¿Por qué cambiar el binominal?

25 de Oct, 2008 | Por | 12 Comentarios

por Ernesto Vargas Weil *

El sistema electoral binominal ha sido una de las herencias más perdurables y controvertidas del régimen militar. Sus defensores lo celebran por la estabilidad que produce y sus detractores lo critican por estimarlo “poco democrático” debido a la falta de proporcionalidad en la conversión de votos por escaños parlamentarios. Sin embargo, ni la estabilidad del sistema es un argumento suficiente para mantenerlo, ni la falta de proporcionalidad para rechazarlo.

La estabilidad de un sistema político solamente significa que éste es capaz de mantenerse en el tiempo, pero no dice nada respecto de sus cualidades intrínsecas. De hecho, en la historia han abundado regímenes políticos de larga duración que los defensores del binominal, con justa razón, se apresurarán a reprochar. Y ello es lógico: la durabilidad de un régimen político no lo hace, por si sólo, un “buen” régimen político.

Por su parte, la legitimidad democrática de un régimen político no esta determinada por la traducción aritmética de la proporción de votos en un número de representantes en el Congreso. Existen diversas “democracias políticas” cuyas formas de representación varían según sus diferentes realidades socioculturales. Así, por ejemplo, el sistema político de Westminster (Inglaterra) tiene un sistema electoral uninominal que sobre-representa a sus dos grandes mayorías y no por ello es considerado menos democrático que uno proporcional; y por otro lado, abundan los regímenes proporcionales que terminaron en graves derrotas para el sistema democrático (Weimar).

El verdadero vicio del sistema binominal está en otro lado y es intuido por ciertos sectores políticos en su recurrente apelación a la “alternancia en el poder” como argumento electoral para llegar al ejecutivo (argumento que sin embargo olvidan cuando se trata de elecciones legislativas). Si bien este argumento, en términos absolutos, es absurdo en un régimen democrático (sí fuera válido podríamos determinar nuestros representantes por un sistema rotativo y evitarnos todas estas discusiones), apunta a un elemento que sí tiene valor a la hora de evaluar un sistema político: la incertidumbre, y consecuente competencia, respecto de quien ganará cada elección, la que sí se observa tanto un sistema proporcional, como uno mayoritario uninominal (si quiere mantenerse la sobre-representación de dos mayorías).

Lo que requiere nuestro sistema democrático no es un mecanismo que garantice una rotación de los gobernantes, sino incertidumbre respecto de quienes obtendrán los cargos de elección popular, de modo que los actores políticos tengan que esforzarse por captar las preferencias de los electores. La falta de esta incertidumbre es precisamente el gran defecto que hace poco democrático al sistema binominal (y no su falta de proporcionalidad). Bajo el actual sistema electoral, salvo los escasos distritos o circunscripciones en que alguna de las dos coaliciones puede aspirar al doblaje, todos sabemos de antemano y con absoluta certeza que va resultar elegido un representante de cada lado. En términos fácticos, esto implica que nuestras coaliciones políticas ya no responden políticamente frente a la ciudadanía por su labor legislativa pues no necesitan competir electoralmente por la obtención de los escaños parlamentarios, bastando que los integrantes de cada una de ellas se pongan de acuerdo para que pueda designar a quien llevará ese cargo; ¡y eso sí que es poco democrático! De hecho, el binominal, en el mejor de los casos, sólo puede aspirar a una dudosa “democracia dentro del partido”, como la que el siglo XX conoció en aquello regímenes que tan duramente combatieron los mismos creadores del binominal.

Por lo tanto, si la estabilidad del binominal es la de un sistema que asigna un cupo por distrito o circunscripción a cada coalición, haciendo irrelevante las preferencias electorales de los votantes, dicha estabilidad no tiene ningún merito más que perpetuar a unos y otros cómodamente en el Congreso, evitándoles la desagradable labor de captar las preferencias en el electorado mediante un buen ejercicio de su labor legislativa. Esto induce a pensar que lo que ha permitido al binominal perdurar ya 20 años no se debe a la estabilidad que brinda al sistema, sino a la comodidad que otorga a los partidos al momento de hacer sus cálculos electorales; y que lo que mantiene unidas a nuestras coaliciones no son ya sus proyectos políticos, si no el manejo de un sistema electoral que les garantiza la permanencia en el poder.

