“Justicia” Militar

04 de feb, 2010 | Por | 9 Comentarios

El 12 de enero de 2010, el Juzgado Militar de Valdivia dictó sentencia en el caso que se sigue por la muerte de Matías Catrileo […] el joven universitario mapuche de 22 años de edad falleció como consecuencia de un disparo que impactó en su espalda, el que fue efectuado por el Cabo Segundo de Carabineros, Walter Ramírez, en el marco de un incidente ocurrido en las cercanías del fundo Santa Margarita en la comuna de Vilcún, Región de la Araucanía. En la sentencia, el Cabo Ramírez fue identificado como autor del delito de violencia innecesaria con resultado de muerte.[…] el Juzgado Militar de Valdivia lo condenó a dos años de presidio con pena remitida. […] Como consecuencia de esta sentencia, el homicida no solo no irá a la cárcel, sino seguirá, como hasta ahora lo ha hecho, en servicio activo en las filas de carabineros […] El fallo de la justicia militar en el caso de Matías Catrileo deja en evidencia lo que, en el bicentenario de la creación del Estado, constituye una vergüenza para la justicia chilena. La urgente necesidad de limitar la competencia de la justicia militar a los delitos de función cometidos por funcionarios en servicio activo ha sido manifestada incluso por la propia Corte Suprema, al informar recientemente a la Cámara de Diputados que se trata de “una reforma esencial desde el punto de vista de los derechos fundamentales de los ciudadanos”.

José Aylwin, Co Director de Observatorio Ciudadano, refiriendose a uno de los enclaves autoritarios de los que nuestro sistema democrático aún no logra desprenderse. Qué vergüenza.

9 Comentarios

  • Hay algún país del mundo en donde no exista la ”justicia” militar?

  • Esta es la misma “Justicia militar” que en el caso de Antonio Oviedo, a quién los pacos mataron a la salida de un club, ha declarado inculpados sólo por “lesiones graves”… Grave es la impunidad de algunos.

    El caso está detallado acá: (texto) http://bit.ly/ahq0WB

    y acá: (video) http://bit.ly/dyKOjB

    Saludos, camila

  • @Jac, sin ser un experto en el tema (que se pronuncien los abogados DLR!), me parece que (a) justicia militar existe en todas partes, pero (b) en la mayoria de los paises su accionar se limita a juzgar acciones dentro de los limites del aparato militar (conducta apropiada al orden castrense, legalidad de las ordenes), y no aquellas causas que incluyen faltas penales o civiles que competen a los tribunales no-militares. El asesinato de un civil, creo, cae dentro de esta ultima categoria, especialmente si no se esta en un estado excepcional, como puede ser una guerra. A riesgo de generalizar, creo que en Chile la justicia militar en casos en que hay delitos en contra de civiles, ha tendido a actuar mas bien como un sistema de defensa corporativa.

  • A fines de 2009, Bachelet firmó un proyecto de ley que busca restringir la justicia militar, es decir, en palabras simples, acotarla al ámbito militar. Esperemos a nuestro parlamento (claro que con la derecha, que vota en contra de la “desaparición forzada” podemos esperar cualquier cosa). La historia del sometimiento militar al poder civil en Chile ha sido muy lenta gracias a la cooperación de la derecha: la semana pasada Bachelet firmó la ley que moderniza las fuerzas armadas, crea el jefe mayor conjunto, potencia el ministerio de defensa y otras cosas, lo que en el fondo pone al poder civil a cargo de las fuerzas armadas. a ley de financiamiento… bueno, ya sabemos, recién ayer la UDI se muestra dispuesta discutirlo. Esta es una pequeña muestra para desmentir la tesis tan habitual en este blog según la cual la concertación se dedicó a mirar por la ventana durante estos 20 años a pesar de tener “mucho poder”.

