En Defensa del Voto Voluntario

02 de ene, 2009 | Por | 14 Comentarios

Un grupo de cientistas políticos nacionales están molestos con el proyecto de Ley para que el voto sea voluntario, reforma que llaman un retroceso histórico. Los autores arguyen que el voto no no es solo un derecho cuyo ejercicio descansa en la conciencia individual del ciudadano, sino que es una responsabilidad cuyo cumplimiento deber ser asegurada por el Estado. Y para reforzar su caso, enumeran las consecuencias negativas de abandonar el voto obligatorio:

1. Se producirá un aumento de las desigualdades, en un país ya escandalosamente desigual, por cuanto la predisposición a votar es mayor en los sectores que cuentan con más recursos económicos y políticos;

Es claro que ciudadanos que son más educados, mejor informados y con opiniones más formadas sobre el proceso político y los candidatos son los que tenderán a votar más si el voto es voluntario. Pero los autores no explican como el voto obligatorio soluciona el tema de la igualdad más allá de que todos están obligados a presentarse el día de la elección. ¿Son países que tienen voto obligatorio “menos desiguales” en alguna medida relevante?¿Son las aspiraciones y necesidades de los más pobres ignoradas más en países donde existe el voto voluntario? Si tienen alguna evidencia para apoyar estas ideas, los autores no la comparten con sus lectores.

2. Se verá una disminución de la participación electoral -como lo demuestra ampliamente la evidencia- que concluye que el único recurso que aumenta la participación electoral es el voto obligatorio;

Esta “consecuencia negativa” es totalmente trivial. Es evidente que si el Estado obliga a los ciudadanos a hacer algo se obtendrá participación casi universal. Pero los firmantes de la carta parecen confundir fines con medios: es razonable decir que una alta participación ciudadana es saludable para la democracia, porque implica una ciudadanía involucrada con su gobierno. Pero el obtener esa participación por medios coercitivos no parece ser consistente con la libertad que debería estar al centro de los ideales democráticos. ¿Es un gobierno elegido por el 100% de ciudadanos obligados a votar más legítimo que uno elegido por el 70% de una ciudadanía que eligió participar voluntariamente?

Aun más,  el voto voluntario implica que el nivel de participación nos permite tener un barómetro  de la capacidad de la clase política para responder a las necesidades y aspiraciones de la ciudadanía. Una baja participación en las elecciones debería preocuparnos, pero la solución es que los mismos políticos se aseguren de fomentar una cultura política participativa – o, alternativamente, que la ciudadanía a través de movimientos sociales reemplacen a esos políticos en las urnas, usando la capacidad de movilizar a esa misma gente que los autores creen que dejarán de votar. La solución no es obligar a los ciudadanos a ir a los lugares de votación. Que, ya que estamos, no es lo mismo que obligar al ciudadano a votar, a pesar de trucos semánticos como los “votos en blanco” y “votos nulos”.

3. Se producirá un aumento de la importancia del dinero en la política, por cuanto los partidos y candidatos se verán obligados a destinar mayores recursos para movilizar a electores más desconfiados y apáticos. En suma, observaremos un retroceso al siglo XIX: voto censitario, en la práctica, y la institucionalización del cohecho (o compra de votos).

Este punto es francamente ridículo. Los autores no pueden estar seriamente arguyendo que el voto voluntario lleva al cohecho: en las democracias occidentales modernas el voto voluntario es la regla, y en el mundo el voto obligatorio es minoritario. La idea de que estas democracias, que incluyen a Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos y docenas de otras tienen un problema de cohecho es simplemente irrisoria.

Pero el argumento es quizás más torpe porque implica que el sistema debería, por diseño, evitar que los políticos tengan que movilizar a los desconfiados y los apáticos. Es decir, en un país en que la participación democrática está en crisis, y las autoridades, el Congreso y la clase política regularmente reciben malas evaluaciones, estos cientistas políticos nos dicen que como sociedad deberíamos hacerles la pega a los mismos políticos aún más fácil y ser obligados a elegir, incluso si – como es el caso en Chile – el cuoteo partidista, el sistema binominal y la falta de primarias para la elección de los candidatos implican que el votante a menudo no tiene alternativas reales al momento de entrar al local de votación.

Al final, esta defensa del voto obligatorio refleja una cierta desconfianza en los procesos democráticos y la gente que los hace posible. Es por eso que el voto se transforma de derecho ganado y cuyo ejercicio debería ser facilitado (he aquí lo importante de la inscripción automática) a una responsabilidad legal a sostener un sistema político, incluso si este no esta sirviendo – como debe – los intereses de los ciudadanos.

