Malos Samaritanos

17 de Dic, 2009 | Por | 4 Comentarios

por Juan Carlos Moraga*

Primero sugeriré un ejercicio. Un ejercicio difícil para los que compartimos los preceptos, prejuicios y lugares comunes de la izquierda.Vamos a suponer por un minuto que Piñera no es quien es.

Vamos a suponer que Piñera no es un gran capitalista, que no es el propietario de grandes compañías, y que no cuenta con importantes intereses accionarios en muchas de las principales, y cuestionadas, empresas que hoy producen y acumulan capital en el país (AFPs, Farmacéuticas, medios de comunicación, etc.).

De hecho, hagamos el ejercicio de pensar que Piñera no es millonario, o mas bien que no “piensa” desde su ser millonario, sino que piensa como un “hombre común”, que comparte las ideas, visiones sobre el mundo y experiencias de esa masa nebulosa que se llama a si misma “clase media”, que conoce los mismos apremios económicos a fin de mes, que vive con los mismos temores e inseguridades respecto a su futuro que asolan a la mayoría de los chilenos.

Supondremos que Piñera no es un empresario emprendedor, sino un político, un político de profesión, un político que dedicó su vida, casi exclusivamente, a la gestión pública y el diseño e implementación de un proyecto de país.

Esto último lo puede hacer desde su rol como empresario, y de hecho así lo hacen los empresarios, pero supondremos que eligió hacerlo exclusivamente desde el poder político que otorgan los espacios democráticos y no el poder que otorgan los circuitos extrainstitucionales del poder (Cortes Terzi, Antonio; 2000).

Esforcémonos un poco mas y supongamos que la derecha chilena no esta ligada a una visión conservadora, cuando no retrógrada, en lo que refiere a las libertades civiles, el manejo del conflicto y el orden social, y que no están ligados directamente a los procesos políticos que surgieron de una sangrienta dictadura, la cual se esfuerzan en reivindicar.

Vamos a suponer, finalmente, que esta “persona común” en lo que respecta a su lugar en la estructura económica, experiencias personales y formas de ver y comprender la cotidianeidad, que hemos de imaginar, además piensa políticamente, ideológicamente, que el programa levantado por la derecha es el que llevara a Chile a un alto nivel de desarrollo y crecimiento, inserción del país en una economía mundial y, por sobre todo, asegurara que todo aquel que se esfuerce y trabaje arduamente tendrá garantizado un nivel de vida aceptable y con alta capacidad de consumo de bienes materiales y simbólicos.

Levanta su mismo programa, sus mismos ideales, su mismo proyecto político, su misma forma de comprender la economía, el crecimiento y el desarrollo; sus mismos proyectos para acabar con la exclusión, la pobreza y la desigualdad.

Nuestro Piñera imaginario, nuestro Piñera sinceramente bienintencionado, clasemediero y esforzado, nuestro Piñera político puro, gestor y militante, nuestro Piñera con ganas y esperanzas de un país mejor, las mismas ganas y esperanzas que comparten una enorme mayoría de los que votan a la derecha y como una enrome mayoría de los que militan políticamente, ideológicamente y económicamente en la derecha,no es otra cosa que un mal samaritano.

¿Qué es un mal samaritano?

Creo es conocida por una gran mayoría la parábola del nuevo testamento del “Buen samaritano” (Lucas 10, 30-37), en que un hombre judío que había sido asaltado y herido en las periferias de Jerusalén (sin duda debido a los altos niveles de criminalidad y a un gobierno de centroizquierda que no se preocupaba de los verdaderos problemas de la gente…), era ayudado por un samaritano, que en esos tiempos tenían la fama de ser insensibles, poco amigos de los judíos y de aprovecharse de aquellos que se encontraban en apuros.

Bueno, a diferencia de la parábola bíblica, nuestros samaritanos (que lamentablemente en este texto han de ganarse el adjetivo, quizás un poco exagerado, de malos) no es que se aprovechen del hombre desvalido y en apuros, como podríamos imaginar del samaritano al saber que es “malo”, sino que, lamentablemente, nuestro judío es ayudado por un samaritano que no se da cuenta de que, pese a intentar sinceramente ayudarlo, termina haciéndole mas daño.

