Piñera No

17 de Mar, 2009 | Por | 54 Comentarios

Sebatián Piñera

El día de ayer, el Servicio Electoral fijó oficialmente la fecha para las elecciones presidenciales de este año: viernes 11 de diciembre. A meses de la elección, hay algunas señas de que las inscripciones en el registro electoral irían al alza, especialmente entre los jóvenes, lo que puede verse reforzado por los esfuerzos del candidato de la Alianza y por grupos de “independientes” por aumentar la inscripción juvenil.

Adicionalmente, aún existe la posibilidad de que el nuevo sistema de inscripción automática y voto voluntario aplique para las elecciones de diciembre: la nueva regla ya está aprobada por las dos cámaras del parlamento (en el Senado sólo lo rechazó Jaime Orpis -ejem!-, y se abstuvieron -ejem, ejem!- Jorge Arancibia, Andrés Chadwick, Juan Antonio Coloma, Hernán Larraín, Pablo Longueira, Evelyn Matthei y Víctor Pérez). Sin embargo, la ley sólo aplicará para esta elección si el Ejecutivo despacha durante abril la ley que permite su operatividad, y en las oficinas de Viera-Gallo no parecen estar convencidos de querer chicotear los caracoles.

En cualquier caso, es probable que estas elecciones tengan una buena cuota de nuevos electores en las urnas, enfrentados a la decisión de elegir entre dos caras viejas de la política local. Por un lado, un ex-presidente, DC de viejo cuño, que representa a una coalición alienada por el poder, con signos de desgaste cada día más evidentes y cada día más alejada de los “murmullos y silencios de la calle”. Por otro, un candidato que conocemos de memoria, tanto por sus múltiples contiendas electorales como por sus (a veces oscuros) movimientos en el mercado. Aparte de estos dos, algunos candidatos alternativos que, aunque en varios sentidos más interesantes que los dos antes mencionados, son electoralmente marginales.

La verdad es que a estas alturas hay argumentos de sobra para no votar por la Concertación, tema que darían para otra columna y seguro va a saltar en los comentarios a esta. Creo también que aún hay argumentos para seguir votando por ellos, aunque sea sólo una vez más.

En medio de este desencanto, y pensando sobre todo en los votantes más jóvenes, creo que es importante responder ¿por qué no votar entonces por Sebastián Piñera?

Acá presento, para que las discutamos, algunas de las razones por las que NO voy a votar por Sebastán Piñera en ningún caso.

Chile no necesita un Gerente. El tipo es inteligente, qué duda cabe. Inteligente y astuto. Pero como bien dice Oscar Landerretche en una excelente entrevista en The Clinic, el hecho de que Piñera sea un empresario exitoso sólo significa que sabe cuidar el bolsillo de sus accionistas y el propio, y los accionistas son sólo una minúscula parte de Chile. Más aún, que Piñera sepa manejar una o varias empresas no significa que sea capaz de manejar un Gobierno, que tiene objetivos más amplios que la mera generación de rentas.

En el plano estrictamente político, de hecho, el presidenciable suele andar a los tropezones y las patadas, incluso con la gente de su partido, sin siquiera mencionar las puñaladas con sus “socios” de la UDI. En todos los partidos se cuecen habas, dirá más de alguien. Cierto. Pero al parecer la tendencia de Piñera de manejarse en política de la misma forma que lo hace en sus negocios lo mantiene como un tipo bien solitario politicamente, cosa que nunca es buena idea si se es Presidente y se quiere un mínimo de gobernabilidad.

No nos engañemos: sigue siendo la derecha. Y no cualquier derecha, sino la derecha chilena, o sea, para todos los parámetros de paises a los que decimos querer parecernos, una ultra-derecha. Si la concertación ha usado políticas de derecha para fines de izquierda, imaginen lo que nos espera al otro lado de la mesa. Políticamente, comercial y personalmente, Piñera está alineado con el 1% más rico de Chile (y casi todos en ese 1% son menos ricos que él!), y lo seguirá estando una vez que cuente con los votos del resto. Sus políticas muy probablemente terminarán de privatizar lo poco que queda en manos del Estado, relegando el accionar público al mero arbitraje de transacciones de mercado. Tendremos políticas de derecha para fines de derecha.