Entonces, ¿por qué tenemos este sistema? Lo cierto es que el sistema binominal fue manifiesta y concientemente diseñado para preservar la estructura institucional de 1980, en base a las fuerzas electorales del plebiscito de 1988, con miras a evitar dinámicas electorales como la anterior a 1973. Sin embargo, ni la realidad del plebiscito, ni la del ‘73 sigue existiendo, lo que debería hacer perder sentido al binominal, incluso para sus defensores originarios.

Tal vez sea la hora de generar un nuevo sistema electoral, con una mayor cabida a candidatos independientes y donde nuestros partidos, por primera vez en más de 35 años, tengan que competir verdaderamente por llegar en el Congreso. Una competencia real por los escaños parlamentarios permitiría refrescar un tanto nuestra alicaída discusión política y de paso contribuir a que nuestra “respetable estabilidad” sea además verdaderamente democrática. ¿Cual pueda ser ese sistema? Esa es otra discusión, pero sin duda no es el binominal.

* Ernesto Vargas Weil es egresado de Derecho en la Universidad de Chile. Se desempeña como ayudante del Departamento de Derecho Privado de la Facultad de Derecho de la misma Universidad.

La foto es de Dean Terry, y la sacamos de ACA bajo licencia Creative Commons (algunos derechos reservados).

12 Comentarios

  • […] del artículo ¿Por qué cambiar el binominal? de Ernesto Vargas Weil. En blog.delarepublica.cl Lee el resto del artículo […]

  • Excelente articulo. Claro como el agua y no falso como la verborrea con que nuestros políticos alardean de su conocimiento sobre lo que es Democracia.

    Saludos.

  • […] Vargas nos explica por qué debemos cambiar el sistema binominal en el Blog de la República. Hat tip a Andrés por […]

  • Excelente artículo, Ernesto, y bienvenido a DLR!

  • Es buen artículo, un poco floreado, lo que lo hace de no fácil lectura, pero queda bien claro el punto y creo estar de acuerdo. Mientras leí se me venían ideas y cosas que he leído. Quizás lo primero es decir que, en mi opinión, una inscripción automática y voto voluntario introduciría una buena cucharada de incertidumbre fresca y necesaria. No creo que estemos tan lejos de esto.

    Aunque me considero concertacionista, tiradito pa la zurda, creo que el binominal ha jugado un papel muy bueno en la estabilidad política. Somos sudacas, hay que reconocerlo, y sin alguna amarras que calmen la bestia del populismo, es difícil progresar. Sin embargo, tb. me doy cuenta que hemos crecido mucho y que lo hemos hecho decentemente. Quizás sea el momento, durante los próximo años, de cambiar algunas cosas, de darle flexibilidad e incertidumbre al sistema. No existe nada peor que una seguridad falsa acerca de lo que sucederá en el futuro, sea políticamente o en cualquier área.

    Debido a mi especialidad (ing. civil hidráulico), me he preocupado mucho por el tema de la gestión de recursos hídricos. Existe una basta bibliografía acerca de lo que se requiere para poder hacer un uso sustentable de nuestros recursos (ya no solo del agua) y también una buena bibliografía del sistema político que nos caracteriza (constitución con fuerte protección a la propiedad privada). Todo me indica que, en un escenario de incertidumbre climática, estamos muy atrazados para darle flexibilidad al sistema. En caso de emergencia no podemos ir a la mierda muy facilmente, debido al excesivo centralismo, a la rigidez de los sistemas de gestión, a la falta de transparecia en la información, etc. Sobre esto tengo un artículo muy interesante de Claudia Pahl-Wostl llamado “Requirements for Adaptative Water Management”, del libro Adaptative and Integrated Water Management (2008). Sobre nuestra constitución, su características de libre mercado en el tema de las aguas y otras características de su creción y espíritu tengo unos artículos de Carl Bauer (“Slippery property rights: Multiple water uses and the neoliberal model in Chile, 1981-1995” o “Derecho y economía en la Constitución de 1980”). Si les interesa, les puedo mandar estos artículos. Desde mi perspectiva profesional, necesitamos un cambio de régimen, pero hacerlo es un proceso dinámico que es poco comprendido y difícil de llevar a cabo cuando es tan rígido como el nuestro.

