Las murallas de Jaime

27 de ago, 2009 | Por | 3 Comentarios

jaula-ninos

El fin de semana el candidato Sebastián Piñera se comprometió, en el marco de la proclamación de la UDI Popular (con P de Polo by Ralph Lauren), a “seguir con el legado de Jaime Guzmán”. “No es lo mismo ser que estar” dijo el poeta  Alejandro Sanz y es por eso que cada vez que se hace una promesa de continuidad como esta se hace patente que, después de veinte años, la Concertación  ha asumido sin culpas- frente a la acérrima crítica de la izquierda-  el devolver a la derecha, con varios ceros de más,  un legado de su propiedad dado en administración: su propia institucionalidad casi intacta. Y todo por falta de huevos.

A raíz de una entrevista al profesor de derecho Fernando Atria, se han puesto un par de gritos en el cielo. Resulta que no nos habíamos dado cuenta del pastelito que nos dejó el fenecido y omnisciente líder UDI Jaime Guzmán, cuando con sus boys, hizo la famosa “Constitución libertaria y conservadora”, de 1980.

“Jaime” –así como le llaman dentro de la UDI-  que había leído mucho a Hayek, Schmitt y a Santo Tomás en las aulas de derecho de la Universidad Católica, creyó conveniente amarrar con quórums altos no sólo la Constitución de Pinochet que ha sido reformada varias veces ya, sino que también el establecimiento de un sistema electoral excluyente y mentirosamente estabilizador y, finalmente, la creación de un engendro jurídico nunca antes visto en el derecho comparado: las leyes orgánicas constitucionales.

Estas normas regulan las atribuciones de todos los poderes del Estado y de las materias esenciales del gobierno: la mentada LOCE, la ley de Partidos Políticos, la de los Tribunales de Justicia, la de la Contraloría, la de Administración del Estado, concesiones mineras, estados de excepción y un largo etcétera. La querida Constitución de 1980 amplía su poder de manera maravillosa -cual gremlin-  a cientos de leyes publicadas el día más fértil de todo el quehacer legislativo de Augusto: el 10 de marzo de 1990. Un día antes de dejar el poder de manera (casi) definitiva.

Para cambiar algo de estos cerca de dos mil artículos, se necesitan ni más ni menos que 4/7 de los diputados y senadores en ejercicio, mayoría a la cual no podría llegar ni siquiera una coalición reformista a raíz del binominal que finalmente, como la muerte misma, nos hace iguales  pase lo que pase. Así también, para la reforma a la Constitución  -una de las bases del grupo Océanos Azules al parecer rápidamente acallada-  se necesitan 2/3 de los diputados y senadores en ejercicio en las materias más esenciales y, para el resto, 3/5.

Realmente imposible. Estamos amarrados. ¿Constitución? ¿Revolución? ¿Cómo empezar? De hecho, cómo empezar si a nadie le importa. O bien, si el mismo Pablo Halpern ha decretado unilateralmente que el pueblo ha dejado de tener sueños, que ese sueño no importa, no engancha con el mensaje.  Que nos hace débiles para comunicar, demagogos, rancios.

Y claro, si la misma Educación Cívica ha sido tan aportillada en los currículums escolares, pocos quieren saber de derechos fundamentales. Como si fuera eso tan obtuso e improductivo como la más difícil clase de química orgánica, de la cual más de alguno en los colegios sí tiene lecciones. ¿O será más bien que en el MINEDUC no encuentran la foto, la ilustración o la didáctica para hablar de disenso, de lo esencial y de lo intangible?

(la imagen la sacamos de acá)

3 Comentarios

  • Cada vez que menciono el asunto de los quórums a mis amigos (vivo fuera de Chile), nadie me puede creer. De hecho, ando con la copia “reformada” de la Constitución en mi HD, para mostrársela a quienes no me creen cuando digo que Chile todavía es una dictadura.

    Bien indicas la función del quórum como mecanismo de autopreservación. Pero el verdadero genio de la Constitución no se encuentra en los quórums, que son meramente un medio que cumple a la letra su fin– la autoperpetuación del sistema de 1980. El genio de la Constitución es que refleja el alma de la transición pactada, tal y como lo indicaron Tomás Moulian y Alfredo Jocelyn-Holt hace ya más de diez años. El genio de la Constitución reside en la capacidad de convencer a quien gobierna, sea quien sea, sobre la conveniencia del mantener (¡y defender!) el status quo.

    En el espacio discursivo, entonces, la Constitución ha sido normalizada. Se hace parte de lo cotidiano, tal y como el estado de excepción bajo Pinochet lo fue. La clase política entra en erupciones periódica por lo que son en el fondo abstracciones. Se gastan en el ejercicio ritual de las votaciones sobre el binominal, las denuncias de los vicios del presidencialismo, la centralización del poder… A sabiendas de que no cambiarán las cosas porque eso no le conviene a nadie, ni al bloque gobernante, ni a su oposición. Mientras tanto, el engendro ideológico de Jaime Guzmán bloquea la capacidad de imaginar (como dice correctamente Halpern) al definir el horizonte de lo posible.

    ¿Qué hacer? En la práctica el movimiento por la Asamblea Constituyente nos muestra un modo de hacer las cosas. Hay, en ese sentido, bastante que aprender de Ecuador. Me pregunto a veces si sería posible impugnar el documento de manera judicial (a nivel de CIDH)…

    Desde la práctica teórica, sólo puedo apuntar a la importancia de analizar el texto en torno a coyunturas claves –una de ellas siendo el control de la mujer de su propio cuerpo, que es un ejemplo clave de la forma en que se constituye el sujeto dentro del “derecho” chileno. Y aprender cómo opera este monstruo, porque sólo una vez que aprendamos, que tomemos conciencia de cuáles son sus ramificaciones, de cómo delimita nuestra realidad, seremos capaces de ver más allá de esta estructura y recuperar nuestra capacidad de imaginar como país.

  • Buen Artículo Rodrigo!, a mi juicio los amarres constitucionales ya son producto, no sólo antecedente, son producto de 20 años de “pax boeningeriana” y del acuerdo de la elite de dirigir un país sin política.

  • Lo unico que me quedo claro con esta entrada era que quiere cambiar la constitucion por otra diferente pero no especifica por cual o en que direccion avanzar, aunque creo tener una buena idea.

    Si, la constitucion debe cambiarse pero no por asambleas manipuladas por mayorias relativas o ideologos populistas como en Ecuador. No dejemos que mayorias transientes e ideologizadas sean capaces de imponer su voluntad sobre los derechos de la minoria.

    Para cambiar la constitucion es vital que se respeten los ideales republicanos y los valores liberales en que se fundo este pais.

    Que se cambie la constitucion, por supuesto, pero que mantenga el respeto por la propiedad, los derechos y la libertad del individuo para no caer en una distopia chavista.

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