcertado. La élite concertacionista y su electorado están en una suerte de estado de tontera temporal, de incredulidad, de negación, están pasmados. Cómo si nada hubiera cambiado todos los dirigentes se fueron de vacaciones, quedaron los segundos, los terceros. La ciudadanía indefensa ante un despliegue de tecnocracia, elitismo y travestismo político escandaloso. Y parecemos no reaccionar. Peleas más peleas menos, se está instalando la derecha en el poder, entronizándose, probándose el traje que pretenden ocupar por 4 o más años. Y lo están haciendo sin oposición, sin una opinión pública crítica, sin ciudadanos, sin nadie al frente.

Es la llegada de lo que el politólogo estadounidense Sheldon Wolin llama Democracia S.A. una suerte de totalitarismo inverso donde la ciudadanía pierde su rol de “soberano” por el de “consumidor” y la política su rol transformador por el de mero administrador.

Las decisiones no pasan en el corazón del sistema político sino por intrincados circuitos extrainstitucionales del poder como apuntó tan preclaramente Antonio Cortes, que tienen más que ver para el caso norteamericano con Wall Street que con Washington y para el caso local más con Sanhattan  que con el Barrio Cívico, con los think tanks más que con los partidos políticos. Con la economía más que con la política. La república se vacía de sentido, sólo existen los sentidos (razones) del mercado. La razón de estado se transmuta en razones de mercado.

Con la derecha en el poder estos circuitos serán cada vez más cerrados, más endogámicos, más opacos. En la democracia S.A. la crítica es “antipatriota”, el otro (mapuche, delincuente, joven, trabajador) es “terrorista” y la demanda colectiva de los trabajadores es “defensa corporativa de privilegios”.

Digamos las cosas claramente, no es un asunto de gestión, mejor gestión necesitamos siempre, es un asunto de convicciones, del valor de la democracia y del ciudadano, del tipo (no del tamaño) del Estado y del lugar que el conflicto y su resolución -vía argumentos, dentro de canales institucionales- tiene en la manera en que una sociedad delibera sobre sí misma y su futuro.

La Democracia S.A que Piñera y su equipo pretenden instalar en Chile es en gran medida producto de la incapacidad política de la Concertación que no quiso o no pudo repolitizar la sociedad pos dictadura, que dejó intactos las estructuras centrales del andamiaje neoliberal y que administró lo que Gabriel Salazar llamó tan acertadamente “lo ajeno” por 20 años perdiendo de paso el lugar que tenía como fuerza transformadora de la sociedad y su cultura limitándose a ser mera administración, sólo el gobierno.

La Concerta no tiene un lugar desde donde criticar, no tiene discurso para enarbolar una propuesta, porque también negó la política, la participación, la democracia y la disidencia en el seno de sus estructuras partidarias. Acalló el movimiento que peleaba por derechos sociales, desactivó la capacidad de la sociedad de pensarse en plural, tecnificó la política y el accionar del estado e invisibilizó las contradicciones del modelo que le tocó dirigir. Le abrió la puerta a la Democracia S.A.

Una Democracia S.A. con ministros gerentes es, a todas luces, lo que se nos viene y si no somos capaces de ser más sensibles a la operación de cambio que está en marcha y a despertar de la tontera temporal, daremos palos de ciego no por 4, sino por 8 o tal vez 12 años.

4 Comentarios

  • Lúcido análisis. Representa muy bien lo que veo.

  • Muy buen artículo Sebastián. Me parece que para salir de la tontera hay que despejarse primeros de mucho “líderes” concertacionistas, que también son accionistas de esta S.a A. claro, invierten a través de terceros, pero de cierto modo les conviene que la ciudadanía y el grueso de los partidos estén lelos. Antes de arreglar y pintar la casa, hay que limpiarla bien primero. El punto es que no hay tiempo, sino, como bien dices, serán 8, 12 o más años.

    Saludos!

