Vitacura: Plebiscito, Sociedad Civil, ganadores y perdedores.

30 de abr, 2009 | Por | 4 Comentarios

Por Camila Cociña*

Hace ya varias semanas se llevó a cabo en la comuna de Vitacura un plebiscito para decidir la implementación o no de una serie de cambios en el Plan Regulador, instancia a la que se llegó debido al alto descontento de la población de esta comuna por el bajo nivel de participación en el desarrollo de estas modificaciones, y que tuvo su más clara evidencia en la alta popularidad del candidato a alcalde Terraza quién, representando al movimiento Salvemos Vitacura, obtuvo más de un 30% en las últimas elecciones, haciendo temblar al cuasi vitalicio alcalde Torrealba.

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Tengo que reconocer que no es fácil hablar de participación, sus mecanismos, y en particular del caso de Vitacura. No es fácil porque rápidamente, y profundizando un poco más en la cuestión, se puede caer en posiciones poco populares que no son tan fáciles de sostener. Es por esto mismo que intentaré hacerlo ordenadamente a partir de una serie de puntos.

1.    Me parece que la participación, y por sobre todo la conformación de una sociedad civil activa, es un proceso positivo que debemos mirar con ojos atentos, ya que será cada vez más un actor relevante en el desarrollo urbano del país. Hay que ser enfático en esto: Torrealba, tras la victoria de un rotundo NO, está pagando el costo de no haber visto antes la relevancia de este actor. Habría que agregar, además, que es un fenómeno que, si bien en Santiago se ha concentrado en muchos casos en el cono nororiente, ha comenzado a tener presencia en otras partes de la ciudad, evidentemente menos cubiertas por los medios que Vitacura (José María Caro en Lo Espejo, Yungay en Santiago, por nombrar sólo dos).

2.    Sin embargo (y aquí es donde me pongo menos popular) debemos ser conscientes de que el surgimiento de la sociedad civil como actor en temas urbanos, en Chile al menos, no ha sido acompañada aún por un correlato de mecanismos y herramientas para hacer de ésta un proceso óptimo. Creo en la participación, sí, y creo en la sociedad civil activa, pero no creo en el plebiscito como mecanismo. Un plebiscito propone un escenario binario, de ganadores y perdedores, de blancos o negros, de Sí o No.

Siendo alguien que cree profundamente en la Democracia, entendiendo que la mayoría elige a sus representantes para que tomen decisiones. En el tema del desarrollo urbano local esto presenta una arista nada de obvia pero crucial: la ciudad, a diferencia tal vez del resto de la política, no se hace con mayorías, sino con minorías y negociación entre ellas. ¿Por qué? Porque ninguna decisión que se tome sobre el territorio afectará a todos por igual, y siempre van a existir grupos que se ven afectados o beneficiados que de alguna manera tienen que negociar; y un plebiscito no es una negociación, sino algo más parecido a una paliza, con ganadores y perdedores. Salgamos de Vitacura para entender esto de manera más gráfica: una autopista puede comunicar Santiago, haciendo que millones se beneficien por la posibilidad de una movilidad más expedita, pero al pasar por una villa o población, puede tener consecuencias nefastas que deben ser negociadas por aquellos vecinos que tendrán una autopista en sus narices; no se trata de mayorías, sino de minorías que negocian.

