Sobre la famosa Unidad Nacional

23 de Ene, 2010 | Por | 12 Comentarios

Cuando, después de ser elegido, le escuché a Sebastián Piñera hablar de un gobierno de unidad nacional, tuve más o menos la misma reacción de Juan Carlos. Y aunque parecía evidente que hacer cualquier cosa que no sea sonreírnos de la retórica de la derecha es de una estupidez política insólita, la movida de PRSD en el Congreso esta semana demuestra que esa reacción no es tan obvia como debería parecer.

La melancolía de Sebastían Piñera por la democracia de los acuerdos  de principios de los 90s es tácticamente entendible, pero no debe ser el camino en el Chile de hoy. Todos esos acuerdos  – acordar caminar despacio, acordar no hacer mucho ruido – se hicieron bajo una democracia tan frágil que la clase política, aún bajo la sombra del ejército de Pinochet, estaba sobre todo preocupada de que sobreviviera esos años inciertos.

Y es que los gobiernos de unidad nacional, aunque suenen envidiables, tienen un tufillo a post-dictadura, a post-terremoto, a post-crisis constitucional. Pensemos Tailandia después del maremoto, Chile en el 90, Haití hoy, Honduras el año pasado. Pero resulta que en una democracia sana, pacífica, moderna, la gente – cuidado, que esta revelación lo puede impactar – tiene desacuerdos profundos sobre el destino del país en donde vive y de como alcanzar ese destino. En una democracia que funciona lo que se necesita no es acordar que vamos a estar de acuerdo, sino acordar como vamos a lidiar con los desacuerdos, porque el tener desacuerdos implica que hay opciones y visiones auténticamente diferentes de para donde vamos. Y sin esas opciones, las elecciones no tienen mucha importancia.

Pero si aceptar la invitación de Piñera sería un anacronismo completo y debilitar aún más el quehacer político, para las fuerzas de centro-izquierda sería un desastre. En los últimos días hemos escuchado mucho de como los defectos de los procesos democráticos internos y el desgaste del gobierno de la Concertación llevaron a su derrota. Pero esa narrativa del andamiaje político – sin duda importante – deja afuera el como el constante movimiento a un centrismo liberal de muchos en la Concertación y la pérdida de un ideario común anclado en la izquierda resultó en la erosión de una base política que hasta hace poco era tan claramente mayoritaria.

Esas fuerzas de centro-izquierda requieren ahora hacerse una profunda autocrítica, que pasa por admitir que la política de los acuerdos – que ha tenido algunas de sus expresiones más penosa en este Congreso nuestro que más parece un conventillo – no lleva más que a ese extremismo de centro del que ya hemos hablado por acá.

Al contrario, lo que necesitamos es aceptar la invitación del Presidente electo a formar una oposición constructiva y leal a los intereses del país. Pero agregándole un tercer elemento que debe ser parte de cualquier oposición que se merezca ese nombre: ser efectiva.

12 Comentarios

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  • El mayor problema para llevar a la práctica esa idea es que la Concertación hoy esta desconcertada y desordenada. El impacto de la derrota no se ha completado y las réplicas tienen muchos capítulos por contar. No se trata de voluntad a favor o en contra. Se trata de que rol tendrá a futuro la coalición más exitosa de los últimos 50 años. Hoy han dejado de ser obligatorias las opciones que unieron por una inicial causa, a fuerzas ideológicas que difieren en aspectos relevantes. Los PS son socialistas y NO requieren la identidad progresista que busca el PPD. Los DC tiene vocación de centro y de gobierno y aunque se acomoden los datos, estando en la oposición hay poco que ligue a un Orrego con un Escalona o Andrade. Piñera podrá jugar algunas fichas pequeñas para tratar de llegar a puerto con esta idea pero se ve difícil. Lo mejor para el es gobernar con su programa, con sus aliados y con la gente sin ideología que compro su discurso de acción y desarrollo. Por mientras la única oposición (PC), que tiene claro su rol y su discurso es nueva en el congreso y ejercerá protagonismo aunque no quiera.

    • Estimado Jorge,

      Si entiendo tu comentario y al hablar de “esa idea” te refieres a la democracia de los acuerdos, efectivamente la Concertación no esta para esas cosas estos días, y quién sabe si sobrevivirá en su forma actual. Pero ojo que acaba de pasar una semana desde una derrota y el gobierno de cuatro años de SP ni siquiera ha comenzado, así que tampoco tienen que resolverlo ya.

      Y estoy de acuerdo que se vé difícil, y ojalá sea así.

      Saludos.

  • Me gusta el sitio y los animo a seguir escribiendo, pero les sugiero que antes de publicar compartan el texto entre ustedes, no sólo para corregir la sintaxis (el final del segundo párrafo está muy mal, de verdad) sino también para temperar las ideas.

    En curioso cómo al final se acepte la idea de una oposición constructiva y eficaz, pero al principio del texto no haya problema para afirmar que nos podemos reír del adversario político. Es más, no reírse sería una “estupidez política insólita”. El lenguaje descalificador deslegitima cualquier argumento y lo único que hace es mostrar que se respira por la herida.

    La afirmación de que una democracia sana supone “desacuerdos profundos” para justificar el portazo a la posibilidad de llegar a acuerdos es, al menos, insuficiente. Alguien podría afirmar –y el argumento sería algo más verosímil– lo contrario, esto es, que una democracia sana supone que hay muchas más afinidades entre los actores políticos que diferencias.