Esperemos que el Congreso, con todas sus fallas, tenga el buen sentido de ignorar el consejo de nuestros politólogos.

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14 Comentarios

  • Hola Carlos, Qué buen tema, además importante de discutir con un poco más de detención de lo que se suele hacer (y separando el debate sobre inscripción automática del debate sobre voto voluntario: son cosas distintas!! Yo tengo clara mi posición sobre la primera, pero sobre la segunda no estoy tan segura).

    No sabía de la declaración de estos “colegas”. Sobre tu pregunta sobre el punto 1 (¿en qué evidencia se basan?), puedo acotar que varios estudios han encontrado (esto lo relato de memoria porque no le he revisado hace poco) que en países que han pasado de un sistema obligatorio a uno voluntario el voto se vuelve más elitista. La razón como se ha dicho es que las personas más educadas tienen más interés por la política; y en países en que la calidad de la educación no se distribuye en forma equitativa, esto en la práctica implica que los más pobres votan menos que los ricos. El más conocido de los que han estudiado esto es Lijphart, aquí va una de las últimas publicaciones: Lijphart, A. (2001) ‘Compulsory Voting Is the Best Way to Keep Democracy Strong’ , in R. E. DiClerico and A. S. Hammock (eds) Points of View, pp. 74-77.

    No creo que estos hallazgos sean los que deban guiar la decisión, pero sí creo importante tenerlos a la vista. Ojo que los estudios no dicen que esto ocurra en países que tienen una tradición de voto voluntario (como los ejemplos que mencionas), sino precisamente en los que hacen la transición de un modelo a otro. Seguro que hay estudios en el sentido contrario. Yo no los conozco porque no es mi tema.

    ¿Qué puede pasar si en Chile los pobres salen del “mercado electoral”? Podría intuirse que las preocupaciones de los grupos más pudientes pesarán aún más en la agenda legislativa y en la toma de decisiones. Esto vendría a sumarse al peso desmedido que tienen ya los intereses de los financistas de las campañas (no me vengan con lo del financiamiento público). Si además, como hemos comentado otras veces “el coro de los grupos de interés canta con un tono decididamente de clase alta”, tenemos que los contrapesos que -en teoría- la democracia política podría oponer a las desigualdades de poder en Chile prácticamente desaparecen.

    Eso. Muy impopular lo que digo pero lo tiro como dato para la causa. Al elegir instituciones lo normativo es fundamental, pero no es menor darle una mirada a lo fáctico. Que sino vienen los fácticos de siempre llenándose la boca de ética y volándonos la raja igual (esto no lo digo por tu columna sino por el tono en que se suele dar esta discusión).

    Muchos saludos!

  • soy partidario de la voluntariedad del voto, pero también desde punto de vista puede ser que el no-votar signifique avalar el sistema, no necesariamente leído como “disconformidad”; entonces los quórums para ser elegido tendrían que variar o comenzar a significar otra cosa o peor aún; votos de “clase a” o “clase b”, entonces caímos en el tema de la igualdad. Un candidato electo con entre 30 votos de 100 que pudieron sufragar y de esos treinta que 17 signifiquen alcanzar una mayoría, es legítimo? Este planteamiento no necesariamente está correcto, más bien se me acaba de ocurrir.

  • A diferencia de Carlos, creo que los argumentos pro voto obligatorio tienen una cierta mayor claridad que los pro voto voluntario, y las críticas que aquí se han hecho no me parecen para nada fuertes. Supongo que entre quienes discuten sobre este tema no habrá quien crea que una medida al respecto cambie la situación de la política. Al contrario, en mi opinión este apoyo casi general al voto voluntario peca de ser demasiado idealista (o bien, sirve para ganar votos). El argumento según el cual el voto voluntario es elitista me parece definitivo, y el contraargumento de Carlos, que pide que el “obligatorista” pruebe que el voto forzado mejore la situación de la política -de la igualdad- yerra por completo en el quid del problema: el voto obligatorio no viene a solucionar nada respecto de la igualdad, sino que, a lo más, podría servir de instrumento, más fiable -incluso- que las encuestas del CEP, para saber el estado de la representatividad política (donde sí tiene sentido, sin ser meros “trucos semánticos”, tener ante la vista los votos nulos y los blancos); pero es obvio que ninguna medida al respecto solucionará la cuestión de la representatividad, sino que sólo nos queda esperar que la fuerza de los hechos promueva una nueva generación de políticos que esté más atenta a los cambios de nuestra historia (cuestión que afecta principalmente a la Concertación: la Alianza ni siquiera se aproblema con esto). Pero, por cierto, si el voto obligatorio no ayuda directamente en la cuestión de la representatividad, por lo menos no empeora el asunto, como pasa con el voto voluntario. Porque si el problema de nuestros políticos es de la diferencia entre los jóvenes y los viejos, la cuestión más grave aún es la de la ignorancia de nuestro pueblo, de su total ausencia de criterios para discriminar entre sus representantes, y en la relación “comercial” que hay entre ambos: el político promueve la ignorancia del pueblo, y luego éste vota por criterios tales como que el político aparezca lo suficiente en televisión (como Pato Laguna), y el político, luego, no tiene que promover ideas en televisión, sino que puede conformarse -y resulta mucho más efectivo- con lanzar algunos slogans fáciles de digerir, y pueden promover formalmente, como gusta hacer la Alianza, la “libertad” de las personas (así, el argumento de la UDI para que la inscripción no sea automática es en orden a la “libertad” de inscripción), para meterse luego en la cama de la gente y en lo que consume en privado, a escondidas de los que promueven la “libertad”.

