Elecciones en EEUU: lo histórico y lo cotidiano

07 de Nov, 2008 | Por | 7 Comentarios

* por Andrea y Matías, desde Madison, Wisconsin, EE.UU.

Cada uno podrá estar más o menos involucrado, emocionado o políticamente interpelado por la figura del nuevo presidente de Estados Unidos, Barack Obama. Mal que mal, es gringo, y eso no le gusta a todo el mundo; además es relativamente progresista, y eso no le gusta a otro tanto. Cada cual tendrá su diagnóstico del personaje, pero lo que nadie puede negar es que su elección como presidente es un hecho de esos que irán seguro a los libros de historia, de esos que nuestros nietos nos preguntarán para hacer un trabajo en el colegio.

Llevamos unos meses viviendo y estudiando en Estados Unidos, así es que esta campaña y la elección han sido una especie de curso rápido de inducción a la cultura y la política gringa. Quizás lo que más nos ha impresionado es la sensación de que, efectivamente, esto que estaba pasando a nuestro alrededor era un hecho histórico de envergadura. Los gringos a ratos parecen olvidarlo y vivir el proceso desde las preocupaciones más autoreferentes y mundanas, pero siendo extranjero y sudamericano uno no lo olvida: lo que estos tipos hacen con su política local tiene consecuencias directas en las vidas (y, a veces, las muertes) de buena parte de los habitantes del planeta. Para ellos es simplemente parte de la vida diaria: nosotros, por ejemplo, este tremendo cambio, este hecho enorme de la historia contemporánea -el momento preciso en que Obama es declarado vencedor en la elección-, lo vivimos arriba de una micro, camino a casa, con nuestro hijo durmiendo en su coche. Hubo aplausos, risas y mucha felicidad, pero seguíamos arriba de una micro, casi como cualquier otro día. Había gente trabajando y estudiando como cualquier martes a las diez de la noche en una ciudad universitaria (el día de elecciones no es feriado). Unas horas antes habíamos paseado por el centro de la ciudad, comprado algo de ropa de invierno en una tienda y luego unas cervezas para llevar a la casa de unos amigos gringos con quienes vimos los primeros resultados. Así de cotidiano y así de inédito.

Pese a ese aire de cotidianeidad, lo que todos vimos desde fuera coincide con lo que la gente por estos lados piensa y siente: esta fue una campaña y una elección especial, particularmente intensa, en muchos sentidos. Por una parte, coincidió con un momento en que la gente está comenzando a sentir en lo cotidiano los efectos de una crisis económica que promete durar y pega duro. Por otra, era la puerta de salida de un gobierno y un presidente que prácticamente nadie reconoce como suyo, y del que todo el mundo quiere zafar (aún hay que esperar hasta el 20 de enero). Ese telón de fondo,  sumado al surgimiento de un candidato carismático y convincente como pocos, generó un tremendo nivel de involucramiento y participación de muchísima gente: personas que trabajaron voluntariamente, aportaron dinero a la campaña como nunca antes en la historia e intentaron convencer a sus vecinos, amigos y a desconocidos de inscribirse y votar. Hasta 45 minutos antes de que cerraran las mesas de votación nos tocó ver gente haciendo “puerta a puerta” para preguntar si habías votado. Por primera vez en años, la campaña presidencial fue un movimiento ciudadano masivo y con una tremenda participación de los jóvenes. Entre los electores de 18 a 29 años -muchos de los cuales nunca habían votado-, Obama obtuvo un 66% de los votos, contra un 31% de McCain, lo que en un sistema bipartidista como el gringo es una diferencia casi impensable.

La campaña fue movilizadora desde el principio, pero además fue creciendo en intensidad y de maneras poco usuales: Obama recaudó donaciones individuales por más de 500 millones de dólares (de los cuales casi la mitad fueron donaciones de menos de 200 dolares); en esto internet jugó, por primera vez, un rol central como canal de captación de recursos, difusión y coordinación; por último, el partido Demócrata logró ordenarse como pocas veces detrás de su candidato, pese a una primaria compleja y extensa.

Al contrario de lo que mucha gente cree, la visión desde acá es que John McCain no era para nada un mal candidato (aunque sí uno mal financiado): la gente, en general, lo respeta, en primer lugar por ser un veterano de guerra preso y torturado en Vietnam (ejem, ejem), y en segundo por haber confrontado directamente a su propio partido, Bush incluido, en varios temas sensibles. Además, es un tipo con experiencia en política, un orador bastante decente y, para el estándar que pone el presidente saliente, un tipo inteligente. Ganarle no era tarea fácil: un conservador con esas características hubiese sido carta ganadora casi en cualquier otro contexto. Pero Obama tuvo la habilidad, el carisma y la fortuna de su lado. La crisis reventó en el momento preciso, McCain resbaló al elegir a su candidata a vicepresidenta, y la apuesta de los demócratas de no aceptar financiamiento fiscal (que tiene un límite) como sí lo hizo McCain, y apostar a la capacidad de recaudación, funcionó a la perfección: su campaña tuvo una ventaja presupuestaria notoria, que se tradujo en avisos en TV, papelería por correo a cada casa, chapitas, carteles, calcomanías, banners en sitios web, etc. Sobre eso, Obama puso su casi exasperante calma, su oratoria arrolladora, una capacidad de trabajo y una consistencia a toda prueba en su forma de presentarse a los electores, además de una sonrisa, una simpatía y un carisma casi de mentira… pero creíble.