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3.    Sería bueno pensar ahora en las consecuencias del resultado del plebiscito. Algo que se mencionó poco, es que votar que No al cambio del plan regulador y la densificación, significaba votar que sí a otras cosas. En casos como el de Vitacura, siempre será más fácil el No -la columna de Warnken en El Mercurio es elocuente al respecto. La añoranza porque nada cambie hace que un No, versus un Sí lleno de incógnitas y amenazas, resulte siempre más cómodo: siempre resulta más fácil un “no a los cambios”, incluso si esto implica otros cambios. Vitacura es una de las comunas más ricas de Chile, con una naturaleza principalmente residencial, que está cambiando, para bien o para mal. Estos cambios se ven reflejados en calles cada vez más atiborradas de autos, y bordes de las mismas que pasaron de ser casas en una tranquila calle a locales de comercio u otras actividades frente a grandes avenidas; Vitacura está cambiando y, ya sea a través de la densificación (como proponía el plan regulador) o a través de otras medidas por proponer, la comuna debe adaptarse a estos cambios. ¿Por qué? Porque si no, se enfrenta a la posibilidad de ser un nuevo Santiago Centro, donde se retuvo el desarrollo y recambio por años, liberando en muy poco tiempo todo el desarrollo inmobiliario potencial, sin una clara regulación ni una propuesta de ciudad, y con la consecuencia que todos conocemos personificada en “Paz-Froimovich”, que está cumpliendo con el objetivo de densificar, pero con nefastas consecuencias por la falta de un plan. Si Vitacura no quiere densificarse, debe encontrar los mecanismos de adecuación a ciertas dinámicas, para no repetir el fenómeno PF. Habría que agregar, además, que la decisión de congelar el plan regulador tiene una consecuencia directa en la perduración de una población socialmente homogénea, en una comuna privilegiada en muchos aspectos, fomentando la exclusión y obligando a que la densificación (único mecanismo de las clases medias para acceder a buena localización en el actual modelo económico) se mueva hacia otros lugares, posiblemente con menos atributos que éste.

4.    Una cosa es clara: el alcalde Torrealba está pagando el costo de no escuchar a sus vecinos. Y es un costo que está pagando caro tanto con su imagen, como con mucha plata. Muchos consideran (los “expertos”) que el proyecto de Plan Regulador presentado por la comuna de Vitacura era un “buen proyecto”, que prevenía varios de los vicios de una densificación mal hecha, y se adelantaba a cambios que es bueno prever; pero un plan como este no sirve de nada sin un respaldo colectivo, y eso posiblemente es la peor parte de la propuesta de Torrealba: la de no escuchar a sus vecinos excepto al final del proceso, cuando el escenario se había reducido a un excluyente Sí o No.

5.    Por último, quisiera referirme más genéricamente al proceso de consolidación de una sociedad civil activa en temas de Ciudad. Observando el panorama de ésta hoy en Chile, se trata por lo general de movimientos cuyas consignas son “Defendamos”, “Salvemos”, “No a algo”. Este mismo proceso se vivió hace 30 o 40 años en países como Alemania o Estados Unidos, donde hoy en día la participacion pasa más bien por organizaciones de carácter propositivo (1). Para esto, hay que avanzar hacia una institucionalidad que permita la aparición del actor “ciudadanía” en el desarrollo urbano, sin por esto pasar a llevar la institucionalidad democrática, con herramientas equitativas en cuanto sean capaces de ser útiles y apropiables por distintos actores de la sociedad civil, tengan estos o no el poder mediático y de influencias que ha tenido el movimiento de Vitacura, con profesionales e instancias intermedias de negociación, con espacios para el desacuerdo: sólo de este modo el acuerdo puede generar resultados ecuánimes.

(1) Según datos obtenidos en entrevista a Luis Eduardo Bresciani L. para Revista 110.

(*) Alumna egresada de Arquitectura, Universidad Catolica. Directora y editora de Revista 110. Columnista de Plataformaurbana.cl

(La imagen de la autopista es de action datsun, licencia CC. El afiche es del sitio Salvemos Vitacura)

4 Comentarios

  • He leído de todo antes y después del comentado plebiscito. Artículos defendiendo lo positivo del proyecto (los técnicos) y otros artículos defendiendo lo positivo de realizar un plebiscito (los políticos). Argumentos que provienen de dos ambitos: La Ciencia y la Política. Son dos mundos que a veces parecen no congeniar del todo. Y cuyo enfrentamiento en este caso, chocó hasta llegar a la descalificación. De hecho, he leído frases muy desafortunadas de “destacados profesionales” atacando al plebiscito, así como malos argumentos de “destacados políticos o ciudadanos” cuando hablaban del “urbanicidio”.

    No creo que se llegue muy lejos en el acercamiento entre Política y Ciencia si se sigue descalificando al otro bando. Y parte de este artículo, siento que sigue en eso de descalificar al mundo de la Política. Creo que ese camino es absolutamente estéril.