Esta metáfora, expresada aquí a las apuradas, pertenece al libro “¿Qué fue del buen samaritano? Naciones ricas, políticas pobres” (Universidad Nacional de Quilmes, 2009, Buenos Aires) del surcoreano Ha-Joon Chang, docente de Cambridge, economista heterodoxo y neodesarrollista, que se ha dedicado realizar una critica el modelo neoliberal hegemónico, en la misma línea de Krugman, Stiglitz, Aymarta Sen y Fitoussi.

Para Chang un mal samaritano es uno de estos personajes trágicos que se aferra a un conjunto de ideas y fórmulas, de dogmas, sobre las políticas que generan el crecimiento de la riqueza de una sociedad, y se aferra a ellas con tanta fuerza, con tanta fe, de forma absolutamente acrítica, que no se permite dar cuenta de los daños que está produciendo, los daños tremendos que estas ideas, al ser puestas en práctica sin ningún criterio, están produciendo, “daños colaterales” que terminan por transformarse en el resultado central de la aplicación de estas políticas.

¿A qué quiero llegar con esto? No cabe duda de que muchos de estos imaginarios Piñeras comprometidos sinceramente con el desarrollo y el progreso del país, muchos, no todos, pero muchos, de los que proclaman un modelo de desarrollo con todavía más desregularización, más apertura de los mercados, más flexibilidad laboral, terminan, con su afán, produciendo sistemas de niveles de desigualdad e inequidad que no son ni moralmente aceptables ni políticamente sustentables.

Quizás esta imagen no sea demasiado creativa (Benjamin Constant aplicaba una imagen parecida, al hablar de “alimentar bebés con mamaderas de vitriolo”, paradójicamente para defender los ideales del liberalismo) pero explica muy bien cierta tendencia de la derecha, o más bien de los votantes de la derecha, de los cuales muchos, no me cabe duda, no carecen de buenas intenciones, en perpetuar el actual modelo de crecimiento, desarrollo y distribución de la riqueza.

Está claro que la teoría del derrame (trickle down) no se ha verificado en ninguna economía en los últimos diez años y que es necesario, para armonizar los claros desequilibrios sociales y económicos que ha producido la economía de mercado, un cambio profundo en el modelo económico. Posiblemente nada nos puede asegurar que un modelo de economía con mercados menos flexibles sea el camino a una sociedad más justa, pero hablando en términos de desarrollo, los países más avanzados no se han basado en al ortodoxia neoliberal, sino por el contrario han tendido a impulsar y sostener políticas de protección del mercado interno, aranceles altos, subvenciones considerables, regulación laboral y protección social.

La militancia y el electorado de la derecha corren el peligro de pasar a ser los malos samaritanos de un Chile que exige a gritos un cambio.

El riesgo de creer, aplicar y profundizar, sin ninguna crítica, ideas y conceptos, cuyo único resultado natural es la generación de mayor desigualdad y asegurar un crecimiento económico a costa de violar constantemente ese pacto tácito de beneficios, seguridades y garantías que implica una concepción Republicana del estado (como ha tendido a ocurrir en Chile), no es otro que sacrificar el verdadero desarrollo que importa, que es el de nuestro pueblo, el de su gente, y en definitiva, el de nuestra democracia.

4 Comentarios

  • Comparto que esta visión es la del votante medio que nada tiene que ver con el mundo en que se mueve Piñera (el real). Puedo aceptar también que existen personas promercado que realmente creen en él, en su sabia distribución. Es muy difícil pensar que existe un complot para apropiarse de todo, a pesar de que no dudo que ocurra en muchas partes (vean Zeitgeist para ver el punto de vista de quienes creen en un complot). No debe ser generalizado el complot, a pesar de que algunos se beneficien del complot de unos pocos, si es que existen.

    Mi teoría personal se inclina por una mirada más socióloga-sicológica si ese es el término correcto. Pienso que existen burbujas de desarrollo social, moral e intelectual que conducen a estos personajes a comprarse un paradigma y a no buscar una segunda opinión (en general es poco el que anda buscando un nuevo paradigma, en la materia que sea).

    Si ese paradigma les da bienestar y objetivamente más regulación les reduce el bienestar, entonces cómo no estar en contra. El punto, creo yo, es qué grado de bienestar poseen y hacia cuál caen. Ese cuestionamiento lo podemos hacer nosotros, que estamos fuera de la burbuja.