Las malas juntas. Piñera puede venderse en muchos sentidos como un liberal (ya veremos en la campaña…), pero para llegar a la Moneda necesita tras de sí a toda la derecha, incluyendo a lo más conservador, reaccionario y pechoño de nuestra fauna política. Sin esa derecha, no hay posibilidad de que llegue a la presidencia. Y como necesita esos votos, será con ellos con quienes gobierne. Piñera no me gusta, es cierto, pero mucho menos voy a votar para que Jovino Novoa sea ministro del interior, Coloma sea vocero, o Evelyn Matthei ministra de economía. Socorro.

Un gobierno de Piñera implica necesariamente el ascenso al poder de una coalición que simplemente no tiene, al menos en la generación que los dirige, un compromiso con los principios democráticos, y por lo tanto no podemos esperar que continúen -ni mucho menos, comiencen-  las reformas en temas de transparencia, igualdad y justicia social que el país requiere.

Balance de poderes. La derecha en Chile controla la prensa, y eso no va acambiar en el corto plazo. El empresariado en Chile es casi uniformemente de derecha (hay excepciones, pero pocas), cosa que tampoco va a cambiar. El poder eclesial suele estar alineado con la derecha, aunque la base no esté siempre de acuerdo con sus ideas (acá es Roma la que manda). La corte suprema no es precisamente un oasis progresista, y en el Congreso el sistema binominal, sumado al sistema de quórums, prácticamente garantiza que la derecha, aún sin ser mayoría, tenga poder de veto en casi todas las reformas importantes.

Si a todo lo anterior sumamos el poder Ejecutivo, las ideas de derecha -que han sido y son minoría en nuestro país- tendrán garantizado el poder en casi todas las esferas formales e informales de influencia y decisión política. Fin al balance de poderes, al menos por un tiempo.

El síndrome de Rico McPato. El éxito empresarial de Piñera es una espada de doble filo. Por un lado, para mucha gente es una señal potente de astucia e inteligencia, y genera la ilusión de que el éxito del líder puede ser traspasado a los seguidores por arte de magia. Por otro lado, la incapacidad de piñera de desprenderse de sus actividades comerciales en medio de la campaña –especulando en bolsa mientras jura a las cámaras que está 100% en política- dice bastante de una debilidad de caracter que puede ser nefasta en la Presidencia. Si ante cada potencial ganancia de corto plazo, al Presidente le van a transpirar las manos y va a sacar la calculadora, entonces no es el tipo que quiero en la Moneda.

El anti-Obama. Sin duda en estas elecciones Piñera intentará, con ayuda de mentes más jóvenes, vender la imagen de candidato “2.0”. Para ello seguirá, como mandan los tiempos, las líneas trazadas por la campaña del nuevo presidente norteamericano. El problema es que, fuera de una página web “fashion”, la venta va a estar dificil. ¿Por qué? Porque en casi todo lo sustantivo Piñera es el opuesto de lo que Obama representa en Estados Unidos. Ambos estudiaron en Harvard, es cierto, pero Obama decidió usar su conocimiento y habilidad en espacios de trabajo social y político, en lugar de sumarse, como la mayoría de sus compañeros, a alguna firma de abogados donde hacerse rico. Piñera no puede decir lo mismo. Obama es un convencido y ferviente defensor del rol central que debe jugar el estado en la regulación de los mercados y la provisión de servicios para los ciudadanos. Piñera dificilmente podrá convencernos al respecto. Obama desplegó durante la campaña una capacidad oratoria, una empatía y una calma, que los tics nerviosos, los tropiezos verbales y la distancia casi gélida de Piñera dificilmente podrían emular.