  • La moda de criticar a la Concertación desde la imposibilidad política, de pronto se cae sola. Los desconcertados serán otros: la verdad es que quienes votamos por la Concertación, aún teniendo plena lucidez sobre las dificultades de llevar a cabo un programa de centro-izquierda (no digo de izquierda simplemente porque en Chile es imposible llevar a cabo un programa de izquierda, y argumentar desde esa imposibilidad me parece de una retórica impresentable), siempre hemos sabido, muchachos, que ESTA ES LA DERECHA. Los tibios pero importantes avances de los gobiernos concertacionistas, especialmente de los últimos dos, ahora nos parecen un milagro. ¿Con esta derecha había que negociar? ¿Esta derecha, que lo primero que dice es que el gasto público es insostenible? Por supuesto, la campaña neo-intelectual (por no decir neohistoricista, neoconservadora) de homologar a la concertación con la derecha y a la democracia con la dictadura, ha dado sus frutos… entre otros, ese conjunto de no votantes de segunda vuelta que prefirió seguir con sus vacaciones. Desde luego, Salazar y varios de este blog se incluyen en esa lista de revisionismo, aunque, claro, llaman a votar por la Concertación a última hora (por otra parte, Salazar considera que había más democracia en los cabildos, lo que no deja de ser un mal chiste). El mismo autor de este columna ha dicho, entre otras cosas, que la concertación vive en una “borrachera neoliberal en la conducción”, que “institucionalizó la victoria del NO y suprimió el deseo de transformación” (lo que no deja de ser cierto, pero pasa olímpicamente por alto que no existe política sin una política de normalización y que, por otro lado, es un mito suponer que, organizado por la propia Concertación, había algo así como un movimiento social transformador en el retorno de la democracia. Eso es simplemente obviar la transformación que sí llevó a resultados no reparables la dictadura); ha dicho, pues, que la “concertación ya no da para más”, que habría que jubilar a estos dirigentes oligárquicos y endogámicos que viven del estado; que se abandonaron las bases; que “Frei y Piñera son hermanos” (jajaja, ahora si que es un buen chiste dado el panorama que se nos viene); que aplica políticas tecnócratas, mediocres (elogia, claro, a Bachelet, como si no fuera de la Concertación, como si no fuera el resultado de la Concertación). En definitiva, la “Concertación cuida la pega”. Además de ser una interesante cadena de lugares comunes que reinan entre la derecha y los neo-intelectuales, o meo-intelectuales, asombra constatar que después de estos juicios se culpe a la Concertación de dejar abandonada a la ciudadanía (por otra parte, culpar a la concertación de la despolitización es no tener idea de lo que pasa en el mundo… o ¿habrá Concertación aquí en Europa también?), es decir, en cierto modo, se la reclame, se la conjure, se la convoque nuevamente. Como he escrito aquí en otros comentarios, habremos matado un muerto para conjurarlo después. Por cierto la Concertación, lo que quede de ella, podrá formular su crítica desde ese lugar o no-lugar de la oposición, y configurar tal vez otro proyecto. Re-pensarse, y el punto será siempre haber hecho una mala lectura del gobierno de Bachelet desde la propia Concertación, lo que llevó a seleccionar a un mal candidato mediante un mal proceso. La derrota hará grietas, y prefiero que la Concertación guarde ahora silencio y no filtre la evidencia de lo que significa un gobierno de derecha. Que hablen los sindicatos, los profesores, los trabajadores. Que la prensa manipule, es decir, que se muestre todo. Debe ser un ejercicio de la propia Concertación, acostumbrada a mediar, a inmolarse. Guarde silencio. Piense. Respire. Pero mientras no se acorte la brecha intelectual entre lo que se quiere y lo que se puede, uno puede desplazarse en esa brecha reclamando cualquier cosa. Simplemente, en Chile un programa parecido a un programa de izquierda sólo lo puede llevar al poder un conglomerado de centro izquierda; lo que esperamos de los dirigentes es confeccionar un programa que unifique a ese amplio sector. Si hay una lógica de acuerdos, es esa, de otro modo no habrá mayorías suficientes -como no las hemos tenido, por lo demás. Lo que viene será el proceso de desconcertación de los que ya estaban desconcertados, es decir, de los que siempre han pensado que la Concertación era un desvío neoliberal que se dedicaba a administrar lo existente: mirando de cara a la derecha conjurarán nuevamente al muerto, pero habremos perdido 4 o tal vez 8 años.

  • De acuerdo en gran parte de lo que dice Sebastián. Pero esta política SA no es un quiebre o algo demasiado distinto a lo que teníamos con la concertación. Así como esta fue la “concesionaria”del pinochetismo, esta derecha empresarial (mas que política) es la continuación de la concertación, con otros métodos.

    El proyecto de transición que copó el movimiento popular que amenazaba derrocar la dictadura incluía el desmovilizar ese movimiento, neutralizar los organismos de base y dejar la política en mano de operadores.

    Y por otro lado, aceptar el “modelo” como tal, negociar la impunidad de crímenes y negociados para esperar que el chorreo fuera mejorando las condiciones de vida de la gente.

    Por eso, por ejemplo, el cerrar todos los medios impresos de oposición no fue descuido, sino algo que requería el rayado de cancha.

    Al final la concerta puede presentar como balance de su periodo un capitalismo desarrollado, movimiento popular controlados o neutralizado y medidas asistenciales para maquillar la escandalosa desigualdad de ingresos.

    Y esa cúpula política no ve otro horizonte que esperar cuatro años y volver a retomar la administración.

    Que las bases sigan aceptando estos dirigentes es algo me gustaría explicarme

  • Deja un Comentario