La Cariñocracia vs. Las Encuestas

28 de Jul, 2009 | Por | 5 Comentarios

Independiente de su (in-)habilidad para ganar elecciones, sobre todo presidenciales, la derecha chilena ha sido inmensamente exitosa en determinar el marco ideológico en que se discuten los temas contingentes en Chile. La última columna de Patricio Navia en La Tercera es un ejemplo perfecto de este fenómeno.

Navia se desgasta tratando de explicar la supuesta contradicción entre los altísimos niveles de aprobación que está recibiendo la Presidenta Bachelet a pesar de la mala percepción de su gobierno en áreas específicas. Y concluye:

Esta divergencia (aprobación/desaprobación) presenta un desafío a los candidatos presidenciales. Hay dos lecciones a aprender. Primero, los chilenos premian a presidentes que sienten cercanos -característica asociada con el populismo en el resto de América Latina- y no castigan a aquellos cuyo desempeño específico es desaprobado. De poco pareciera servir que los candidatos se muestren eficientes y capaces. Como lo demostró Bachelet en 2005, una vez que los candidatos se ganan su cariño, la gente igual les atribuye mejores atributos en los temas relevantes.

Y así, Navia toma como propia – con las generalizaciones de rigor, para hacerla un poco más digerible – la tesis machistoide y ninguneadora que la derecha chilena ha usado para descartar la gestión de Bachelet. Cariñocracia la llama él, una versión más políticamente correcta y mejor pulida de la “dueña de casa simpática” con la que Carlos Larraín califico a la presidenta. La idea, en resumen, de que el gobierno de Bachelet ha sido fundamentalmente ineficiente y que el país esta preso de un enamoramiento adolescente con una mujer sonriente y afable.

Pero las mismas encuestas en que descansa la tesis de Navia lo contradicen. Este es uno de los gráficos más interesantes de la última encuesta CEP [PDF] que nunca aparece en los titulares:

Screenshot-Encuesta-CEP-Mayo-Junio-2009.png

Y que muestra que la percepción del manejo económico, un aspecto fundamental de la capacidad y eficiencia de un gobierno, es un excelente predictor de la popularidad de un Presidente. Cariñocracia o no, cuando la percepción del manejo económico de Bachelet empeoraba, también lo hacía su popularidad. Y por supuesto, durante el gobierno de Lagos la relación era sospechosamente similar. ¿Será que pensábamos que Lagos era un “dueño de casa simpático” al final de su gobierno?.

Esto no significa que el fenómeno que destaca Navia – como el gobierno es popular en general a pesar de ser mal evaluado en áreas específicas – no sea digno de discusión. El gráfico de más arriba simplemente indica que en la mente de la gente la economía tiene más peso al momento de evaluar la eficiencia de un gobierno que su respuesta ante la corrupción, un tema que, a pesar de ser caballito de batalla de años de la derecha, apenas pasa la barrera del 10% de interés en términos de prioridades para la población. Más interesante que convertir la política1 en una novela de Corín Tellado es el preguntarse por qué la gente le da – aparentemente – menos peso a la educación o a la salud (dos temas que sí son importantes en las encuestas) que a la economía al momento de juzgar a su gobierno.

Pero claro, la respuesta a esta pregunta – uno asume – no tiene un nombre tan farandulero como “cariñocracia”. Y como la derecha tiene bien rayada la cancha de la discusión, es más fácil presentar un análisis que repita lo que todo el mundo “sabe”: que el gobierno es ineficiente y está encabezado por una gordita simpática. Da lo mismo que los datos mismos que se usan para darle un tufillo de legitimidad a la idea cuenten una historia diametralmente opuesta.

  1. cuando envuelve a mujeres, eso sí []

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5 Comentarios

  • también puede ser que la cariñocracia se extendió al responsable de las políticas económicas luego del terrible accidente que sufrió su hija….nadie puede negar que ese acontecimiento lo “humanizó” ante la opinión pública y lo encumbró en las encustas

  • jajajaja. Yo dejé de leer la columna de ese señor cuando empezó con el tema de la “cariñocracia” como forma de explicar banalizando los resultados de las encuestas que apoyaban a Bachelet. Era una explicación tan ridícula que no puede venir de ningún estudio o análisis mínimamente serio. Yo creo que ese artículo para lo único que sirvió fue para bautizar al analista con el mote del “cariñosito”.

  • Gracias Carlos por poner este tema; quisiera aportar con una interpretación diferente de los resultados de las encuestas, basándome en el siguiente argumento: los números absolutos no son suficientes para interpretar los resultados.

    Los seres humanos necesitamos referencias para poder hacer evaluaciones. La evaluación de un gobernante o un gobierno se hacen intrínsecamente con respecto a una referencia (la literatura es muy basta; recomiendo partir con Kahneman & Tversky, 1979). Propongo que la naturaleza de las referencias para gobernante y áreas específicas del gobierno son diferentes. Cuando a uno le preguntan si aprueba la labor de Michelle Bachelet tendemos a responder a la pregunta ¿Crees que hay algún otro político que lo haría mejor? Sin embargo cuando nos preguntan si aprueba la labor del gobierno en salud tendemos a responder a la pregunta ¿Crees que el gobierno puede hacerlo mejor?.

    En consecuencia, tiendo a interpretar los resultados de la encuesta como: ¿Estamos bien en economía, salud, educación, delincuencia, etc.? No. ¿Creemos que alguien podría hacerlo mejor que la actual presidenta? Tampoco.

  • Hola Marcel,

    Muy interesante tu apunte. Sin embargo, y sin estar en desacuerdo contigo, no estoy seguro que cuadra con los datos, al menos en el tema de la economía.

    En todo caso, lo otro que me trae a la memoria tu comentario es lo sensitivo que son los resultados de las encuestas a la elección de palabras en las preguntas, el orden de las alternativas, etc. Y eso, sumado a las sutilezas que tu mencionas, hacen el problema de las encuestas particularmente complicado.

    Saludos.

  • […] demasiados de esos análisis parecen ignorar – por diseño o flojera intelectual, las razones estructurales (p.e. buena economía) y programáticas (p.e. énfasis en los programas sociales) de la popularidad […]

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