Latorre y la Intervención de las Empresas

18 de Feb, 2009 | Por | 2 Comentarios

Enterrada bajo la discusión sobre los poderes mágicos de Fidel Castro para devolverle el mar a Bolivia, el Presidente de la DC, Juan Carlos Latorre, decidió proponer una necesaria reforma a nuestra Constitución Política:

A diferencia de la legislación que existía antes del gobierno militar, la Constitución de 1980 estableció que el Estado y sus organismos pueden desarrollar actividades empresariales “sólo si una ley de quórum calificado los autoriza”. A juicio de algunos en la Concertación, el texto es un cerrojo ideológico para no reeditar episodios de intervencionismo ocurridos en el gobierno de la Unidad Popular.

Los militares y sus asesores civiles  se aseguraron con esta sección de la Constitución de 1980 que un pilar del pensamiento económico neoliberal quedaría grabado en piedra en la institucionalidad nacional.

Esas son las ventajas de escribir documentos entre amigos.

Pero, alas, los tiempos cambian. Si en la década de los 70 y 80 las ideas de los Chicago Boys de Pinochet  estaban en la cresta de la ola, la crisis financiera que esta arrasando la economía mundial ha hecho que hasta los más fieles perdieran la fé en un sistema ideológico que ve cualquier regulación del mercado como intromisión innecesaria.

Y así, la dura realidad económica ha forzado a los gobiernos (de derecha e izquierda) a considerar soluciones que – horror de horrores – incluye la intervención directa, e incluso nacionalización, de industrias claves en la economía.

Pero en Chile no. La derecha, antes siquiera de leer la propuesta específica de Latorre, saca del baúl de los recuerdos a la Unidad Popular, el fracaso del estatismo y otros argumentos clásicos (¿se atreve uno a decir “rancios”?) que se supone deben asegurar que el temor invada nuestros corazones.

Mientras tanto, en el mundo real, Alemania prepara un plan para nacionalizar bancos en problemas, siguiendo los pasos de Irlanda. Y  no hace mucho el Presidente Sarkozy llamaba a la Unión Europea a asegurar la viabilidad de industrias clave mediante su nacionalización parcial. Hasta en EEUU la especulación es que Obama no ha descartado la intervención “a la Sueca” de los bancos.

Demás esta decir que ninguno de estos gobiernos son particularmente de izquierda. De hecho, la barrera ideológica a la intervención se ha derrumbado a tal punto que campeones del libre mercado como Alan Greenspan (ex jefe de la Reserva Federal) dice hoy en el Financial Times que:

“Puede ser necesario la nacionalización temporal de los bancos en orden de facilitar una reestructuración rápida y ordenada”… “Yo entiendo que una vez cada 100 años es lo que uno tiene que hacer”.

Evidentemente, hay que esperar los detalles de la propuesta de Latorre. Cualquier intervención debería hacerse con una saludable discusión en el Congreso, después de que se hayan intentado otras medidas y, uno esperaría, con un carácter temporal.

Y tampoco hay que olvidarse que es muy posible que el superávit acumulado y los planes del gobierno para enfrentar la crisis serán suficientes y ninguna intervención será necesaria. Pero el descartar de plano el rescate de industrias nacionales importantes que están enfrentando una crisis económica mundial casi sin precedentes es de una estupidez que no solo no tiene más base que el fanatismo ideológico sino que le niega al país una herramienta legítima para capear una crisis que, por ahora, no da signos de amainar.

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2 Comentarios

  • El terror al Estado parece algo superficialmente superst¡cioso. De hecho, ningún gobierno de derechas ha pretendido jamás eliminar al Estado ni, mucho menos, achicarlo. Esa es una idea de la que incluso Milton Friedman renegó, y eso que él fue el Sumo Pontífice de los aventureros chicagüinos chilenos de los años 70 y 80. De muestra, un botón. Por causas atribuibles a la crisis, la Volkswagen de Alemania ante la perspectiva de tener que prescindir de 80 mil trabajadores, cortó por lo sano: invitó al estado de Baja Rhenania (donde está la casa matriz de la empresa) a comprar un paquete importante de acciones a plazo fijo y predeterminado con el fin de salvar y guardar (salvaguardar) los puestos de trabajo y no despedir a nadie. El Estado, así, participa en la propiedad de la empresa hasta que las condiciones financierasy de mercado se restablezcan y vuelva la normalidad. A esos estados se les suele reconocer como “desarrollados” y componentes del “Primer Mundo”. En Chile, no hay empresario alguno al que se le haya ocurrido siquiera copiar la idea; tampoco hay político alguno que siquiera se haya puesto a pensar en soluciones creativas y positivas. De ahí nuestro atraso y subdesarrollo. La nuestra no es una crisis económica (hemos vivido desde 1900 de crisis en crisis, en una secuencia de más o menos cada diez años). La nuestra es una crisis de ideas y, lo que es peor, de inteligencia creadora. Si por cada 100 poetas que salen cuando se levanta una piedra, saliera un inteligente práctico y creador, otro gallo cantaría.

  • mirense este numerito:

    Diputado RN e intervención de empresas: “Tiene un sabor a Unidad Popular” Lunes 2 de Marzo de 2009 Fuente :ORBE

    SANTIAGO.- Reaccionando a la propuesta que presentó la Democracia Cristiana de intervenir las empresas para paliar la crisis financiera y así asegurar el empleo, el diputado de Renovación Nacional (RN) y miembro de la comisión de Hacienda, Roberto Delmastro, señaló que es “negativo y nefasto” y que “esto tiene un sabor a Unidad Popular”.

    http://www.lasegunda.com/ediciononline/politica/detalle/index.asp?idnoticia=469618

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