Barack Obama: una victoria, una derrota

15 de Nov, 2008 | Por | 3 Comentarios

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p style=”text-align: right;”>por Joao Alexandre Peschanski* **

Yes we can!”

La reiteración de la expresión “Sí, podemos!” en el primer discurso de Barack Obama como candidato electo a la Presidencia de los Estados Unidos, el pasado 4 de noviembre, simboliza el empoderamiento de un grupo de la población sistemáticamente humillada en el país: los afro-americanos. Fueron ellos los que que se tomaron las calles para elegir Obama, los que salieron a las calles para conmemorar su elección, los que ven en él una esperanza. El candidato del partido demócrata simboliza una ruptura con el pasado segregacionista estadounidense y con la línea política del actual presidente, el republicano George W. Bush.

Obama se apropia de los recursos del movimiento anti-racismo. En el discurso, en una plaza de Chicago, Illinois, tomada por decenas de miles de adherentes, especialmente afro-americanos, Obama hizo uso de los recursos retóricos de las iglesias de base. No faltaron referencias a la tierra prometida, a la esperanza colectiva de un nuevo mundo, a promesas en el sentido cristiano del término. “El camino que tenemos por delante será largo. Nuestro ascenso será difícil. Puede que no lleguemos en un año o incluso en un período presidencial, pero América: nunca he estado más esperanzado que esta noche, de que llegaremos. Se los prometo: nosotros, como un pueblo, llegaremos ahí”, declaró.

En lugar de hablar de los desafíos macroeconómicos de su gobierno, tema recurrente en su campaña, Obama trajo un rostro humano a su elección: Ann Nixon Cooper, de 106 años, “nacida exactamente una generación después del fin de la esclavitud, en un tiempo en que no había automóviles en los caminos ni aviones en el cielo; cuando alguien como ella no podía votar por dos razones: porque era mujer y por el color de su piel. Esta noche pienso en todo lo que ella ha visto durante su siglo en los Estados Unidos -el dolor y la esperanza, la lucha y el progreso, los momentos en que nos dijeron que no podíamos, y en la gente que siguió adelante bajo el credo estadounidense: Sí, podemos”. Una multitud en Chicago repitió al unísono, ‘Sí, podemos’. Obama, a lo largo de su discurso, usó varias veces la expresión y, como en un coro, en un paralelo con la dinámica de las misas estadounidenses, el pueblo repitió.

La apropiación del discurso de base no es mero oportunismo. La política de Obama nace de esos espacios, en las iglesias en que la lucha anti-segregacionista norteamericana, que tiene al reverendo Martin Luther King Jr. como principal referencia, se manifiesta e irrumpe como fuerza política. King (1929-1968) fue un activista afroamericano que se convirtió en uno de los principales referentes de la lucha contra el racismo en los Estados Unidos. Lideró los movimientos contra la segregación en los años ’60, conocidos como movimiento por los Derechos Civiles. Fue asesinado el 4 de abril de 1968, en Memphis, Tennessee, hasta hoy un estado conservador -fue ahí que el republicano John McCain, adversario de Obama, obtuvo uno de sus resultados más significativos: 57% de los votos. Un día antes del asesinato, King hizo un discurso con paralelos estilísticos y semánticos con los de Obama: “Tenemos días difíciles por delante, pero eso no me importa ahora. Pues he visto la cima de la montaña […] Dios me permitió subir a la montaña, y yo vi hacia allá. Vi la tierra prometida. Puedo no llegar allá con ustedes, pero quiero que sepan que nosotros como un pueblo llegaremos a la tierra prometida”. La reverenda Bernice King, hija del líder del movimiento por los Derechos Civiles, declaró que “el trabajo y sacrificio de su padre no había sido en vano”, en virtud de la victoria de Obama. La religiosa concedía la entrevista a gritos, en una iglesia de Atlanta, Georgia, en que la euforia era ensordecedora. Los fieles, todos afro-americanos, vibraban y gritaban. Escenas similares se repetían en casi todas las ciudades estadounidenses, ya fuera en iglesias o en marchas espontáneas.

Neopentecostalismo republicano

La dinámica discursiva de Obama rechaza el tono religioso de Bush, identificado con corrientes conservadoras del protestantismo, o neopentecostalismo. La visión conservadora del actual presidente fue retomada por McCain, pero principalmente por la candidata republicana a la vice-Presidencia, Sarah Palin.

El neopentecostalismo republicano se basa en la idea de que, en el fin de los tiempos, un grupo de cristianos está destinado a tener poderes absolutos y reorganizar la vida en la tierra. Esos cristianos tendrían la tarea de prepararse para este destino profético y luchar continuamente contra las fuerzas del mal que quieren dominar el planeta de Dios. El fundamento del neopentecostalismo está en la teología de William Branham (1909-1965), quien, considerado un profeta por grupos evangélicos estadounidenses, influenció el neopentecostalismo, para el cual la Salvación tiene que ser promovida por “la fuerza de la espada”, es decir, en una guerra permanente contra fuerzas enemigas.