  • Gracias por los comentarios, así esto si vale la pena:

    @Rocio: A ver, aclaración: no estoy en desacuerdo (y mis disculpas si no se entendió) conque el voto voluntario implica un cambio cualitativo como cuantitativo en la población que vota. Mis preguntas iban a que uno tendría que dar el paso siguiente, que es mostrar que ese cambio cualitativo implica un cambio en los intereses a los que responde la clase política. Tu – como los firmantes de la carta – intuyen que esto pasara, pero a mi no me queda claro.

    No basta más que mencionar, como anécdota, que de las democracias “ricas” EEUU es de las mas desiguales, Suecia de las mas iguales. Ambas tienen voto voluntario. ¿En que quedamos?. Lo que quiero decir que a veces argumentos teóricos que son sumamente lógicos simplemente no se reflejan en la realidad por otras razones: en este caso, yo podría decir que el dinero en la política tiene una forma de influenciar el proceso democrático de tal forma que ofusca completamente “detalles” tales como si es el 80% o 100% de la población la que está votando, y que al final las ideas que generan las políticas públicas salen de los mas educados, así que sospecho que el instrumento del voto obligatorio es bien burdo para solucionar un problema que requiere más bien hacer que la ciudadanía este envuelta en el proceso… justamente cuando no hay elecciones.

    @Francisco:

    Efectivamente, el escenario que tu planteas es horripilante. Por supuesto, el sistema binominal ya nos da autoridades elegidas por minorías aún más ridiculas, así que el martillazo hay que pegarlo en otra parte :)

    @Rodrigo: La verdad, no entendí mucho tus argumentos, pero está claro, me parece, que efectivamente los firmantes de la carta si estaban conectando la “desigualdad electoral” con la “desigualdad social” (económica, política, etc.). Mi respuesta es en ese contexto. Como le contesté a Roció, no me queda muy claro que el porque el universo de los electores sea más “elitista” (aunque personalmente prefiero “más educados, ricos, etc”) o “desigual” eso resulte en que las políticas públicas que resultan de los gobiernos elegidos por ese electorado sean destinadas a resolver esa desigualdad. Recordemos que en Chile, con voto obligatorio y todo, la desigualdad no se movió ni un milímetro en los últimos 20 años, y nos demoramos esos mismos 20 años en recién a mencionar el tema sin que empezaran a volar acusaciones de el regreso del comunismo a Chile.

    Sobre la “ignorancia del pueblo”… eh.

    Saludos!

  • Para que se entienda, organizo de otra manera lo escrito. El argumento es simple: “si el voto obligatorio no ayuda directamente en la cuestión de la representatividad, por lo menos no empeora el asunto, como pasa con el voto voluntario”. “Supongo que entre quienes discuten sobre este tema no habrá quien crea que una medida al respecto cambie la situación de la política”. “es obvio que ninguna medida al respecto solucionará la cuestión de la representatividad, sino que sólo nos queda esperar que la fuerza de los hechos promueva una nueva generación de políticos que esté más atenta a los cambios de nuestra historia”