    Saludos

  • Excelente tu vision del Binominal. Llegara el dia que lo cambiemos.

    Salidos.

  • Sistema binominal: un fraude electoral

    A propósito del proyecto de reforma al sistema electoral, sin duda se da una gran inconsecuencia en la Concertación de Partidos por la Democracia. Ésta, que inicialmente criticaba el sistema binominal como antidemocrático, ha terminado por proponer una reforma mentirosa que se limita a otorgar representación parlamentaria a los comunistas conservando intacto el sistema binominal, ahora reforzado por la complicidad de aquéllos.

    Todos los demócratas sabemos que el sistema binominal es intrínsecamente antidemocrático y, como tal, no encuadra entre los sistemas electorales proporcionales y mayoritarios, propios de la democracia. De hecho, el único otro régimen político que lo ha utilizado en el mundo, fue la dictadura del general Jaruzelski en Polonia.

    El que la Concertación haya dejado de llamar antidemocrático al sistema binominal, no transforma a éste en democrático, sino que sólo desprestigia aún más a dicho conglomerado, que olvida sus postulados originales en pro de la democracia, prefiriendo saciar sus apetitos de poder.

    Los sistemas electorales se agrupan, con sus diversas variantes, en proporcionales y mayoritarios, según reflejen fielmente en la representación parlamentaria el porcentaje de apoyo electoral obtenido por las fuerzas políticas que participen en la elección o bien sobrerepresenten a la fuerza con la primera mayoría en dicha elección, respectivamente. Ambas opciones plenamente democráticas, en la medida que otorgan el triunfo a la mayoría, lo que constituye la materialización de la democracia, si entendemos ésta como, “el gobierno de la mayoría con respeto de la minoría”.

    El sistema binominal, por su parte, ni siquiera merece ser considerado propiamente un sistema electoral, ya que está diseñado para impedir que la mayoría electoral se vea reproducida como tal en el Congreso, mediante la sobrerepresentación de la minoría, con un consecuente empate de fuerzas, lo que es una burla de la voluntad del electorado. Por ello, más que un sistema electoral, constituye un fraude electoral. Y precisamente porque el binominal no representa un sistema electoral, sino un fraude electoral, es que sus partidarios no logran ponerse de acuerdo al caracterizarlo dentro de los auténticos sistemas electorales. Lo único claro en la caracterización del sistema binominal, es que existe total desacuerdo entre quienes participan del debate. Así, mientras algunos suelen tildarlo de “mayoritario”, otros lo motejan de “proporcional”, hasta llegar al absurdo y ridículo concepto de, “un sistema electoral proporcional muy mayoritario”, usado por la cientista política Ena von Baer, en el programa dominical de TVN, Estado Nacional. El constitucionalista Francisco Cumplido, por su parte, le niega el carácter de mayoritario o proporcional, en lo que coincidimos, denominándolo “arbitrario” (cf. Reforma Constitucional, ed. Lexis Nexis, 2005).

    Ello ocurre porque el binominal no está entre los sistemas electorales democráticos (que son proporcionales o mayoritarios, en sus distintas versiones, pero, todos ellos, con la característica común no menor de que siempre otorgan el triunfo a la mayoría y no lo impiden, como en nuestro caso), sino que representa una entelequia rara que sólo podría ser calificada de, “sistema electoral minoritario”, lo que es en sí un contrasentido, pero, sin duda, también un éxito postrero de su autor, Jaime Guzmán, quien lo tramó en pro de la Dictadura y la perpetuación de su legado, mediante el expediente de impedir el gobierno de la mayoría (nada menos que la materialización de la democracia) a través de la sobrerepresentación de la minoría (33%=66%), lo que le otorga a esta última un poder de veto frente a la mayoría, obligando al cogobierno -que es lo que hemos vivido hasta el presente- para evitar el inmovilismo.