  • La inmensa mayoría de las constituciones vigentes en los regímenes democráticos, incluidas las de nuestra región, consagran la jurisdicción militar en tiempo de paz en términos restrictivos, limitándola sólo al conocimiento de los delitos “puramente militares” o “de función” (Proyecto de ley) Por lo anterior, en base a esta reforma, los nuevos tribunales militares sólo tendrán competencia para conocer de delitos militares cometidos por militares, con total exclusión de los civiles. Además, se estructura un proceso penal prácticamente idéntico al que actualmente existe en sede ordinaria, con pleno respeto del debido proceso y del derecho a defensa jurídica. Los delitos, a su vez, son simplificados y modernizados en la descripción de las conductas punibles. Las penas, finalmente, son ajustadas a un Estado democrático de derecho y, por lo tanto, se termina por abolir la pena de muerte en Chile, que hasta la fecha sólo existía en tiempos de guerra.

    La reforma implica que los civiles vuelven a “gozar en plenitud su derecho al juez natural al ser excluidos de la competencia de los tribunales militares. De los uniformados, puesto que con la reforma gozarán de un proceso penal acusatorio, oral y público, con defensa jurídica proveída por el Estado y garantizando el adecuado ejercicio de las funciones militares que exigen disciplina y jerarquía”.

    En verdad, no hay ninguna razon para someter a uniformados por delitos comunes y civiles que realizan delitos contra uniformados en tiempos en paz a tribunales especiales y en cierta medida, gremiales.

    Para ser justos y sinceros, el proceso de reforma está siendo lento e incremental, pero bien cuidado, pueden mirar esta pagina de la Subsecr de Guerra http://www.ssg.cl/justicia/index.php

  • En Chile la justicia militar tiene una competencia excesiva, desde hace mucho tiempo, y a pesar de la retórica pro-derechos humanos de los dirigentes que gobernaron durante las últimas dos décadas. Matías C. tiene razón en su post: el problema central de Chile es que mantiene una JM que alcanza a civiles, no debiendo hacerlo. El país fue condenado por la Corte Interamericana de DDHH (caso Palamara Iribarne, 2005) por mantener este sistema de jusiticia militar y si bien el proyecto de ley presentado por el actual gobierno a fines de 2009 va en la dirección correcta hay muchos antecedentes que ponen en cuestión la viabilidad de su aprobación. Para quienes tengan interés, los invito a consultar los capítulos sobre JM que se publican en el Informe Anual sobre DDHH en Chile: http://www.derechoshumanos.udp.cl/archivo/informe-anual/