    Yo trato de ver con objetividad: En una ciudad se participa desde ambos mundos, desde la Ciencia y desde la Política (que por algo es una “Polis”).

    La Ciencia tuvo su momento y habló. Y los expertos y técnicos presentaron una propuesta. Un proyecto de ordenamiento y reglamentación urbano. Y dijeron lo que tenían que decir. Pues a continuación llegó el momento de la Política y de los ciudadanos (a pesar de la oposición del alcalde). Y la política, en su momento y en su papel dentro de la ciudad habló…, y en esta ocasión se resolvió desfavorablemente para unos y favorablemente para otros.

    Es lo normal y está bien. Esa es la idea. Que el conflicto de ideas se resuelva pacíficamente. Sin actos de fuerza. Es el principio de todo juego. Incluso del juego democrático. Un juego que siempre debemos aspirar a perfeccionar y desarrollar. Entre mejores sean los mecanismos de la democracia, mejor serán escuchados los argumentos en un favor y otro. Y la decisión será más justa.

    Esta vez no se ganó. Bueno, habrá que replantear los esquemas…, los argumentos…, mejorar las ideas…. o probar otras.

    El problema no es que el sistema democrático sea imperfecto y resuelva con la polaridad Si o No. Eso no es un choque. No es el problema si ganamos o perdemos en cada ocasión. El problema es cuando no queremos escuchar la voz del SI o la voz del NO. Cuando no aceptamos perder. Si no sabemos perder, entonces descalificamos al contrario, descalificamos al sistema y descalificamos al resultado.

    Es entonces cuando dejamos de ser democráticos.

  • Camila: Primero, gracias por aportarnos esta columna a DLR. Concuerdo contigo en la necesidad de fortalecer mecanismos institucionales para ir ampliando la participación ciudadana en temas de ciudad y en otros temas también. Ese es el desafío por construir.

    A mi juicio, los vecinos organizados tienden al conservadurismo porque defienden “derechos” que sobre todo están asociados a la propiedad (por ejemplo el daño potencial a la plusvalia de sus casas) que se ponen en riesgo por la ciudad y su crecimiento. Ser vecino es una parte (menor) de ser ciudadano. Ser vecino es en muchos sentidos anticiudadano, es ser propietario, dueño, distinto del otro, no un igual. Una democracia vecinal tiende a ser mas parecido a la turba de Springfield que a un hemiciclo parlamentario, triste pero cierto.

    La ciudad, que no resiste ser “propiedad” de nadie (al menos en teoría) va demandando decisión colectiva para su desarrollo, estos mecanismos debieran ser permanentes, dialogados, reflexivos, tecno-políticos y un conjunto de otras características que van mucho más allá de un si o un no en un plebiscito.

    Ser democrático es mucho más que apoyar elecciones a la coliseo romano, subiendo o bajando el dedo para que alguien viva o muera, es ser capaz del acuerdo, el entendimiento, el diálogo, aceptar los argumentos del otro y no solo los argumentos racionales, también los genuinos sentimientos y las ganas de conservar las tradiciones que toda comunidad tiene.

    A los vecinos de Vitacura que se ufanan de su “democracia vecinal” les debiera dar pavor el camino que han marcado a los demás, ¿qué pasaría si todos los demás “vecinos” de Santiago decidiéramos en un plebiscito que ya no queremos vivir con ellos?, ¿lo encontrarían “democrático” o sería una “violación intolerable” del sacrosanto derecho a la propiedad?

    un abrazo

  • [...] han aumentado y diversificado su naturaleza en los últimos años, de eso no cabe duda; algunos exigen detener proyectos, regular otros y poco a poco algunos comienzan a proponer proyectos surgido…. Pareciera que la construcción de una sociedad civil activa, en temas urbanos, va de a poco por un [...]

  • [...] que dé espacio a una Sociedad Civil activa es posiblemente una de las deudas que quedan pendientes. Sobre este tema en particular es mucho lo que se puede decir, pero lo cierto es que mi intención n…, sino más bien dar cuenta de un conflicto particular al que posiblemente nos [...]

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