    Ante un sistema intrínsicamente antidemocrático como el binominal, no caben reformas ni perfeccionamientos, sino sólo su eliminación y reemplazo. El sistema político ilegítimo y escandaloso que nos rige, es una burla constante a los ciudadanos, merced a la entrega de todo el poder a una élite, que se siente plenamente cómoda profitando de aquél y eternizándose en los cargos, sin correr el menor riesgo -gracias al antidemocrático sistema binominal- de que el voto ciudadano pueda poner término a este disfraz de democracia. Dicha autocomplaciente y extraviada clase política, ha llegado a justificar este régimen espurio como una “Democracia de los Acuerdos” o “política de consensos” -acuerdos y consensos totalmente ajenos al sentir ciudadano-, pero que, en virtud de lo que hemos conocido y sufrido, debiera denominárselo más certeramente como, Democracia de los Conciliábulos, lo que sólo puede avergonzarnos.

    El actual proyecto de reforma al sistema binominal, por su parte, no pasa de ser un maquillaje a dicho fraude electoral, el que permanecería intacto y reforzado por la complicidad comunista. En el caso de la Concertación, ésta hace rato que se adaptó a dicho sistema electoral antidemocrático de carácter minoritario, así como al cogobierno con la derecha que conlleva. De hecho, dejó transcurrir todo el gobierno anterior, hasta que recién replanteara el tema en la última campaña presidencial, instancia en la que todos los candidatos prometieron cambio -lo que demuestra la falsedad de la afirmación derechista de que este es ‘un tema que no interesa a la gente’.

    También hay que tener claro que nada se puede esperar de nuestros ‘representantes’, ávidamente aferrados a sus respectivas cuotas de poder, por lo que la única solución viable está en la creación de un gran movimiento ciudadano, como no se ha visto desde el plebiscito de 1988, pero del que pudimos vislumbrar un primer atisbo en el movimiento estudiantil de los pingúinos.

    Sin perjuicio de que el slogan inventado por Parra -“La izquierda y la derecha unidas, jamás seran vencidas”-, haya resultado premonitorio del Cogobierno Alianza-Concertacion que se nos ha impuesto a partir de 1990 gracias al antidemocratico sistema binominal, tengo la esperanza de que los ciudadanos terminemos haciendo propio aquel otro de nuestros hermanos de allende los Andes -“¡que se vayan todos!”-, dando lugar a una Asamblea Constituyente que elabore una nueva Constitución, legítima en su origen y democrática en su contenido, como ya lo aprobó por unanimidad el último Congreso Ideológico de la DC, con firme apoyo del ex Presidente Frei. Rafael Enrique Cárdenas Ortega.

  • Me parece una buena nota, por su claridad…. es algo que queremos ver pronto cambiado. !!!!