El branhamismo permeó la ideología del gobierno de Bush, iniciado en 2001. Fue el sustento de la argumentación para la invasión de Afganistán y de Irak, respectivamente en 2001 y 2003, definidas por el presidente como guerras del Bien contra el Mal. En la política interna, el neopentecostalismo sirvió para crear una red institucional de apoyo al gobierno, formalizada con el nombre de Comité Nacional de Políticas. El reverendo Ted Haggard y Grover Norquist, asesores cercanos del presidente, fueron los principales articuladores de la red neopentecostal. La principal tarea del Comité fue ser un canal de transmisión de orientaciones del gobierno para las iglesias conservadoras, de modo de influenciar a la opinión publica.

La derecha al poder

Obama rompe con el conservadurismo religioso de Bush, pero no representa una alternativa para la orientación política de los Estados Unidos. Llega al poder con un apoyo popular histórico, como un fenómeno histórico, pero es parte de una corriente tradicional del Partido Demócrata. Este legado maldito –en lo que respecta a los dos mandatos de Bush- pesa sobre Obama. El candidato electo da señales para la preservación de la política de Bush, en la medida en que pretende convocar miembros del Partido Republicano para formar su gobierno. Los primeros nombramientos para el nuevo gobierno demócrata son políticos de la línea más conservadora del partido de Obama. Rahm Emanuel, escogido como jefe de gabinete, se desempeñó en los proyectos de libre comercio en la Presidencia de Bill Clinton (1993-2001) y apoyó la invasión de Irak. Muchos de los consejeros de Clinton, de tendencia conservadora, son personalidades cercanas a Obama, como el presidente de Citibank, Bob Rubin, y Larry Summers, ex-secretario del Tesoro. Ambos son neoliberales.

En política exterior, las diferencias entre los planes de Bush y Obama son más tácticos que estratégicos. El demócrata defiende una retirada gradual de Irak, sin presentar un proyecto claro y una fecha para el fin de la invasión. Más aún, en los debates presidenciales dijo que ataques militares a otros países, como Pakistán e Irán, serían realizados si sus gobiernos no modifican su actuar político. Obama pretende mantener la invasión de Afganistán y enviar a ese país parte de las tropas que hoy están en Irak.

Cooptación

Obama puede usar su carisma y su influencia en las iglesias progresistas estadounidenses y en los  movimientos de lucha contra el racismo, para institucionalizar y cooptar movimientos de lucha. De esta forma, estará aniquilando la fuerza de oposición a su gobierno de concertación de derecha.

La elección de Obama representa una victoria contra el racismo y el neopentecostalismo, pero al mismo tiempo es una derrota desde la perspectiva de un proyecto de transformación social para los Estados Unidos. En ese sentido, el demócrata no pretende combatir las raíces de la pobreza de su país. Encuestas oficiales estiman que 13% de los 305,8 millones de estadounidenses viven bajo la línea de la pobreza. En las grandes ciudades, la taza de pobreza llega a 18,5%.

Chicago, centro de la campaña de Obama, es un símbolo de las dificultades socioeconómicas de los Estados Unidos. La tercera ciudad más grande del país, con 2,9 millones de habitantes, tiene bolsones de pobreza que asemejan poblaciones marginales del Tercer Mundo, como Bronzeville y Woodlawn. Cuarenta por ciento de la población de esos barrios, en un 95% afro-americana, vive bajo la línea de pobreza, sin acceso a salud pública, y 55% de la población activa está desempleada o subempleada. En los Estados Unidos, la población afro-americana marginal es llamada de “subclase”, por debajo de la clase explotada.

Es en las contradicciones mismas de la cooptación institucional -cómo lidiar con el dinero y los cargos que Obama les destinará- que los movimientos sociales estadounidenses tendrán que reinventarse. Encontrar la dialéctica de la radicalización en un escenario de institucionalización es la esperanza -la “hope” tan divulgada por el candidato demócrata– que enfrenta la lucha de clases y la resistencia al imperialismo en el corazón del Imperio.

* Esta es una traducción para el Blog de la República del artículo original -en portugués- publicado en la revista  Brasil de Fato.

