Renovación: La Challa de los Discursos v/s un Proyecto Político de Carne y Hueso

18 de Ene, 2010 | Por | 5 Comentarios

Puede sonar naif, pero me parece que en la derrota de la concertación, mucho tiene que ver con la concentración del poder. Esto tiene muchas expresiones. Sin embargo, quiero enfatizar que el POWER TO THE PEOPLE que me motiva es bastante pragmático y poco revolucionario. En esto la culpa la tienen principalmente los partidos políticos. Y no como cliché; no como decir “mueran los partidos políticos”. Todo lo contrario. Creo que la reforma, que evidentemente implica ideas para un nuevo proyecto político post-concertacionista, debe generarse al interior de los que hoy componen a esta coalición que gobernó el Chile de la transición, además de otros grupos que de forma independiente emprenden un camino de renovación, incluyendo tal vez al PC que re-inaugura su actuar en un nuevo espacio. Quiero darle un sustento material a esta crítica, y ver si se puede aportar, desde lo miserablemente cotidiano, a esas “grandes ideas” de la renovación.

Lo que sigue muchas veces me es súper complicado hacérselo a entender a mis amigos en Santiago. Piensan que cuando se habla de corrupción y “sillita musical” es algo exagerado. Al menos en Santiago hay gente que discute (en algún lugar) sobre grandes ideas, sobre el futuro de Chile. Sus críticas en este ámbito apuntan más bien a tipos como Escalona; pescados gordos que, finalmente, cuando salen haciendo una desagradable declaración por prensa, lo están haciendo en algún lugar de la misma ciudad.

Para los que vivimos la realidad de las regiones, sin embargo, entendemos lo cerrado los cuadros concertacionistas conformados a principios de los 90s. En mi comuna, por ejemplo, hay gente que ha sido candidato prácticamente en todas las elecciones; las municipales: 1992, 1996, 2004, 2008. De los que finalmente han sido electos, la mayoría lo ha sido en al menos tres oportunidades. Lo que supuestamente es el eslabón más básico de participación en la representación política, es algo completamente cerrado. ¿Se imaginan una elección épica de concejales estilo Harvey Milk?

Mis amigos de Santiago piensan que cuando se discute sobre Chile, sobre el “rol del Estado”, la materia de controversia es lo que se ve en la tele. Pues no: por muy mal que pueda estar la cosa a nivel central, la cosa en regiones es muchísimo peor. Imagínese: “pueblo chico, infierno grande”. Cada sinsentido se siente más cerca, cada demanda es todavía más localizada, cada frustración y los sujetos que la producen son mucho más cercanos; todo es tremendamente material y concreto. Cada chanta es conocido. Piense que hay regiones que ni siquiera tienen universidades; sin que sea una correlación, (y puede ser muy incorrecto lo que voy a decir) se reparten en la “provincia” reparticiones públicas a personeros que apenas tienen cuarto medio. ¿Pensar en agendas de desarrollo como la de Agenda 21 Local? No hay capital humano.

Peor; hay fuga de cerebros. Por ejemplo, tomemos un referente interesante que en la última década ha participado en procesos políticos desde las organizaciones sociales, como la SurDA. En lo que queda de ella, conozco un par de dirigentes universitarios patagones bastante interesantes. Sin embargo, trabajando en el centro del país, ellos han construido un capital político muy difícil de transferir a sus territorios de origen.

El 13 de diciembre las votaciones para presidente y parlamentarios lo dejaron bastante claro. Mientras una crítica como la de ME-O obtenía un 20% en el espacio sin-binominal, y cero parlamentarios, un referente que no calienta a nadie, como el PRI, obtenía victorias considerables. ¿Por qué? Porque más que creatividad en las “grandes ideas” que se veían en la tele, el PRI le sacó una tajada completa a las maquinarias locales de la concertación, con redes clientelares y todo. Habría que investigar cuanto de bronca contra el centralismo hay en ese fenómeno. Casos como Pedro Velásquez en Coquimbo demuestran la aparición de caudillos, tal vez como antes lo fue Soria en Iquique.

Uno podría echarle la culpa al binominal. Pero creo que eso es un error. La construcción de procesos políticos debiera implicar una praxis centrada en un realismo suficiente como para entender que encajonarse en la bandera de lucha del binominal implica perder diez o más años de política. Antes de eso no cambiará el sistema, independientemente de que ese cambio lo tengamos que construir nosotros: pero no puede inmovilizarnos como generación. Si lo que hay que hacer, como lo creemos muchos, es construir capital político en la calle, en los gobiernos locales, en acercar la vida ciudadana a la construcción de una sociedad civil politizada, en que individual y colectivamente la política tenga sentido y utilidad, el espacio de los partidos es fundamental.