    Me permito agregar: que si queremos todos los chilenos una profundización de la democracia y dar mayor estabilidad, seguridad al sistema y a todos los chilenos, es muy adecuado pensar en mecanismos o dispositivos que a nivel Constitucional y legal nos garanticen cristalinidad y uso adecuado de los recursos públicos, además que garanticen por siempre una redistribución de los mismos y podamos superar esta repetición constante de maltrato, corrupción y defraudación que vivimos desde años. Somos testigod todos los chilenos de que nuestra organización estatal dejó de defender valores entrañables, dejó de preocuparse por los chilenos y su bienestar para convertirse en una MAQUINARIA DE GOBIERNO ,que solo vela y verifica la relación de coherencia con un sistema normativo cuyas fallas y vacíos todos padecemos. Nuestra democracia redudida a MAQUINARIA PROCESAL nos despoja de nuestra ciudad política, de nuestra iniciativa y capacidad de aportar críticas y nos despoja de nuestra libertad y nos priva de poder hacer de nuestra nación un verdadero lugar de construcción común. Todos vivenciamos este tenebroso modo en que fué cambiando nuestra democracia, hasta quedar reducida a una mera MAQUINARIA PROCESAL DONDE LO QUE VALE ES QUE EL PROCEDIMIENTO SEA COINCIDENTE CON EL SISTEMA NORMATIVO….. ES DECIR QUE EL “PROCEDIMIENTO DEMOCRATICO SE CUMPLA”…. UN MERO FORMALISMO QUE HAY QUE CUMPLIR A RAJATABLA … !!!! De un cuasi Estado de Derecho pasamos a mantener un Estado de Capricho comandado por la corporación de partidos políticos que se granjean todos los medios para sostenerse en el poder, cueste lo que cueste. Incluso a fuerza de asfixiar a la sociedad civil con brutales presiones fiscales cuyos réditos van a filtrarse misteriosamente en la oscuridad del aparato estatal. Ni hablar de servicios públicos o prestaciones públicas que son las mínimas y necesarias para la mejor calidad de vida de todos los chilenos: como un sistema de Salud estatal de primer orden y una Educación estatal y Seguridad Social estatal (sist. de Jubilaciones) ……pues hoy más que nunca cabe plantearse si esta “racionalidad” tan precisa del sistema económico mundial no nos precipitará nuevamente (no se sabe cuándo ) a todos en este abismo donde hemos descarrilado….. y donde misteriosamente van a parar todos nuestros ahorros y recursos….. Esto no pudo ser limitado adecuadamente por la normativa internacional de Basilea que regula las entidades financieras a nivel internacional. Evidentemente soy un afirmador de necesidad urgente de LIMITAR ADECUADAMENTE POR MEDIO DE NORMAS TODA LA ACTIVIDAD QUE PONGA EN RIESGO el futuro de los implicados, su vida en todo sentido: emocional y espectativas de mejor situación, su patrimonio y seguridad, etc. Otra necesidad imperiosa es la de LIMITAR EL EJERCICIO DEL PODER PUBLICO CONCRETADO EN LA ORGANIZACIÓN ESTATAL QUE PADECEMOS POR LOS RESIDUOS DE MONARQUIA que aun reaparecen. Demasiado espacio dejado a la discresionalidad de los indivuduos-órganos (funcionarios/empleados públicos) y si a ésto sumamos la precaria regulación de las competencias otorgadas por las normas en muchos casos, vemos que el panorama actual de la regulación operativa de la organización estatal deja mucho que desear. NO DEJO DE PRECISAR EL CARACTER DE URGENTE QUE TIENE LA GARANTIA QUE HA DE ASUMIR EL ESTADO HOY: UN ESTADO DE REDISTRIBUCION Y PRESTACIONES “GARANTIZADAS”. (establ. porcentajes min. del presup.asignados a dif. áreas: inmodificables por ley común) Todo el flujo de dinero dentro del aparato estatal se tiene que garantizar y controlar adecuadamente con mecanismos de cristalinidad adecuados. La marea ascendente de la centralización nos depositó en este lugar poco grato y en posición de desventaja y grave riesgo para los individuos, sus patrimonios y futuro , prácticamente hemos sido dejados al desamparo y desolación total. No sé por qué …..si al fin sostenemos un aparato estatal regordete que engorda día a día y no invita al festín a todos o no retorna a la sociedad casi nada: ni bienes y servicios (solo una nímia seguridad pública de policía, porque hasta la seguridad se privatizó y desapareció) . Además tenemos una tarea pendiente con la DESENTRALIZACION DEL PODER PÚBLICO con base territorial.

    De modo que más que “amarras que calmen la bestia del populismo”, en rigor necesitamos urgente amarras que calmen y LIMITEN ADECUADAMENTE las bestias que ocupan funciones públicas, ya sean meros representantes o empleados y funcionarios públicos. Y ESTO PARA SEGURIDAD Y TRANQUILIDAD DE TODOS LOS CHILENOS Y LAS GENERACIONES QUE VENGAN LUEGO NOS LO AGRADECERÁN.

    Carlo

  • Estimado Ernesto, excelente columna. Un muy lúcido análisis.

    Evidentemente el sistema binominal ha quedado a trasmano del contexto histórico que posibilitó su creación.

    Saludos y felicitaciones nuevamente.

  • no podemos llamar fraude electoral , a un sistema que permite la equidad dentro del congreso , y que de alguna forma mantiene un equilibrio en el poder legislativo… necesitamos que las dos coaliciones esten presentes dentro de esta entidad, y solo el sistema binominal puede proporcionar esto … incluso podriamos consisderarlo un APORTE A LA DEMOCRACIA

  • […] propósito del affaire Girardi, acá está un artículo de la bóveda de DLR explicando con más detalle la importancia de cambiar el binominal. La cita […]

  • perdonen mi ignorancia pero ¿que es lo que impide la modificación o eliminación del sistema binominal?

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