Dos o tres cosas más nos llamaron mucho la atención durante la campaña. La primera fue la diferencia de estilos de ambas candidaturas. En algún sentido nos recordó la campaña del SI y el NO en el Chile de 1988. La de Obama fue una campaña que apuntaba a la esperanza, el cambio y la posibilidad de algo mejor, apelando al colectivo. Aunque marcaba diferencias, casi siempre lo hizo en el plano de las ideas, poniendo sobre la mesa los argumentos de lado y lado y resaltando su superioridad programática (aunque, obviamente, tenían a Bush “de casero”). La de McCain, por el contrario, se basó en una campaña del terror respecto de Obama (con términos que de verdad asustan a los gringos, como “amigo de terroristas”, “socialista”, “musulmán” y “no patriota”, incluso “anti American”). Ya sabemos cómo terminó la cosa.

Otro cosa que nos llamó la atención fue cómo se trató el tema racial. Pese a que para los norteamericanos el tema de la raza es central y complejo, y por tanto muy presente en la cotidianeidad, la raza del candidato demócrata casi no existió como argumento explícito durante la campaña. En estricto rigor siempre estuvo presente, pero nadie  estaba dispuesto a tratar el tema frontalmente, porque aún es tremendamente sensible y nadie, ni la prensa ni los políticos, quería pisar el palito. Mantenerlo como tema presente pero no explícito probablemente favorecía a los Republicanos. En el momento que el tema racial amenazaba con dañar al candidato demócrata, básicamente por las declaraciones del pastor de la iglesia a la que asistía habitualmente Obama, éste logró neutralizarlo como tema central de la campaña con un discurso (“a more perfect union“) sobre la discriminación y la historia del conflicto racial en Estados Unidos que debe estar entre los mejores discursos políticos sobre el tema en la historia de este país.

Hasta ese punto, prácticamente nadie decía nada sobre la raza del candidato, aunque todos suponían que podía ser un factor en las urnas. Sólo esta semana, una vez electo el nuevo presidente, el tema emergió con fuerza, ya fuera como “consuelo” de los perdedores (“perdimos, pero nos ‘alegramos’ de lo significativo que es esto para los afroamericanos”) o como ingrediente adicional en la alegría de los ganadores (el primer presidente negro de la historia de los Estados Unidos… a 40 años de la muerte de Martin Luther King). En algún sentido esto, aún con toda su relevancia, tiende a ocultar el triunfo que creemos más importante: la campaña de Obama logró movilizar a un electorado incrédulo, logró generar mística en torno a la política y la posibilidad de participación, y logró que el tema racial fuera, para muchísimos blancos, afroamericanos, hispanos y asiáticos, protestantes, católicos, judíos y musulmanes, sólo un ingrediente más en una elección que tenía mucho más que ver con la construcción de un futuro común que con las diferencias de piel o credo. El triunfo de Obama no fue “a pesar” ni “contra” su raza, sino “con” ella como un elemento más.

Un tercer tema es cómo funciona el sistema electoral en este país, pero eso lo podemos dejar para otro artículo.

Mirado desde la experiencia de la democracia chilena, esta elección fue una tremenda demostración de que la política puede interesar y movilizar a los ciudadanos, pese a que sea lugar común que la gente no se interesa en política. Incluso en un sistema impermeable de dos partidos. Demostró que se puede lograr que los jóvenes participen, sean un actor clave en la votación, participen en la campaña, aporten dinero, ideas y horas de trabajo y, sobre todo, voten. Demostró que a las campañas de política de baja estofa se les puede ganar con un buen candidato y con un discurso positivo e integrador, que marque las diferencias sin caer en el juego del adversario. Demostró que una política inteligente y sensible puede hacer uso de la tecnología y los nuevos canales para acercar la política a los ciudadanos en lugar de distanciarla. Demostró que cuando los tiempo son difíciles, lo que moviliza es el discurso político, la construcción de sentido y la interpelación a lo que se puede construir colectivamente, mucho más que los discursos tecnocráticos y elitistas a los que somos tan aficionados.

Obviamente que esta dista muchísimo de ser una democracia perfecta. Obama será lo más de izquierda que puede ser un candidato norteamericano a la presidencia con opciones de ganar, pero sigue siendo, para nuestros estándares, el representante de un partido de derecha. Con todo, hay cosas que aprender de este proceso, especialmente en el sentido de confiar en la política como instrumento para la construcción de ciudadanía, en los políticos como (potenciales) generadores de sentido y en la ciudadanía como actor activo y reflexivo, capaz de empujar cambios cuando los tiempos más lo requieren.