  • Estos temas son muy interesantes porque revelan lo problemático de nuestro ordenamiento constitucional y de la “transición”. Ayer Bachelet firmó una ley que somete, hasta cierto punto, a los militares al poder civil. Ayer. Entonces, lo problemático y lo abiertamente anti-democrático. Es muy interesante esto, y aprovecho la ocasión para una reflexión. Pienso que un ejercicio básico de análisis es no difuminar los puntos y las diferencias, no blanquear la política y no homologar. La “retórica pro-derechos humanos” (que menciona Jorge) ha sido de la Concertación y de la izquierda durante los 20 años, de manera que, asumimos, en el comentario anterior quienes ostentan esa retórica serían un grupo de dirigentes de la Concertación que no han hecho mucho para corregir el orden jurídico e institucional. Eso se contradice con lo afirmado más abajo, esto es, que el proyecto de justicia militar no tiene asegurada su viabilidad legislativa. Esta no-viabilidad es por la intervención de la derecha. De manera que en vez de difuminar y hacer un revisionismo a la moda que crítica a la Concertación, pongámonos serios y hagamos una crítica permanente a la derecha. Por lo demás, el mismo informe aludido en el comentario anterior, si bien es francamente débil en su crítica política, señala: “Las opiniones de los auditores del Ejército y Carabineros, de los jueces citados y del senador que representa posturas de derecha reflejan una realidad inquietante: no se comprende o simplemente se ha decidido ignorar el papel que cumple la justicia militar en una sociedad democrática, y que la Corte Interamericana ha definido como excepcional”. Más arriba consigna lo dicho por Alvear, a saber, que la derecha y los militares siempre se han opuesto a esta reforma durante los 20 años de democracia. De manera que nos enfrentamos a un conglomerado político que ni siquiera legisla sobre la base del sentido común (muestras de esto hay varias, “desaparición forzada”, leyes de iniciativa ciudadana, leyes de educación, de pensiones, reformas constitucionales, leyes “indígenas”, participación democrática en las elecciones, aumento de impuestos a las mineras, derechos individuales, en fin, la lista es larga y probablemente sin esta derecha se podría haber llevado a cabo, por vía legislativa y no en el discurso, una agenda más inclinada a la izquierda). Que tengamos un gobierno apoyado por un sector que no habita el sentido común, implica que además un amplio sector elector del país no vive en el sentido común (base, por cierto, de un posible “autogobierno”), que, como dice Salazar, no tiene conciencia de clase, y cree, dicho muy burdamente, que no es pobre gracias al endeudamiento permanente. Uno de los problemas marcados es la difuminación adolescente de las líneas de demarcación política entre la derecha y lo que comienza desde el centro a la izquierda, lo que nos hace caer en una serie de mesianismos e idealismos políticos sobre “lo social”, los movimientos sociales, la política de base, la “izquierda” pura, las manifestaciones encapuchadas como derechos de expresión, etcétera. Además de omitir cuestiones esenciales del proceso perverso de modernización y capitalismo en Chile, ese análisis tiende a difuminar las cuestiones cae en el revisionismo “a la chilena”. Los que antes nos decían que entre la democracia y la dictadura no había diferencia, y que la Concertación sólo administró un orden establecido, hoy pueden sentirse refrendados por el discurso de derecha que afirma que estamos en una “nueva transición”, que hay que reeditar la “política de acuerdos” y que la Concertación deja “leyes de amarre” como dejó la dictadura (ojo, “leyes de amarre” posibles: nombramiento del jefe de estado mayor conjunto por el poder civil, AFP estatal, reformas laborales, etcétera, notemos el nivel de esta derecha). Es decir, la Concertación ha sido una dictadura, han seguido las torturas, las políticas de desaparición forzada, las privatizaciones… a lo más ha sido un gobierno de derecha moderada. Por supuesto aquí el discurso de cierta izquierda se encuentra en una hermosa coincidencia con la derecha, lo que no es extraño, puesto que hay fascismos de izquierda y de derecha. Me asombra que la moda sea criticar más a la concertación que a la derecha, como si el gesto fuera la intelectualidad más allá de la concertación, una pureza que desanda una traición política articulada desde lugares de enunciación hegemónicos y por lo demás nacidos de esa misma traición. No hay política sin normalización, esa línea enseña la confluencia de Rancière, Badiou y Habermas. Línea triste para las “performance” pero seria. Tal vez sea la propia concertación la que ha pavimentado esa lectura escolar, esa lectura que afirma primero lo que quiere y después lo que se puede, y esfuma a la derecha detrás de una imposibilidad política permanente. Pero lo cierto es que unos de los escenarios posibles de oposición es la comodidad de demarcar las fronteras entre derecha e izquierda y no tener que transar aunque el país no avance. Dejar de inmolarse, en definitiva. La concertación en la oposición podrá marcar los límites y, en cierto modo, deslegitimar mucho de lo hecho y lo que no se ha hecho, y eso será bueno. Pero después volveremos a cierta adultez, porque para llegar al poder en Chile, un país donde los únicos que votan siempre por lo mismo son los electores de derecha, necesitamos un sector de centro-izquierda. Así de simple es la vejez. Habremos matado un muerto, la concertación, para conjurarla después. Antes de eso, el ejercicio consistente será marcar las diferencias y denunciar a nuestra derecha, no sin descartar una crítica a la Concertación. Pero la crítica a la concertación es lo más fácil, ese es el problema, porque la crítica a la derecha es una crítica al espacio donde estamos y lo que hemos terminado siendo en muchos aspectos. Dejémonos de resentimiento contra la realidad des-ilusionante de la concertación. Eso ha permitido a la derecha darle un discuro que surge de la izquierda (y la derecha le ha pasado otro a cierta izquierda, el de la “corrupción”, el de un desapego de los ideales, el de los instalados en el poder, los apernados, los apitutados, los flojos de la Concertación). Como dice Carlos Pérez, “Segunda pérdida: la transición a la democracia (que coincide con la desaparición de los ‘socialismos ‘reales’) representa para el pensamiento de izquierda el descubrimiento de su radical imposibilidad. Pérdida de la pérdida: la estructura fantasmática que sostenía la realidad y le daba coherencia (abriéndola a la promesa) se desmorona. Si la transición negociada es posible, entonces el ideal deseado –el fantasma sublime- nunca existió. ‘Con la segunda pérdida –dice Zizek- perdemos la pérdida en sí y su dimensión fascinante, perdemos la falta que captura nuestro deseo’. Entonces, resentimiento contra la realidad des-ilusionante. Se tiene entre las manos, es cierto, una democracia posible. Sin embargo, justamente la existencia de ese estado de cosas –que reproduce las instituciones de la dictadura- representa la negación definitiva del ideal, el desvanecimiento del objeto sublime. El pasado perdido cuya restitución daba objeto y sentido a las víctimas de la dictadura, a sus sobrevivientes, ha desaparecido para siempre. Del Chile de la batalla –perdida la esperanza de su retorno futuro- no queda más que restos mínimos, ausencia de restos.” Revisamos el proceso, marcamos las diferencias sin difuminación y revisionismo en cuestiones básicas. Menos escolaridad, menos estómago, que fue lo que nos mantuvo en cierto modo hasta el punto de votar por Frei. Tenemos que saber, empero, que ahora viene una pausa anacrónica, una pausa para tomar aire mientras los otros, nosotros, la izquierda mesiánica o no, respiramos y vivimos la vida que ya estamos viviendo como si fuera una vida prestada.