** Joao Alexandre Peschanski es periodista y cientista político franco-brasilero. Ha sido periodista y editor del periódico Brasil de Fato, lanzado por el MST (Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra de Brasil). Como periodista se ha especializado en cubrir conflictos como tomas de tierra, revueltas populares y movimientos populares en barrios pobres en Brasil, Haití, Palestina, Francia, Estados Unidos, Cuba y Venezuela. Es editor de la revista académica marxista brasileña ‘Margem Esquerda’ y editor de la casa editorial Boitempo en Brasil. Actualmente es estudiante de doctorado en sociología en la Universidad de Wisconsin, Madison, EE.UU.

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p style=”text-align: left;”>(La imagen es de mdumlao98, copiada de aca bajo licencia creativecommons).

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3 Comentarios

  • Una version modificada de este articulo ha sido publicada en la revista America Latina en Movimiento, http://alainet.org/publica/438-9.phtml

  • la linea del articulo es pesimista. hay esperanza, eso basta!

  • Obama who are you ?

    Llama la atención el sentido que algunos han pretendido dar a la elección de Barack Obama como nuevo presidente de Estados Unidos, especialmente si estas opiniones provienen de personas no norteamericanas, precisamente de críticos chilenos que atribuyen a tal acto eleccionario extranjero el mismo carácter de reivindicación social que tendría en nuestro país la elección de un gobierno más radicalizado que todos los que hemos tenido en los últimos tiempos. De acuerdo a unas notas que circulan en la web y que me llegaron vía correo electrónico a fines de noviembre, en la elección de este nuevo mandatario estadounidense “…surgió ese pueblo de Martin Luther King y Malcom X, de Bob Dylan y Joan Baez, del movimiento contra la guerra de Viet Nam y de la contra cultura hippie o punk”. Mi apreciación personal es que dichos juicios son demasiados exagerados, y para ello me baso en lo escrito por el comentarista internacional Álvaro Vargas Llosa sobre el tema, quien afirma, primero, que el voto afroamericano no fue tan decisivo en la elección, toda vez que aquel sector del electorado alcanza un porcentaje no muy alto del total, y además resulta sintomático comprobar en las cifras que Obama perdió en varios estados de mayoría relativa negra, como algunos de los del Sur, mientras que en otros de mayoría absoluta blanca, como Iowa por ejemplo, sí ganó. Y, segundo, que hechos como mostrar al reverendo Jesse Jackson, al actor Will Smith y a la estrella de TV Oprah Winfrey llorando, corresponde más a la emotividad del momento, muy bien aprovechada por aquellas cámaras tan inductoras de la opinión de masas. “Acaso es lo suficientemente negro”, publicaba un columnista de una prestigiosa revista de opinión yankee. “El hombre de ningún lado”, lo llamaba otro. Y es que Obama no ha seguido el camino tradicional de la mayoría de los negros norteamericanos, de continuo discriminados, y luego reivindicados por el movimiento de derechos civiles en USA. Él estudió toda la preparatoria y casi toda la secundaria fuera de la metrópoli y en el extranjero, en Honolulu y Yakarta, ya que nació en Hawai, de padre keniano y madre norteamericana, esta última casada en segundas nupcias con indonesio. Era ya joven crecido cuando se trasladó a un colegio de Los Ángeles, para después ingresar a la Universidad de Columbia, en Nueva York, a estudiar Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales, y luego a la Universidad de Harvard en donde se graduó de abogado con magna cum laude, y obtuvo su doctorado. Estos antecedentes le significaron que no pasara mucho tiempo para que llegase a trabajar en la revista de derecho de Harvard de la cual inclusive fue su director, al par que se desempeñaba profesionalmente en acreditados bufetes de abogados de Nueva York y Chicago, con su especialidad en derecho civil. Por ese tiempo también fue incluido por una famosa revista de esta última gran ciudad en su conocida lista de las 40 futuras promesas de menores de 40 (40 Under Forty), y en 1996 fue elegido senador por Illinois, siendo, desde el comienzo, su preocupación legislativa principal la relacionada con la asistencia social, los subsidios y préstamos hipotecarios, los mayores impuestos, la inmigración, la atención de los veteranos de guerra y la regulación de las plantas nucleares, como buen representante del partido demócrata. Por lo tanto, y como primer despeje de incógnita, no tiene la relevancia que quiere dársele el hecho de que el flamante presidente electo de Estados Unidos sea de raza negra, puesto que la misma está tan adentrada en el ADN de la nación norteamericana que no debe llamar a extrañeza el que uno de sus representantes alcance la presidencia del país considerado la primera potencia mundial. Es más, el suceso era de esperarse para cualquier momento, y ya Hollywood nos lo había adelantado con películas como “El Día de la Independencia”, por nombrar una y concretando el lugar común de que a veces la ficción supera a la realidad. Para mi particular percepción, Obama es tan norteamericano como el que más, que juega baloncesto y celebra el 4 de julio, la navidad y el día de acción de gracias en familia, entre otros estereotipos de la difundida sociedad estadounidense, al tenor de lo cual el color de su piel viene a ser irrelevante. Defensor, como todo americano medio, de la economía de libre mercado, perfeccionará el sistema capitalista más que intentar cambiarlo, como aventura el economista chileno, y también profesor de Harvard, Sebastián Edwards, agregando que el discurso del nuevo presidente gira en torno a las ideas fuerza de unificar el país, mejorar la imagen internacional que se tiene del mismo y ofrecer mayores oportunidades económicas a las familias de bajos recursos.