Si hay alguien en el mundo a quien conviene el statu quo, es a los gringos. En el país más poderoso del mundo no tendrían por qué darse el lujo de elegir como Presidente a un tipo de 44 años proveniente de una minoría. Pero lo hicieron. Que lo hayan hecho (sintonizando, al menos por una vez, con los deseos y anhelos del resto del planeta) nos parece notable. Haber estado acá este martes, sentados en un bus camino a casa mientras la historia cambiaba de dirección, es definitivamente algo que podremos contar a los nietos.

(La foto del volante es de barackobama.com, al igual que la del local de votación. La del voto marcado es de amyliagrace. Todas bajo licencia Creative Commons)

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7 Comentarios

  • Gracias flaco, notable artículo y clara descripción de los hechos. Muchas veces me pregunté como viven los americanos este tipo de procesos, si son concientes o no de lo que provocan con su voto en el resto del planeta. Concuerdo contigo en la importancia de este dia y la relevancia que tendrán los 4 años de obamamanía, somos afortunados de vivir momentos como estos, que no es el único momento histórico que hemos vivido por cierto, y de alguna manera formar parte de la historia grande del mundo contemporáneo. Solo queda esperar que Obama esté a la altura de las circunstancias, son solo 4 años y hay muchas cosas urgentes por solucionar. Lamentablemente es mas importante hoy en dia la crisis financiera, con reuniones de última hora y G20 incluído, que los 900 millones de personas que se mueren de hambre. Al menos ya sabemos que al nuevo presidente speech y huevos le sobran. Ahora a la acción, que el cambio que se necesita es urgente. Gracias y felicitaciones por el artículo, ahora a seguir festejando.

    Saludos

  • Gracias por contarnos esto, es precisamente esa información la que me interesaba en el sentido de ver el fenómeno estándo allí, pero con nuestros ojos sudamericanos. Aún así les contaré que muchas de las cosas que Uds. cuentan se lograron transmitir por la TV, , que es de la que uno duda,no obstante desde el buen candidato que fue John McCain, hasta el reencantamiento de los jóvenes y de los cuidadanos por la mística pudimos verlo y sentirlo. Yo aún estoy en Shock por el discurso de la noche de la elección, nunca, nuca había eschuchadao a un presidente eleco, otorgar representación a los homosexuales, ni a los discapacitados ( físicos y mentales), ni a los latinos, ni a los asiaticos, etc., se imaginan el impacto a un niño/joven en Africa viendo este discuro, sabiendo que una persona de raza negra puede llegar hasta ese lugar y contribuir a mejorar este mundo??. En fin aunque estamos definitivamente más lejos, de alguna manera tambien nos sentimos participes de este momento, especialmente por las repercusiones que podría tener la experiencia gringa en la forma de hacer política en el resto del mundo, y ojalá en nuestro país, ahora es donde debemos copiarles más que nunca, en convocar a los jóvenes, en reencantarnos con la política, en mejorar la clase política, en participar, en ocupar los recursos tecnológicos y las ideas, etc.
    Salud por Obama, por la Andrea, por Matias y por Diego…los quiere la Vivi

  • Muchachos, la verdad esta es la mejor publicación y análisis sobre las elecciones en EEUU que he leído estos últimos días. Es una apreciación desde fuera, inserta en un escenario mundial y un claro ejemplo que los análisis se deben hacer con esa objetividad, sin contaminación ideológica. Muy bueno, gracias por ayudarnos a pensar más allá de nuestro horizonte.

  • Andrea y Matías Me alegra que hayan escrito este esclarecedor artículo donde lo cotidiano y el análisis político se anudan. Vi y escuche el discurso de Obama, que me impresionó, tanto por lo que entendí como por estar consciente de la trascendencia de la elección. Es uno de los hechos políticos mas importantes que me ha tocado vivir. Cuando niño, alguna vez me sorprendí, en revistas, ver que no se dejaba estudiar a los negros en las mismas escuelas que los blancos. Era poco después de 1954, cuando se produjo el primer empuje a la integración. Ver esto ahora me demuestra que sí es posible soñar, utopías le dicen algunos, y con trabajo, paciencia, esfuerzo, aunando en las diferencias y con convicción, se puede cambiar lo que queremos cambiar.

    Un abrazo

    Carlos Cociña

  • […] Pueden ver nuestra experiencia de las elecciones presidenciales norteamericanas pinchando ACA. […]

  • Extraordinario el paper, solo pienso que si fue una eleccion racista ya que el 98% de los afroamericanos votaron por Obama, o sea en contra de un blanco y eso me parece una division muy cruel, que obviammente esta basado en su pasado tan horrible y heridas que nunca cerraran … Lamentablemente dependemos de esta potencia que todavia se odia.

  • Estoy de acuerdo con Viviana. Sobre las Elecciones 2010 Colombia, hay un portal llamado http://www.elecciones.com.co dedicado a proveer información clara sobre las próximas elecciones, los presidenciables y los candidatos al congreso que harán parte de estas, es muy interesante. También se discuten temas similares al de este blog.

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