Hay una paradoja. Probablemente, a nivel ciudadano, el capital social sea mucho más denso en regiones. Es bastante literal eso de conocerse y saludarse en la calle. Conversar sobre problemas locales también lo es. Los partidos, sin embargo, están mucho más cerrados y carentes de debate de ideas. Mientras tanto, los movimientos de “renovación” que se ven por estos días obedecen a la misma lógica de concentración del poder en la variable socio-económica, y en la del centralismo.

Creo que la forma tiene que ver en algo con generar procesos políticos autónomos, y ahí las regiones son el espacio más fértil. Hay agendas que han surgido en el mundo en base a casos locales interesantes, como la conexión entre lo logrado en Frankfurt y en el Parlamento Europeo por parte del Partido Verde. Para eso, sin embargo, se requieren  personas dispuestas a revivir la ciudadanía desde los partidos políticos mismos. Cualquier renovación requerirá un capital político construido en las calles, como ciudadanos, como representantes. Cambios en los mismos partidos implica la irrupción de capitales de exportación de las regiones. Cambios como entregar más autonomía política y presupuestaria a las regiones y las comunas (respecto al poder central) implican reformas que requieren la construcción de una demanda acompañada de ese capital político. Lo preocupante es que esas reformas se hacen a nivel central.

En la derecha, mientras tanto – sí, ellos que lo tienen a Ud. con la guata apretada – están haciendo un trabajo fino y constante haciendo todo lo contrario. La Fundación Jaime Guzman, por ejemplo, se dedica a insertar jóvenes profesionales recién egresados de planteles de élite, en gobiernos locales de comunas a lo largo de todo el país. En un par de años se dará la paradoja de que la derecha, esa que supuestamente reniega del Estado, tendrá jóvenes expertos en gobierno y desarrollo local, conociendo realmente la realidad de todo Chile. Esos son cuadros. ¿y “nosotros”?

Tanto se habla hoy de lo que es ser “progre”. Yo digo que los discursos, las agendas  y finalmente los proyectos políticos se construyen materialmente en base a personas. Si no, miren el fenómeno de Bachellet y lo que impactó en su momento la imagen de ella subida en un tanque. No nos olvidemos que el proyecto político que acaba de terminar es la transición. Un discurso, cuando se ha realizado en la práctica, materialmente, es irrefutable (todo lo contrario de Frei hablando de ecología). Yo digo que el proyecto político que viene es el de la desconcentración del poder, la confianza en los ciudadanos, la respuesta a quienes ven un país que grita que su desarrollo está en los RRNN, pero que es completamente malagradecido con los territorios que los producen, así como tantos otros aspectos de desarrollo de la sociedad civil que implican una sociedad más madura. Y con la variable socio-económica: qué ganas de haber visto en la tele (incluso quedándose impúdicamente en la “onda DC”) a Cecilia Castro, con su capital político construido en Renca (presidenta de la Asociación Nacional de Dirigentes de Campamentos) en lugar del Bowen formado en el San Ignacio del Bosque, la PUC y UTPCH.

Está bien iniciar todas las conversaciones – que ya han comenzado – en mesas santiaguinas alrededor de un vino importado de la provincia. Pero lo que falta son personas. Discurso comprobable en carne y hueso.

5 Comentarios

  • Totalmente de acuerdo, lo que falta es capital humano. La situación es que no se ve en el horizonte cercano un cambio en esta materia.

  • me gusta el articulo, no em quita la pena y la rabia

    hay que habalr de militancia de intelectualidad organica… de cuadros teoricos

  • Muy buena reflexión. A diferencia de mucho de lo que se va a decir en los próximos meses, “añade” una dimensión a la reflexión que personalmente no tenía considerada.

  • Hola Nicolas,

    Buena reflexión. Creo también que el legado permanente del gobierno de Bachelet es un número concreto de políticas sociales de profunda importancia – independiente de si son mantenidas o no.

    Y felicitaciones (?!) por recibir el primer troll de esta nueva etapa de DLR. Eso me recuerda que tenemos pendiente una política de comentarios.

    Saludos.

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