Quizás el contraste más marcado está en el plano de las ideas: en Chile, como en el mundo, la campaña de Obama destacó por el nivel de entusiasmo y esperanza que despertó en el históricamente apático electorado norteamericano, espcialmente en los jóvenes. Mucho menos notorio fue el contenido del programa de Obama: una idea de nación, de la economía y del gobierno que prometía cambiar la dirección histórica del país respecto de la política de los últimas tres décadas. Ideas de cambio que iban punto por punto sobre las áreas más sensibles del policy gringo. En Chile, en cambio, la opción de cambio de Piñera se reduce a “más eficiencia, menos corrupción”. Punto. No hay ideas, no hay un programa: la derecha nos ofrece o bien obviedades y generalidades, o “mejorar” lo mismo que viene haciendo la Concertación (de manera más o menos parcial, más o menos eficiente) desde hace años. ¿Cual es la idea de Piñera sobre el Transantiago en términos de política pública concreta para 2011? , ¿y sobre educacion?, ¿sobre impuestos y políticas sociales? ¿sobre el sistema público de salud? ¿sobre temas de defensa y relaciones exteriores? ¿sobre vivienda y diseño urbano? “Más eficiencia, menos corrupción” es un mantra y una obviedad: todos estamos de acuerdo al respecto, pero sólo repetirlo no constituye un programa ni una idea de futuro para Chile.

Por último, Obama, como afroamericano, representaba y representa -al menos simbólicamente- un triunfo para los menos aventajados, los más marginados y discriminados por la sociedad norteamericana. Piñera representa, en Chile, el polo opuesto del orden social. Piñera podrá representar un cambio, como lo representó Obama en la elección de Noviembre, pero son cambios en direcciones políticas casi opuestas.

Mi estómago, simplemente. Finalmente, pero no por eso menos importante, no voy a votar por Piñera porque no le creo. Porque, aunque diga que votó por el NO, lo veo más cómodo con ex ministros y colaboradores de Pinochet que con gente a la izquierda de su propia ideología (es decir, la mayoría de los chilenos). Porque donde él ve clientes o votos, yo prefiero ver personas, individuos y ciudadanos. Porque demasiada gente que ha trabajado en sus empresas tiene reparos con su forma de relacionarse con sus trabajadores. Porque cuando lo escucho hablar del “Mapocho navegable” pienso en el millón de necesidades que tiene Santiago en términos sociales y urbanísticas, y me da rabia. Porque lo veo alineado con los Uribe, los Aznar, los Berlusconi, los Calderón, y no quiero a Chile en esa liga. Poque, aunque creo que puede ser buen padre, suegro o amigo, creo firmemente que fuera de ese círculo es un tipo puramente instrumental. Y como sus hijos, yernos, nueras y verdaderos amigos no deben ser más de treinta personas, todo el resto somos sujetos de cálculo costo/beneficio. Yo no quiero estar en esa ecuación cuando su mano pueda firmar leyes, presupuestos, amnistías y tratados interncionales.

pinera_aznar

Y usted, ¿por qué no votaría por Piñera? ¿O por qué sí?

(las fotos las sacamos del sitio flickr del candidato, bajo licencia Creative Commons)

54 Comentarios

  • Pía …

    […]

    borrado. todo mal con los insultos gratuitos (el editor)

  • tanta argumentación… simple y llanamente no votaria por el porque es un

    MALDITO PAYASO

  • yo tampoco votaria por sebastian piraña por que creo que es un gigante egoista, que sollo quiere ser presidente para el beneficio del y de sus empresas ademas promete empleos pero con un sueldo minimo y al final seguiremos siendo esclavos de el mismo, y mas encima que tanto que habla sobre la ley de transparencia si es el mas corrupto de todos, pesonalmente no me gusto verlo cuando se encontro con el obispo dio una entrevista diciendo que ya no debian haber mas descalificaciones entre candidatos, y el con su cara de cinismo atras del obispo y la biblia en la mano, lo encontre ultimo, ojala que con los debates le salgan mas trapitos al sol y que nadie se vende los ojos votando por el .

  • oola komo estan io votare un 10000% para piñera

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