Warnken: ni chicha ni limoná

02 de Jun, 2009 | Por | 8 Comentarios

A propósito de la detención de un ex-conscripto, uno de los asesinos confesos de la muerte brutal de Víctor Jara, Cristián Warnken publicó esta columna en el El Mercurio, “el diario de pocos”.

No pocas reacciones en contra se han suscitado, entre ellas las de Noticias Secretas y la muy lúcida Marisol García en Aldea local quien escribió:

“El hombre del pensar bello y tribuna de lujo en televisión ha mezclado a ese símbolo de nuestra cultura en el mundo –ni sagrado, ni “blanca paloma” ni perfecto, por suerte– con la peor retórica de revisionismo derechista. Es lamentable. Mejor me voy a escuchar “Ni chicha, ni limoná”.

La información sobre lo ocurrido y sobre el proceso judicial está muy documentada en el sitio de CIPER-Chile sobre los detalles del asesinato del cantor popular.

Creo que tanto tiempo haciendo cultura para  “las casitas del barrio alto” terminó por marear, definitivamente, al poeta de la tele.  Me quedo con la pregunta de a quién le sirve este tipo de “reflexiones”, ¿para qué?…

8 Comentarios

  • Chis… peros si yo tenía tres años en ese entonces. A ese muerto no lo cargo yo. 🙁

  • Warknen en algún momento se erigió como estandarte de lo que consideramos cultura y a partir de su silencio tan complaciente de su programa demuestra que cuando habla lanza y dispara no sabiendo muy bien si detrás de él se esconde un totalitarista recalcitrante o un naif que busca la belleza en cada ser humano.

    Pues bien, en dicha búsqueda de belleza, alabó hace poco a Miguel Serrano, atractivo exponente de una generación, pero que más que todo era nazi y de los duros.

    Diría que detrás de Warknen se esconden aquellos negligentes que observan como Nerón la quema de Roma mientras se hunden en el hermoso ruido de su lira cantora.

  • Otra critica, esta vez de Rodrigo Ferrari, se puede encontrar en Revelaciones Chucaras,

    http://www.revelacioneschucaras.com/2009/05/29/warnken-y-la-impunidad/

    Mal, Warnken.

  • Leí el artículo, pero la verdad es que no veo revisionismo de derecha… la verdad es que no veo nada reprochable, a menos que me tome literalmente sus palabras… cosa que no interpreto de su texto. Cuando el dice: “En el absurdo torbellino de las revoluciones y los golpes de Estado…” está claro que no ve causalidad, ve tramas, ecosistemas de poder, interrelaciones complejas… todo es más que la suma de las partes… y por último, no existe algo así como el decálogo de la buena persona, hay matices, hay diferencias, pero sobre todo, no existen los bandos… hay simplemente ideas.

    ¿Porque uno no se moje por uno u otro bando quiere decir que es facho?… entonces quiere decir que yo soy facho y no me había dado cuenta… o sea que además debería dudar de mi capacidad intelectual… chuata!…

  • @Meriadox,

    Creo que si por “literalmente” te refieres a que Warnken está diciendo que todos somos físicamente culpables de la muerte de Jara, claro que no es ese el sentido. Lo que el está diciendo es que somos todos políticamente culpables, lo que es un absurdo: Victor Jara no murió en un campo de batalla de una guerra civil, sino en un campo de concentración después de haber sido arrestado por el crimen de cantar cosas que no le gustaba a los milicos.

    Y claro que había bandos, pues. Había un bando que eran los perseguidores, y otro el de los perseguidos. Y los que morían – como Jara – estaban en este último. El revisionismo de Warnken es de tragarse y asumir – o finalmente reconocer publicamente, quién sabe – que su visión de la historia es la de la derecha, en que la culpa por los abusos por los derechos humanos hay que repartirla en forma igualitaria (comunismo de la culpa, si se quiere), lo que como bien dice Peña, es como decir que la culpa no la tiene nadie.

    Así que yo digo: ándate a la cresta, Warnker: si quieres la sangre de Victor Jara, anda a sentarte con el fantasma de Pinochet. Yo me quedó acá, muchas gracias.

  • Meriadox Mi propia experiencia personal, me dice que normalmente cuando alguien en Chile dice que no es de aquí ni de allá, resulta que a la hora de los “quiubo” es de bien por allá, bien conservador, del estilo de frasecitas como “en algo andaría”, porque como no son de ninguna parte, según ellos, es mal visto andar “metido” en algo. Pero bueno, sería generalizar de la manera más arbitraria ¿no? En todo caso, la discusión sobre los bandos tiene un punto de no retorno, y para mi es la cuestión fundamental, porque cuando se trata de poner al centro la defensa de los derechos humanos, el cuestionamiento total de la tortura y la legitimidad de la búsqueda de justicia (no frasearla como venganza por ejemplo, o cosas por el estilo) no tendríamos que hablar necesariamente desde nuestros bandos. Y en eso los fachos que quedan, y se reproducen en este país, no han concedido un milímetro. Y eso sí que duele.

  • “Después de todo -piensa la derecha-, en un mundo en el que las víctimas no son inocentes, los victimarios tampoco son culpables. Se trata de un curioso ejercicio de teología política: como todos estamos sucios del pecado original, nadie puede acusar a nadie” http://diario.elmercurio.cl/2009/05/31/reportajes/_portada/noticias/c59cad29-51e9-45c6-86f5-10c464ba352a.htm

  • El artículo de Warnken es simplemente impresentable e inaceptable. Es impresentable no solamente por ese blanqueo solapado que intenta, mediante un ejercicio del cual se avergonzaría el propio Lope de Vega, y segundo -y peor- porque ese blanqueo se disfraza y se administra con un estilo escritural propio de Hallmark, instalando una cortina de humo rosadito y siuticón, que engaña y engatusa al lector incauto, pero que, una vez disipada, nos deja ver al genuino heredero de Hermógenes Pérez de Arce, pero en un envoltorio más amigable. El “nunca quedar mal con nadie” que Warnken practica es mera impostura estilística. Por lo muy bajo, esta columna está erradísima, es un tiro al aire, disparos a la bandada recubiertos de azúcar flor. Y tampoco veamos a Warnken como blanca paloma de la paz y la neutralidad, basta ver la palestra donde opina: la página editorial del diario de Agustín, ni más menos, página que no es -ni será nunca- chicha ni limonada, sino que tiene colores bien definidos y que todos los chilenos -ahora de todas las edades, gracias al documental- conocemos bastante bien.

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