    La otra aseveración implícita en el email de marras dice relación con la idea de que Obama viene a ser una especie de liberador, de redentor social, inmerso en el medio más competitivo del mundo en el cual están llamados a sobresalir mayormente los fuertes, por sobre los débiles y las minorías. Todo porque en su discurso de siempre no han faltado las referencias a las desigualdades y a la no discriminación, a la legislación sobre el aborto y el matrimonio entre homosexuales, al entendimiento con Irán y Cuba, a la desnuclearización y al fomento del uso de las fuentes de energía no convencionales. Pero al respecto debe recordarse que estas son ideas generales  comúnmente en boca de los representantes más liberales del partido demócrata. Cuarenta y tres presidentes han ejercido en la historia de Estados Unidos, de los cuales sólo 13 han salido de las filas de los demócratas (Obama sería el 44º y 14º, respectivamente), algunos en las épocas más turbulentas de esa nación, como Woodrow Wilson que gobernó en los años de la Primera Guerra Mundial; Franklin Delano Roosevelt, a quien tocó enfrentar los difíciles momentos de la gran depresión de 1929 y la Segunda Guerra Mundial; Harry Truman, el término de la segunda guerra y el comienzo de la guerra fría; John Kennedy, la crisis de los misiles con Cuba y Unión Soviética; Lyndon Johnson, la guerra de Viet Nam. Se compara mucho a Obama con Roosevelt pues ambos asumieron sus cargos  (Obama lo hará en enero próximo) en medio de las mayores crisis económicas y financieras de la historia, y si bien Roosevelt ejecutó el plan conocido como New Deal, con acciones concretas en torno al aumento del salario mínimo y de los planes de emergencia para desempleados, de la seguridad social, del gasto público y de los impuestos, junto con regulaciones a la empresa privada y los controles de precio; Obama anuncia también un programa de mayores impuestos a las empresas y de aumento del gasto público, de modo de reactivar el consumo, facilitar el pago de las deudas e incentivar la inversión. Asimismo cabe recordar que ya Truman y Kennedy se habían empeñado en la lucha por los derechos de los negros, y que Johnson montó una gran campaña en alivio de la pobreza y de mejoras en la vivienda, en la alimentación, en la ayuda de la infancia y de la madre soltera, y abogó por la mayor seguridad social (en un país en que prácticamente todo es privado). Ergo, estos temas son todos propios de representantes demócratas, algunos más actualizados que otros, y de los cuales ya varios han ocupado la gran magistratura de la nación, o han estado a punto de hacerlo (John Kerry, Al Gore), quienes se diferencian de los miembros del otro gran partido de Estados Unidos, el Republicano, el partido de Lincoln, de Nixon, Reagan y Busch, y de la mayoría de los Presidentes, en la mayor o menor observancia de las costumbres y arraigadas tradiciones (liberales o conservadores) y en la regulación o desregulación del Estado con respecto a las acciones de los privados en una economía de mercado. Por lo demás, los demócratas no son todos lo mismo, pues los hay moderados, casi igualados con los republicanos; centristas, como la social democracia de nuestro país; y liberales (estos últimos se llamarían en Chile progresistas).
    
    Finalmente, quién puede dudar que el cierre de la prisión de Guantánamo fuera una medida administrativa del todo previsible. Al igual que la política de disminución en la emisión de gases invernadero y busca de fuentes de energía alternativas Y qué decir de la intervención de la banca y los mercados, si el mismo Busch así lo solicitó y el Congreso, de mayoría republicana, aunque con no poca discusión, lo aprobó.
    
    Así que lo que realmente debe importar a los chilenos es saber qué pasará con el NAFTA, si Obama ha anunciado ya su revisión con respecto a Canadá y México. Mal que mal, Estados Unidos constituye el principal destino de nuestras exportaciones, y la adopción de una política proteccionista de su parte tendría no buenas repercusiones en una economía que apuesta al libre cambio y a la globalización de los mercados, como la chilena. Pienso que eso es lo realmente interesante, al margen de que lo que pase en materia política en Estados Unidos, y su comparación con cualquiera otra situación, presente o pasada, constituya una aspiración del mayor acervo cultural de cada quien en particular 
    

    Mi blog http://www.opinionactual.bligoo.com

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