    No lo ordené mucho en realidad, pero con eso creo que queda en claro lo que pienso… No veo en qué ayuda el voto voluntario, no sé qué problema resuelve. Creo que es un buen slogan para que los políticos que no saben qué hacer tengan a mano una medida que los deja mejor parados. La desigualdad social se puede asociar a la electoral atendiendo al hecho obvio de que votan quienes están relativamente al tanto de la importancia de la política. No veo cuál es la utilidad de hablar de Suecia o de EEUU, si nuestra historia es distinta a la de todos ellos. Tampoco es relevante la referencia a que hasta ahora con nuestro sistema de votación no se ha arreglado nada, puesto que, a mi parecer, no se topa una cosa con la otra: con voto obligatorio hay lo que hay, ninguna mejora, ninguna pérdida; con voto voluntario, los sectores que no quieren votar, los que son “apolíticos”, los que, en general, ignoran más que al no votar se le da el poder en bandeja a los grupos que se interesan por dirigir el botín económico y moral del Estado, terminan solamente como el grupo de los que no votan, que a final de cuentas tiene cero relevancia. El voto voluntario, me parece, avala la apatía política que se generaliza en la juventud. El que se siente “apolítico” tiene pleno derecho a desconectarse absolutamente de la cosa pública. No creo que sea mejor ese escenario que el que ahora tenemos.

    Quizás lo mejor sería que se cambiara sólo la cuestión binominal del sistema electoral, y dejar intacto lo de si el voto es voluntario u obligatorio, pero en fin, esta discusión se puso de moda.

    PS: (¿la carta a la que aludes es “en defensa del voto obligatorio”? ¿O ese es sólo un artículo?)

  • Mhhh.. le doy vueltas y aun no tengo una idea clara al respecto… por lo pronto, les dejo una cita de Hannah Arendt que creo que viene al caso como anillo al dedo:

    “El gozo de la felicidad pública y las responsabilidades por los asuntos públicos serían compartidos entonces por aquellos pocos hombres de todas las clases sociales que tienen el gusto por la libertad pública y no pueden sentirse «felices» sin ella. Desde un punto de vista político, estos son los mejores y constituye la tarea de un buen gobierno y la señal de una república bien ordenada asegurarles su puesto en la esfera pública. Ahora bien, tal forma «aristocrática» de gobierno significaría el fin del sufragio universal como lo entendemos hoy; en efecto, sólo aquellos que como miembros voluntarios de una «república elemental» han demostrado que les preocupa algo más que su felicidad privada y que se preocupan por la situación del mundo tendrían derecho a hacer oír sus opiniones en el gobierno de los asuntos de la república. Sin embargo, esta exclusión de la política no sería peyorativa, pues una elite política no es en modo alguno lo mismo que una elite social, cultural o profesional. La exclusión, por otra parte, no dependería de un cuerpo extraño; si los miembros del mismo son autoelegidos, los no miembros son autoexcluidos. Tal autoexclusión, lejos de ser una discriminación arbitraria, en realidad daría substancia y realidad a una de las libertades negativas más importantes de que hemos gozado desde la Antigüedad, es decir, la libertad de la política”.

    Arendt H.: “Sobre la revolución” Alianza Ed., Buenos Aires, 1992, pág. 289

  • @Rodrigo,

    Dado que los estudios que analizan el efecto del voto voluntario en la calidad del electorado son también de otros países, el decir que son “realidades distintas” (un deux ex machina en las discusiones en Chile, parece) no me parece un muy buen argumento.

    El voto voluntario no “resuelve” nada, en el sentido que la aplicación de una cierta visión de lo que es la democracia y los derechos que deben tener sus ciudadanos no es necesariamente un problema práctico. En este contexto, por ejemplo, uno podría argumentar – como lo hacen algunos – que no solo debería haber voto obligatorio, sino que debería combinarse con la inscripción automática.

    En ese caso, uno podría tener la representatividad maximizada, como la entiendes tú. ¿Pero sería efectivamente así? Lo dudo. El obligar a la gente a participar en un proceso político independiente de como este funcionando ese proceso lleva a lo que vemos hoy: ningún esfuerzo por la clase política Chilena de crear los cambios fundamentales (primarias, sistema binominal, etc.) que harían que nuestro sistema un poco más reprentativo, no en el sentido de los meros números que votan, sino de la calidad de los líderes que resultan del proceso.

    Pero! Estamos de acuerdo que el cambio del sistema binominal es mucho más importante.

    @Matías: efectivamente, hay quienes que arguyen siguiendo la linea de Arendt. La verdad, no me atrae mucho. Creo que de todas maneras deberíamos aspirar a que la mayor cantidad de personas voten, y que un objetivo de una política progresista debería ser el hacer todos los esfuerzos posibles para que no solo convenzamos a los entusiastas pero también a los apáticos y desilusionados.

    Es decir, el efecto que citan los polítologos y Roció, si bien real, no puede ser – en mi opinión – razón suficiente para violar la libertad que debemos tener de usar o no nuestro derecho (ojo, derecho!) a votar. Por el lado más práctico, insisto que la gran ventaja del voto voluntario es que crea un espacio para que líderes políticos buenos – su mensaje, su capacidad de organización, etc – puedan ganar elecciones con su capacidad de atraer a votantes que de otra forma no votarían.