  • Una aclaración: me refiero al “revisionismo” de izquierda y no al “revisionismo” con el que el MIR analiza cierta izquierda. En realidad, el término tiene relación con un ejercición de homologación de la excepción y está tomado más de la situación alemana. Ahora bien, el “revisionismo” del MIR dice relación con que, por ejemplo, Arrate se presenta como candidato de “izquierda” y “popular” no siendo de izquierda ni popular, es decir, este término plantea la difuminación de ciertos conceptos, desde una tribuna que escribe como si viviéramos en los años 60. Cito aquí unas líneas sobre este otro “revisionismo”: “Pero las masas no dejaron de luchar y ni siquiera la unidad popular las pudo contener (con el MIR como vagón de cola), por lo que Allende ya no les servía y lo botaron, tuvieron que reestructurar el aparato estatal, para poder arremeter contra las masas, las que fueron cobardemente masacradas por los malditos sanguinarios del ejército reaccionario chileno. ¿Y los dirigentes de la UP? Un par de días en isla Dawson, y después a Europa, el otro imperialismo en pugna, el europeo, los recibió con los brazos abiertos. Esta tragedia para los explotados y oprimidos del país nos entrega una gran lección: las elecciones no nos sirven para nada, porque este viejo estado puede concederte algunas garantías seudo democráticas, pero si se amenaza su poder, no dudaran en recurrir a las formas más brutales de represión para poder conservarlo. La sangre de las masas es nuestra mejor enseñanza: el revisionismo hoy día no tiene ningún peso, y su putrefacción es total: la mayoría de la gente no está inscrita; de los que votan un gran porcentaje se abstiene y otros votan nulo, de esa minima cantidad de gente, el 1% dice apoyar al candidato revisionista. En otras palabras existen solo gracias al dinero de la concertación. Frente a esto las masas siguen luchando, en los campos, las poblaciones, los trabajadores forestales, los estudiantes empobrecidos, son solo ejemplos que ninguna muerte ha sido en vano…”

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