    Con toda su fragilidad, la democracia de comienzos de los noventa sobrevivió más por la prudencia (“la justicia en la medida de lo posible”) que por los acuerdos explícitos entre actores políticos. La verdadera democracia de los acuerdos es la que durante los gobiernos de la Concertación ha permitido destrabar conversaciones y pactar con la derecha sobre temas específicos, buscando siempre avanzar. Avanzar transando. Ahora que la Concertación será oposición ¿desconocerá una lógica política de la que harto provecho sacó?

    • Marco,

      Gracias por el ánimo y por tu comentario.

      Es perfectamente posible que un contrincante político tenga una estrategia política que a uno lo invite al suicidio (político, para que no me digas que estoy hablando de muertos en la calle), y que la respuesta correcta sea una risa y un portazo. Y es metafórico, en todo caso. Yo no soy la Senadora Evelyn Matthei.

      De hecho, notarás que menciono claramente que es una estrategia política razonable.

      Para Sebastian Piñera.

      Sobre tus puntos, haces al final uno histórico, que es justamente uno que ya menciono y descarto: las estrategias políticas tienen su tiempo y lugar. Uno tiene que transar en la política porque es un medio y un mal necesario, no porque es un fin deseable de la vida política, como parece ser tu argumento.

      Pero es en tu segundo párrafo – por esas casualidades de la vida – donde esta el quid del asunto: Marco, no estoy diciendo que hay que negar “la posibilidad de llegar a acuerdos”. Eso sería absurdo. Encontrar acuerdos sobre temas específicos es una cosa, entrar a la arena política con un “meta-acuerdo” político es lo que se discute aquí.

      Y no, no es más verosímil decir que una democracia sana es una con alternativas ideológicas cercanas (o “afines”, como dices tú). De hecho, eso niega por un lado el significado de las elecciones, y peor aún, niega la realidad de que en cualquier sociedad hay un número de visiones de a que tipo sociedad se aspira – visiones muchas veces incompatibles entre sí – y que el sistema democrático debe ayudarnos a elegir.

      Un punto final, aunque no menor, es que este cariño por los acuerdos es una invitación a tener una política pública de “centro” (las comillas van con malicia). Y no hay ninguna razón para pensar que políticas públicas que resultan de transar son las mejores. Y sería bastante fácil argumentar – tomando varios ejemplos – que ese no es el caso.

      Saludos

  • Después del permiso a hipotecar las concesiones de las salmoneras en las zonas marinas(bienes públicos), me queda claro que la DC es el niño mateo de la concertación y ya está practicando esto de los acuerdos. Aquí es donde se ve que la concertación no tiene un proyecto político común mínimo.

  • creo que hay que tener claro que vendrá un tiempo de rupturas muy bravas… y estos “giros” políticos que han tomado algunos partidos de la Concerta (cuya existencia. asumámoslo, esta en suspenso).

    respecto al comentario de Marco, convertir la política en “el juego de los cautos” o los prudentes, es un peligro también.

    la moderación termino por devorar muchos de los ideales… y es una de las madres de la crisis de capital político de la Concerta.

    somos hombres en tiempos de oscuridad

  • Sí y no. Francamente – y como ciudadano sin partido o color político – creo que es tan ingenuo tragarse la cantinela de ‘unidad nacional’ como creer que en efecto hay dos bandos ‘rivales’. Las supuestas diferencias ideológicas son simple recurso para capturar votos, y se hacen menos pronunciadas cuanto más se escudriña en los engranajes que mueven a la máquina política nacional e internacional; y no solo ahora, sino desde que Aristóteles escribió “Política” (obra pasmosamente vigente hoy). No advertir este hecho equivale a desconocer que los reality shows son pauteados.

    Para mí el ‘truco’ de la Alianza radica precisamente en crear un ambiente inclusivo, integrador, mediante una campaña de talante optimista, que ‘mire al futuro’ (sutil eufemismo para no hacerse cargo del pasado). En cambio, la Concertación recurrió a la afrenta, a roer zancajos y reflotar el pasado, recurso este último que garantiza adhesión irrestricta de “votantes duros” (hoy por hoy, prácticamente un pleonasmo), pero no entre indecisos, que desean propuestas más que críticas, y en balotaje son quienes inclinan la balanza hacia un lado u otro. En tal sentido, la oposición por mera rebeldía podría costarle otra derrota a la Concertación.

    Con todo, la Unidad nacional no es estrictamente nefasta, si bien es verdad que la ausencia de conflicto a veces enmascara al conformismo, sumisión o represión, 3 formas de involución. Sin embargo, sugiero estudiemos sin pasiones el auténtico mensaje tanto en la promoción de un gobierno y/o país integrado, unido, como en la oposición o negativa a ese escenario. A mis años y habiendo leído más libros de historia y sociología que prensa escrita, veo que el apetito de poder no tiene color político: en eso, Alianza y Concertación son idénticos. Tal vez difieran en discurso, pero no en método. Lo que pasa es que ninguno de los 2 bandos desea compartir la torta, por eso parecen ‘rivales’. Pero vamos, que ya escribió Voltaire en el S. XVIII: “Que cuando de dinero se trata, todos son de la misma religión”, ¿o alguno de los presentes realmente cree que ‘político’ es sinónimo de ‘filántropo’?

  • La “unidad nacional” es como el fair play… Deberia ser evidente, obvia y natural si el sistema estubiera capacitado para poseerla…

    Muy buen blog!

  • […] “la democracia de los acuerdos” por “el bien del país”. Que todos, en definitiva, y como bien indica Carlos Moffat en su columna, pensemos parecido. Como si en estos 20 años no hubiésemos aprendido que el centro, los acuerdos […]

  • […] y a partir de las distintas tragedias que han ocurrido, en la repetición hasta el cansancio del mantra de la Unidad Nacional. En ambas estrategias comunicacionales (sumada a las acusaciones se politización al movimiento […]

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