    Saludos.

  • Creo, y a peligro de caer en el absolutismo moral que todos odiamos, que en ciertos temas no se puede lograr una dicotomia entre lo “normativo” y lo “factico” como lo argumentaba (y de manera convincente) Rocio. Aqui existe un valor que es sobre el cual se fundado la modernidad occidental; la libertad, y una practica que lo limita; el voto obligatorio (ni hablar si se le suma la inscripcion automatica). Creo (ojala no este equivocado) que fue Isiah Berlin quien dijo que “Nadie me puede obligar a ser libre a su manera” y esto es fundamental. Todos los argumentos facticos (financiamientos, brecha educacional, etc) palidecen al ser ocupados como un medio para un final ilegitimo, el uso de la coercion para legitimizar el status quo politico. Y como ya sabemos, y la derecha de este pais se empeña en olvidar, Kant dijo que todo ser humano es un fin en si mismo y nunca se puede objetivizar su libertad para conseguir un fin mayor.

    saludos, acabo de descubrir el Blog y me parece re bueno.

  • Como parte de las personas que no estan inscritas para votar, la inscripcion automatica atenta contra mi libertad de elegir. Antes de discutir o fomentar la idea del “voto voluntario”, considero que no se debe aceptar ni crearse una Ley que nos obligue a inscribirnos a un sistema en el que no estamos satisfechos ni conformes, en mi caso la politica es un cancer que solo provoca la terminacion de la vida como ciudadano. Con esta Ley solo confirma el desagrado hacia la politica, es como si nos obligaran a ser donantes, a realizar el servicio militar, a pertencer a alguna religion. Que Democracia es la de Chile?, Que los politicos nos deben inscribir contra nuestra voluntad para votar por ellos mismos?. Despues no diran donde trabajar, vivir y que comer?

    NO A LA INSCRIPCION AUTOMATICA, Tenemos la libertad de elegir?

  • Julián: muy de acuerdo.

    Jennifer:

    Bueno, en combinación con el voto voluntario, la inscripción automática no viola tu libertad a elegir, precisamente porque puedes quedarte en la casa si no te gustan las opciones.

    Por otro lado, piensa como funciona el sistema hoy: para una persona como tú, que no está inscrita, el sistema funciona como un “todo o nada”: si decides inscribirte, estás en el sistema te guste o no y estás obligada a votar. Es decir, o te quedas fuera del sistema completamente o te vez forzada a votar te guste o no. El proyecto en discusión cambia esto.

    Saludos,

  • Estoy de acuerdo en que debería haber inscripción automática en los registros electorales y voto voluntario en Chile. Es el mejor ejercicio de la democracia que se puede dar.

    Jorge Queirolo Bravo

  • No votar también es una forma de expresión. Al votar, todos esperan que salga lo que la mayoría de la gente quiere y cree que es mejor para ella, por lo tanto, también deberían tomar en cuenta la forma de expresión de la persona que no quiere dar su voto. Es igualmente válido, una persona que no vota es porque no le interesa y esa falta de interés se debe a un desacuerdo con el sistema y le gustaría un cambio. Entonces, si buscan el bienestar de todos los ciudadanos, deberían respetar la decisión del que no quiere votar

    saludos, gracias por su comprensión (porfavor no me discutan, soy sensible). dominga ;)

  • me inscribi y vote cuando tuve 18 años. Entonces votar era definitvo…habia que decidir Si ò No….a esa edad no tenia muy claro lo que queria, pero estaba seguro acerca de lo que no queria…me parecio importante entonces y por eso me inscribi y vote….. no me entere si no hasta mucho despues que inscribirse era peor que un pacto con el demonio y que no podias liberarte de el por que ya no eras libre de querer o no querer….esto era un matrimonio forzado, para la obligacion de unos y la conveniencia de otros. no hubo aire fresco que entrara por la ventana….peor ….no hubo nuevas opciones nunca mas vote, nunca me dijeron nada, hoy, 20 años despues me citan al tribunal, hoy que necesitan votos para legitimar un sistema que se desligitima solo. es mas o menos lo mismo que antes de que me inscribiera….solo que antes eran menos los que parasitaban del estado y estos en vez de apuntarte con una citacion de un juzgado, te apuntaban con una ametralladora…..mmmmmm en esos tiempos los malos no se hacian los buenos

  • quienes son los cientistas que dijeron la frase del primer párrafo???

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