    En mi perspectiva se trata de un asunto humano y la forma de resolverlo es por esa vía, por el diálogo humano. Hay que explicar y mostrar una y otra vez que, por ejemplo, un décimo de su bienestar haría muy feliz a 100 familias y que con eso nos basta como sociedad. Hay que dialogar y explicar que nadie les quiere robar nada, que lo que tienen es suyo, pero que es inmoral acaparar tanto bienestar sin compartirlo. Y lo mejor de todo es que nadie está pidiendo que le regalen parte de ese bienestar, sino que le den la oportunidad de ganarlo a partir de una educación adecuada, un barrio lindo y seguro y una salud digna. Ese bienestar solo es para financiar la base de una oportunidad para todos.

    En cambio hoy hay gritos y pasiones humanas, desconfianzas, odios, rencores. Así no se puede ni por si acaso.

    Los más dogmáticos pueden ser un problema, con el cuento de la predestinación y otras vainas, pero espero sean los menos.

    Saludos, buen post.

  • Antes de demonizar a Piñera, me gustaría verlo en acción y ver que tan real son los miedos de la izquierda tradicional (internacional en este caso). Chile está en condiciones de darse el lujo de “probar” una alternativa, y esperemos que la nueva oposición esté a la altura y no busque hacer lo imposible para recuperar el poder. Poco es lo que puede hacer un presidente en cambiar dráticamente lo avanzado. No lo hizo la Concertación en estos 17 años de gobierno con la herencia del gobierno militar, y menos lo hará en sólo 4 años la coalición por el cambio. Segundo, las atribucines del presidente son bastante reducidas para causar un descalabro y como varias veces lo he repetido, tiene que pedir permiso para todo al congreso y gracias al sistema binominal que -permitanme decirlo- no se si realmente sea mucho peor que uno 100% representativo, mantiene los equilibrios evitando que el gobierno de turno se arranque con los tarros. Espero que el actual gobierno, mañana oposición, sepa reconocer que Chile no volverá a la prehistoria ni el 99% de los trabajadores a trabajar 12 horas diarias, esos son los típicos miedos de una izquierda que sólo se aferra como puede a mantener el poder. Y eso se nota. Démosle la oportunidad de ver qué hacen en 4 años, y veremos que pasa.

  • Si bien, no creo que la administración del gobierno por parte de la derecha sea un cambio muy radical a lo que hemos vivido hoy en día ( y me refiero en todo sentido, no solo en lo ideológico, sino que en lo efectivo. Ellos no son mejores que nadie. Tendrán éxitos y se darán porrazos igual que todo el mundo), creo que para RN y la UDI su gobierno será tremendamente beneficioso. Siempre, la derecha ha debido soportar el perjuicio que su pasado dictatorial le ha granjeado entre la ciudadanía (y entre la comunidad internacional). Sin embargo, esa mancha va desvaneciéndose con el tiempo, y cada vez más ellos logran una positiva aceptación en la ciudadanía. Un gobierno administrado por ellos es todo lo que necesitan para romper el prejuicio y la reticencia (y por que no decirlo, el temor) que el electorado les tenía. Será el lavado de imagen final. La elección de Piñera es el perdonazo de Chile que siempre han buscado por sus actos del pasado. Y en adelante habrá más gente que los reconocerá como una opción válida. Mucho me temo que si gana Piñera, tendremos en adelante más gobiernos de derecha. Sin el binominal la derecha política por lo general no pasaba de obtener al rededor de un 20 o 30% de representación (similar a la izquierda) mientras el grueso de la población se inclinaba hacia partidos de centro. Con el binominal la derecha está llegando al 50% y ahora se viene el empezar a gobernar periodos en proporción a ese alto grado de apoyo. Nos estamos convirtiendo es esos países capitalistas donde cada grupo, no importando lo retrógrados que sean (léase republicanos o conservadores), se turnan con el grupo opositor (más moderado) cada periodo de gobierno.

    El hijo de puta de Guzmán lo tenía bien calculado…

  • Andres

    Por favor te pido que no denigres la profesión de la madre de guzmán, hay mucho sudor y entrega en juego, en dicha actividad. dejémoslo en mal parido, te parece?

  • Deja un Comentario